Cuba. La Europa decadente y ultra-derechista, votó sanciones contra la dirección revolucionaria y el pueblo cubano
Por Carlos Aznárez, Resumen Latinoamericano.
En una resolución de claro contenido macartista, aprobada por 283 votos a favor, 199 en contra y 85 abstenciones, los eurodiputados afirman que, «tras cinco décadas de régimen comunista, Cuba está a punto de convertirse en un estado fallido». Y como síntesis de un mal panfleto elaborado en usinas de extrema derecha, solicitan romper todos los acuerdos que tiene la UE con la Isla.
Vaya descaro el de los «hijos de Trump» en la colonial UE, que ahora destacan, con una impunidad sin límites, que «en la actual emergencia humanitaria, el 89% de las familias vive en una situación de pobreza extrema, y concluyen su montaje afirmando que esto «no es el resultado de ningún embargo externo, sino la consecuencia directa del propio modelo y los fallos del régimen». Y lo determinan, como si 66 años de bloqueo, sanciones de todo tipo, ataques terroristas y una campaña de ataques mediáticos que pocos soportarían, no hubieran existido
Tal miserabilidad europea, proviene de países que han practicado y practican masacres, despojos, tormentos, genocidios, a lo largo de toda su existencia, contra pueblos del Tercer Mundo. Son naciones surcadas por la xenofobia y el racismo, gobiernos y presidentes corruptos, saqueadores y herederos de aquellos conquistadores que asesinaron a millones de habitantes de comunidades originarias. Ellos, con total impunidad, se jactan de hablar de Cuba revolucionaria, de su pueblo heroico y de dirigentes como Raúl y Díaz Canel (al que también han sancionado), a los que estos mandamases de la UE deberían agradecerles eternamente por toda la solidaridad compartida por la Revolución en tiempos difíciles, donde los gobiernos europeos no sabían encontrar soluciones. Tuvo que ser el pueblo cubano, con gestos y prácticas de colaboración humanitaria que acudieron desinteresadamente a ayudar en cualquier continente, frente a catástrofes climáticas o pandemias. Solo basta recordar las «brigadas de batas blancas», que llevaron a Italia a médicos cubanos para paliar las consecuencias del Covid, con su labor humanitaria. Esa Italia que como otros países, siguen bloqueando a Cuba.
Eurodiputados que cobran sueldos millonarios, que sufren la peor de las enfermedades, que es la insensibilidad, ahora hablan de «presos políticos» y de la «represión brutal» cubana. Llegan incluso a mencionar que «el régimen tortura y asesina». Justamente ellos, en cuyos países se aplica la tortura como algo natural, que promueven sociedades militarizadas, que envían a la cárcel a todos aquellos que disienten del pensamiento «oficial», que censuran noticias, informes o análisis que cuestionan su voracidad por más capitalismo, o que son repetidores seriales de los crímenes que produce el imperialismo en cualquier punto del planeta. Ni qué hablar, como estos mismos «sancionadores» cumplen con el mandato de la entidad sionista y persiguen a militantes internacionalistas, denunciantes de las barbaridades cometidas a diario contra Palestina ocupada, Líbano, Siria y otros países de Asia Occidental. Amigos de Israel, al que le envían dinero, le venden armas para seguir asesinando a miles de niños y niñas, o a periodistas como los 300 ultimados en Gaza, estos eurodiputados y sus gobiernos, buscan hacer desaparecer a Cuba, por el enorme ejemplo que representa.
Ellos, en su afán de seguir asfixiando a Cuba no ahorran palabras ni acciones para cumplir con el deseo enfermizo de Marco Rubio o de Trump, a la sazón los grandes perdedores de la gesta inocultable llevada a cabo por la Nación Islámica iraní, que les infligió una derrota en toda línea: política, militar y diplomática.
Por eso, actúan por revanchismo, como lo han hecho siempre con los pueblos que no se les someten. Pero no se dan cuenta que por más mentiras que pongan a circular, o generando campañas de matriz típicamente USA, no pueden engañar a todo el mundo. Cuba es Patria rebelde, y Patria es Humanidad, al decir de ese gran combatiente que fue José Martí.
Frente a las sanciones de ayer y la furibunda arremetida imperialista de hoy, la Isla de la Dignidad no levantará jamás bandera blanca, porque su existencia representa un faro inapagable para los oprimidos, para los que luchan por soberanía, por la independencia y la libertad, para todas y todos aquellos que crecieron con las enseñanzas revolucionarias de Fidel, de Raúl, del Che, de Vilma, Haydée y Celia. Ese capital no es monetario sino de coraje y proyección de rebeldía, y es el que han tomado en sus manos las nuevas generaciones de luchadores y luchadoras cubanas, jóvenes que no dudan en gritarle al mundo que defender a Cuba es una cuestión de «Patria o Muerte». Ni más, ni menos.
Tomado de Resumen Latinoamericano Argentina.

