Entrevista del Canciller de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, al podcast Cuba Analysis
HELEN YAFFE: Bienvenidos al podcast Cuba Análisis. Nos complace estar aquí con usted, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez. Ministro, gracias por dedicarnos parte de su apretadísima agenda para conversar hoy con nosotros.
BRP: Gracias. Muchas gracias. Es un placer.
HELEN YAFFE: Ministro, antes de hablar de política internacional, quisiera referirme a usted. Lleva casi dos décadas al frente de la diplomacia cubana y ha representado a Cuba en uno de los momentos más complejos de su historia reciente. ¿Qué ha significado para usted representar a su país durante tantos años?
BRP: Ha sido demasiado tiempo. Han sido muchos años. En realidad, lamentablemente, ha habido determinadas circunstancias —no solo desde mi punto de vista personal—: fui designado para este cargo y desde entonces he continuado desempeñándolo. Por fortuna, los principios de la política exterior de la República de Cuba, su tradición y sus elementos fundacionales coinciden con las orientaciones impartidas por el Parlamento cubano, el presidente de la República y el Gobierno para llevarlos a la práctica; y coinciden también con mis convicciones más profundas.
Cuando uno siente que las instrucciones recibidas coinciden con sus convicciones personales, todo resulta más fácil. Ese es un rasgo de la diplomacia revolucionaria cubana.
HELEN YAFFE: Gracias. Si pudiera dejar a un lado, por un momento, el lenguaje diplomático y hablar sencillamente como ciudadano cubano, ¿cómo explicaría, de la manera más simple posible, qué significa vivir bajo un bloqueo económico durante más de sesenta años?
BRP: Puedo hacerlo con mucha facilidad, porque en la diplomacia cubana encontrará raíces muy profundas en el pueblo. Los familiares de los diplomáticos cubanos viven en las mismas condiciones que nuestro pueblo, y yo también he vivido bajo los efectos del bloqueo.
Mi hijo, que tiene 36 años, nació bajo el bloqueo; estamos hablando de generaciones diferentes. El país ha sufrido impactos extraordinarios como consecuencia del bloqueo, por ejemplo durante la década de 1990, que usted conoce muy bien. Pero no cabe duda de que, desde 2019 —y particularmente después de las órdenes ejecutivas adoptadas en enero y mayo—, se produjo un cambio cualitativo en su impacto, que causa sufrimientos y penurias a todos y cada uno de los cubanos. Las privaciones son extremas y forman parte de este mecanismo coercitivo, que constituye un castigo colectivo.
HELEN YAFFE: Hablaremos de ello más adelante, pero la segunda parte de la pregunta es esta: ¿qué responde a quienes afirman que las dificultades de Cuba son consecuencia de su sistema político y de la ineficiencia de sus dirigentes?
BRP: Mienten. Mienten sistemáticamente. A lo largo de estas seis décadas se han esgrimido distintos pretextos para tratar de justificar un acto calificado como genocidio por las convenciones internacionales y el derecho internacional. Pero resulta extremadamente cínico pretender atribuir al Gobierno o al orden constitucional —libremente escogido por el pueblo cubano mediante varios referendos— las consecuencias de un bloqueo extremo que incluye actos propios de un período de guerra o equivalentes a un bloqueo naval. Tal es el caso, en estos momentos, del cerco al combustible, contrario a las normas internacionales y al comercio internacional, y de la intimidación a las compañías navieras que transportan mercancías hacia Cuba.
Ahora mismo hay más de 7.000 contenedores, principalmente con medicamentos y dispositivos médicos, que no pueden llegar a Cuba debido a ese efecto intimidatorio. Hay contenedores varados en puertos cercanos de la región que no logran llegar al país. Pero lo peor son las gravísimas consecuencias humanitarias. Quizá el dato más doloroso sea la duplicación de la tasa de mortalidad infantil por cada mil nacidos vivos como resultado del impacto del bloqueo, a pesar de que contamos con un sistema de salud reconocido.
Sin embargo, el Gobierno estadounidense y el Departamento de Estado ni siquiera abordan este asunto, como si se tratara de «daños colaterales», concepto inaceptable y criminal, porque las consecuencias humanitarias provocadas por estas medidas de bloqueo forman parte de un diseño deliberado y fríamente calculado. El secretario de Estado, que ha mentido en numerosas ocasiones al afirmar que el bloqueo o el cerco al combustible no existen, ha declarado recientemente que el Gobierno cubano podría encontrar alguna salida a la asfixia provocada por las condiciones extremas del bloqueo.
Es, por tanto, notoriamente perverso provocar estas circunstancias y luego tratar de responsabilizar a nuestro Gobierno y a nuestro pueblo por sus terribles consecuencias humanitarias.
HELEN YAFFE: Cada año, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, casi todos los países del mundo votan contra el bloqueo estadounidense a Cuba. Después de cada votación hemos visto a decenas de diplomáticos acercarse a los representantes cubanos para saludarlos. ¿De qué hablan con ellos fuera de los micrófonos? ¿Por qué la oposición de esos países al bloqueo estadounidense no les permite ignorar las sanciones unilaterales de Estados Unidos?
BRP: Existe un criterio internacional bien establecido, expresado no solo en la votación anual de la resolución que reclama a Estados Unidos el cese incondicional de la aplicación del bloqueo. En todo el planeta —y dentro de los propios Estados Unidos— hay numerosas manifestaciones de rechazo a esta política de hostilidad y bloqueo.
Es significativo que la mayoría de los ciudadanos estadounidenses se oponga a la aplicación del bloqueo. Según estudios realizados en julio en las redes digitales, solo una minoría apoya el cerco energético. En las Naciones Unidas, y no únicamente en lo referido al bloqueo, la delegación cubana debe asumir a veces la enorme responsabilidad de convertirse, de algún modo, en portavoz del Sur Global. Cuba puede hablar con absoluta libertad, aplicar una política exterior totalmente independiente y, con frecuencia, es reconocida por expresar de manera directa asuntos que también preocupan a la mayoría de los miembros de la ONU.
Así ocurre en momentos como este, o como sucedió en julio pasado, cuando el tema se examinó fuera del calendario ordinario. Existe un reconocimiento mundial consolidado de que la política de bloqueo es ilegal y criminal; tiene un impacto genocida sobre el pueblo cubano; constituye un acto de castigo colectivo; viola el derecho internacional, incluido el derecho internacional humanitario; es obsoleta y está anclada en la lógica de la Guerra Fría; y contraviene la voluntad de la opinión pública, de los contribuyentes estadounidenses y de los cubanos residentes en Estados Unidos.
Además, tiene un marcado alcance extraterritorial y perjudica la soberanía y la independencia de todos los Estados, sin excepción. No solo afecta los verdaderos intereses nacionales de Estados Unidos, sino también los intereses de todas las naciones y empresas. Desde muy temprano, la Unión Europea adoptó un conjunto de normas que obligaría a sus gobiernos a proteger los intereses de sus empresas frente a la aplicación unilateral de leyes estadounidenses o la extensión de la jurisdicción de los tribunales de Estados Unidos fuera de sus fronteras.
Sin embargo, esas normas no se aplican con suficiente determinación. Los gobiernos europeos —que conforman una comunidad de peso internacional— aplican débilmente las leyes de bloqueo o «antídoto» que aprobaron y defienden con timidez sus intereses frente a sus competidores. A mi juicio, lo más grave es que Cuba no es solo depositaria de un valor simbólico: se encuentra en una encrucijada internacional relacionada con el propio orden mundial.
Si se permite que una superpotencia bloquee e intente destruir a una pequeña nación soberana para cambiar su sistema político, se estarían creando las condiciones para que lo mismo ocurra contra cualquier Estado del mundo.
HELEN YAFFE: Como señaló al comienzo, desde principios de 2026 Trump ha emitido dos órdenes ejecutivas que designan a Cuba como una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y ha impuesto, de facto, un bloqueo petrolero. ¿Cómo explica este aumento de la agresividad contra Cuba desde 2026?
BRP: Habría que preguntárselo al Gobierno de Estados Unidos, que utiliza pretextos y mentiras para tratar de justificar esa acción. Pero, si se considera la enorme gravedad del impacto económico, no sería serio creer que una isla de estas dimensiones pueda constituir una amenaza para la mayor potencia militar del mundo.
Lo cierto es que Cuba no amenaza la seguridad nacional ni la economía de Estados Unidos, ni desea hacerlo. Existen vínculos culturales y de muy diversa índole, muy profundos, entre los pueblos cubano y estadounidense. No obstante, esta Administración necesita desesperadamente justificar la política atroz que aplica contra nuestro país. La acusación de que Cuba supuestamente patrocina el terrorismo revela, en realidad, la falta de seriedad del Gobierno estadounidense.
Un presidente adopta una decisión; el presidente siguiente la revierte y retira esa designación; después, otro mandatario, en sus primeros días en la Casa Blanca, vuelve a imponerla. Por tanto, no es el resultado de consultas interinstitucionales ni del examen de prueba sólida alguna.
No se trata únicamente de un pretexto engañoso: tiene consecuencias muy graves para la política y la seguridad nacional de Cuba, además de un serio impacto humanitario. El mundo entero ha reconocido la falsedad de esa acusación, que tampoco contribuye al interés nacional de Estados Unidos. Nosotros aspiramos a una relación normal, basada en la buena vecindad y el comercio con el país vecino.
En cuanto al impacto económico y social de estas medidas —por ejemplo, sobre el comercio internacional y el sistema de salud—, no se trata de una sola medida, sino de un conjunto de acciones ofensivas y coercitivas. A ello se suma una acumulación histórica que ha ocasionado enormes daños a una economía del tamaño de la cubana. Desde el segundo semestre de 2019 hemos visto un endurecimiento extremo de esas acciones, aunque muchas ya se habían adoptado con anterioridad.
Incluso durante la pandemia de COVID-19, cuando el Gobierno estadounidense flexibilizó varias sanciones respecto de prácticamente todos los países, impuso medidas adicionales contra Cuba. Entre ellas estuvo obstaculizar la adquisición de ventiladores pulmonares y oxígeno medicinal. Lo vimos como una actuación oportunista destinada a recrudecer esa política.
El año 2026 marca otro punto de inflexión. Se ha impuesto un cerco petrolero equiparable a un bloqueo naval, cuyo objetivo es impedir la llegada de petróleo a Cuba; en cierto momento, incluso estuvo acompañado por la presencia de buques militares y un despliegue militar en el Caribe.
Si Cuba pudiera recibir una cantidad mínima de petróleo, los cortes de electricidad podrían reducirse a una o dos horas diarias y el abastecimiento de agua mejoraría enormemente. He visto fotografías —y las he mostrado en la ONU— de una operación quirúrgica realizada a la luz de los teléfonos celulares de los médicos.
La situación alimentaria sería totalmente distinta. Han mentido de manera sistemática, en particular el secretario de Estado, al decir que Cuba recibía petróleo gratis. Eso es completamente falso. Cuba recibe petróleo en condiciones normales de comercio internacional: en algunos casos sobre la base de la exportación de servicios médicos y, en otros, comprándolo, incluso en condiciones más desfavorables como consecuencia de la hostilidad estadounidense.
La verdad es que el cerco petrolero tiene consecuencias gravísimas para nuestro pueblo y nuestra economía. A ello se suman medidas directas para impedir la llegada de buques mercantes con destino a Cuba que transportan no solo combustible, sino también otros productos. Muchos de esos productos fueron comprados y pagados por pequeñas y medianas empresas privadas cubanas. Las navieras que debían transportarlos incumplen de manera flagrante los contratos y compromisos asumidos tras recibir el pago correspondiente. La no llegada de esos contenedores tiene, naturalmente, consecuencias directas sobre la situación humanitaria del país.
HELEN YAFFE: El Gobierno de Estados Unidos ha amenazado con atacar militarmente a Cuba. ¿Se trata de una guerra simbólica o considera que realmente están preparando una agresión militar?
BRP: Es una amenaza que nos tomamos muy en serio, muy en serio. Habría que preguntarse qué ocurriría con el actual orden internacional si se permitiera que una superpotencia —una potencia nuclear— atacara a una pequeña isla para cambiar su sistema político.
En segundo lugar, no se trata solo de retórica. Dirigentes estadounidenses, el secretario de Estado y otras figuras de la Administración han hablado públicamente y de manera constante sobre una acción militar contra Cuba. Afirman que un ataque militar figura entre las opciones, que está «sobre la mesa», a la espera de una decisión. Aunque existe un componente de propaganda y guerra psicológica, es público y notorio que se realizan preparativos reales para ejecutar un ataque militar contra Cuba.
Nuestro pueblo defendería, sin duda, hasta las últimas consecuencias la independencia, la soberanía y la integridad territorial de la patria. Sería una acción trágica que causaría la pérdida de vidas cubanas y de jóvenes estadounidenses enviados a una guerra que nada tiene que ver con ellos. Sería un baño de sangre y, al mismo tiempo, generaría inestabilidad regional. Estados Unidos nunca alcanzaría el objetivo de ocupar y «pacificar» nuestro país —una meta imposible, como han reconocido muchos analistas y académicos—, pero provocaría inestabilidad en toda la región del Caribe, en las rutas comerciales, en los corredores aéreos y en los países vecinos de Cuba, que no son únicamente Estados Unidos.
El Gobierno estadounidense asumiría entonces una responsabilidad criminal y genocida. Sufriría un descrédito enorme y profundizaría el aislamiento internacional que ya padece como consecuencia de su política de bloqueo y su política criminal contra nuestro país. Con gran realismo, nos preparamos para defender la nación, como dicta nuestra tradición, y esperamos que esto nunca ocurra.
Trabajamos intensamente y hacemos todo lo posible para evitar cualquier pretexto o excusa, y para no crear condiciones que conduzcan a una escalada bilateral con Estados Unidos. Pero, al mismo tiempo, hemos dicho que defenderemos con firmeza nuestra libre determinación y nuestra independencia.
Eso también interesa a las Naciones Unidas, a su Consejo de Seguridad y a la Asamblea General, que se reunió el 7 de julio. Representantes de todas las regiones pronunciaron numerosos discursos y declaraciones contra una aventura militar en Cuba y exigieron el fin del cerco energético y de la persecución a las compañías navieras vinculadas con el país.
Estoy convencido de que la humanidad necesita un consenso amplio de voluntades —de fuerzas políticas, gobiernos y naciones— para detener el deterioro del orden internacional, que conduce al mundo hacia una situación que la humanidad creyó superada hace muchos años: la conquista, el saqueo y la proliferación de armas extremadamente letales; también el desarrollo de la carrera armamentista a costa de los intereses de todos los pueblos.
A ello se suma el proyecto de extender esa carrera armamentista al espacio ultraterrestre y el peligro de un invierno nuclear, que podría desencadenarse con la explosión de apenas un centenar de ojivas. Estoy convencido de que las organizaciones internacionales, las fuerzas políticas, los gobiernos y parlamentos, los movimientos populares y las organizaciones de la sociedad civil se articularán para detener este camino, que pone en peligro la propia existencia de la vida humana en el planeta.
Cuba se ha convertido, pese a ser una isla pequeña, en una suerte de símbolo. La historia la convirtió en un símbolo internacional de independencia, de rebeldía frente a la opresión y la injusticia, y también de solidaridad. Decenas y decenas de países recibieron solidaridad cubana durante la pandemia de COVID-19, entre ellos Italia y Angola.
Creemos que Cuba no está sola, que la causa cubana despierta una gran solidaridad internacional. Confiamos en que la comunidad internacional impedirá cualquier aventura militar contra Cuba y obligará a poner fin a políticas que también ocasionan muerte —políticas que también matan, aunque no sean bombas—, como el brutal cerco energético o la prohibición de que lleguen al país bienes esenciales.
HELEN YAFFE: El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ha sido recientemente uno de los principales promotores de una política más dura hacia Cuba y, según Axios, ha abordado mecanismos para agravar la situación. Al mismo tiempo, se afirma que el Gobierno estadounidense ha proporcionado 100 millones de dólares en asistencia humanitaria al pueblo cubano, mientras Cuba calcula que el bloqueo cuesta entre 7.000 y 8.000 millones de dólares al año. ¿Podría comentar estas posiciones contradictorias?
BRP: El bloqueo contra Cuba representa más de 900 millones de dólares diarios.
Si revisa las declaraciones recientes de ese mismo secretario de Estado, verá que también ha afirmado que el cerco al combustible no existe. Resulta curioso, porque incluso ha sostenido lo contrario de lo declarado por el presidente de Estados Unidos y otros funcionarios. ¿Quién podría beneficiarse de la destrucción de la economía cubana, de la destrucción de nuestro país? Nadie, salvo un pequeño grupo de políticos corruptos asentados principalmente en el sur de Florida, movidos por un afán de revancha contra la Revolución cubana.
Han heredado las ideas y los agravios de quienes sirvieron a la sangrienta dictadura de Batista, saquearon los fondos públicos y se beneficiaron de la corrupción de aquella época; una emigración integrada por numerosos criminales de guerra que invocan la revancha para devolver a nuestro país a la realidad anterior a 1959. Ellos representan las posiciones más radicales y extremas; son quienes más presionan a favor de una aventura militar contra Cuba, sin pensar en sus terribles consecuencias.
Hay políticos estadounidenses que desean erradicar el carácter alternativo que representa el ejemplo histórico de Cuba frente al capitalismo salvaje, al neoliberalismo más ortodoxo y a las tendencias fascistas y neofascistas que se han afianzado en estos tiempos. Se oponen a un modelo alternativo. Es la política que han seguido con otros países, porque Cuba defiende la pluralidad de culturas, ideas y modelos políticos, de acuerdo con las circunstancias históricas y con el derecho de los pueblos a la libre determinación.
Pero solo esa pequeña camarilla podría beneficiarse de la política actual de la Administración estadounidense, de una escalada o del agravamiento del conflicto bilateral. Lo que verdaderamente conviene al pueblo estadounidense, a los contribuyentes y a quienes eligen a los gobiernos es avanzar hacia la normalización de las relaciones, sobre la base de la eliminación del bloqueo y de las amenazas contra nuestro país.
Cuba ha brindado una importante contribución humanitaria internacional y continúa ofreciendo cooperación médica en distintas regiones del mundo. Probablemente seamos el país que más cooperación médica internacional aporta en las condiciones de la cooperación Sur-Sur. Esa cooperación también ha sido perseguida de manera atroz. Cuba, a su vez, ha aceptado cooperación y asistencia internacionales, que nuestro pueblo necesita mucho en las circunstancias tan difíciles que enfrenta.
En cuanto al anuncio de 100 millones de dólares de asistencia, cuando se mencionó por primera vez en la Santa Sede esa ayuda no existía. Ni las iglesias cubanas ni el Gobierno habían sido contactados al respecto, aunque en la Santa Sede se afirmó que Cuba la había recibido.
Antes se había ofrecido una ayuda de tres millones de dólares, que sí se materializó, pero solo alcanzó para aliviar la situación de un número muy limitado de familias cubanas, porque estamos hablando de una población numerosa. Después se ofrecieron nueve millones; luego se dijo que serían seis millones, y ese monto apenas se ha ejecutado. Solo se ha materializado una pequeña parte.
De los 100 millones anunciados, lo recibido apenas ha alcanzado para unas 700 familias. Es una ayuda pequeña, limitada a ese reducido número de hogares. Los asuntos humanitarios —y mucho menos la asistencia humanitaria— no deberían utilizarse con fines políticos ni para generar manipulaciones. Sin embargo, nuestro Gobierno, junto con las iglesias cubanas, sigue dispuesto a facilitar la recepción de esa ayuda en beneficio del pueblo cubano.
HELEN YAFFE: Volviendo brevemente al tema de Marco Rubio: si él viajara a Cuba, ¿estaría usted dispuesto a sentarse a conversar con él?
BRP: Esa es una pregunta hipotética. Es una pregunta hipotética, y resulta difícil responder preguntas hipotéticas.
HELEN YAFFE: De acuerdo. El Departamento de Estado publicó recientemente un informe titulado «Cuba, la capital del comunismo del siglo XXI», en el que describe al país como una fuerza subversiva mundial que durante décadas ha guiado a la izquierda en Estados Unidos y en el mundo. El informe aparece en el contexto de la reactivación de la Doctrina Monroe y de la elección de numerosos gobiernos de derecha en América Latina; varios de ellos han roto relaciones diplomáticas con Cuba. ¿Qué impacto tiene para Cuba y para la región este giro a la derecha? ¿Cómo responde al informe del Departamento de Estado?
BRP: Es difícil dar una respuesta seria a un documento que carece de seriedad. Me encantaría saber qué aplicación de inteligencia artificial se utilizó para redactarlo.
Leí casi sus cien páginas y me costó un esfuerzo enorme llegar al final, porque combina mentiras, afirmaciones falsas y manipulaciones, todo ello con una falta de rigor extraordinaria. Estoy convencido de que los diplomáticos serios y profesionales del Departamento de Estado sentirán vergüenza al ver publicado semejante libelo. Muchos organismos internacionales se asombrarían ante las falsedades contenidas en el informe, en medio de las declaraciones oficiales de la Administración estadounidense y en el contexto del orden internacional y de las directrices de su estrategia de seguridad y defensa nacional acerca de sus competidores o adversarios estratégicos.
Presentan a Cuba como el origen de todos los males y, además, como una nación con capacidad para provocarlos. Eso no permite sostener una conversación seria. Sin embargo, durante el macartismo, en los procesos que condujeron a la Segunda Guerra Mundial y en el surgimiento del fascismo se dijeron absurdos semejantes, y hubo personas que los creyeron.
A comienzos de la década de 1960, una operación de la CIA difundió la mentira de que el Estado cubano eliminaría la patria potestad de los padres sobre sus hijos. Como resultado, unos 14.000 niños fueron enviados a Estados Unidos, a hogares de acogida y orfanatos, sobre la base de una falsedad absurda. Pero hubo quienes la creyeron.
Por eso no podemos subestimar el enfoque beligerante de la Administración estadounidense, que se apoya en su control de enormes plataformas tecnológicas. Hoy esas plataformas influyen de manera extraordinaria no solo en la información, sino también en la conducta y en la capacidad de pensamiento crítico de las personas en todo el mundo. He dicho que, si los jóvenes y los ciudadanos estadounidenses recibieran por sí mismos más información y una información más precisa, se opondrían a las políticas atroces que su Gobierno aplica contra Cuba.
Rechazo por completo las afirmaciones del informe. Detrás de él hay un propósito muy grave: justificar una agresión militar contra Cuba; intentar legitimar el castigo colectivo y el crimen de genocidio; y recurrir a la represión contra organizaciones de la sociedad civil estadounidense, algunas de las cuales han expresado solidaridad con Cuba y otras han organizado viajes a nuestro país.
Se trata, por tanto, de una política esencialmente represiva contra las libertades civiles y los derechos humanos. El Gobierno estadounidense no solo impide que sus ciudadanos viajen a Cuba, sino que atropella su libertad de viajar, por no hablar de la reciente represión contra las universidades y contra determinadas ideas de sectores ilustrados.
Es un informe mendaz y ridículo. No obstante, debemos tomar muy en serio los objetivos que persigue, entre ellos el racismo y la xenofobia más profundos; la persecución de inmigrantes y jóvenes por fuerzas de extrema derecha; y la ofensiva contra las tendencias progresistas y contra el propio pueblo estadounidense, como parte de una política regresiva y macartista.
Es cierto que la historia avanza y retrocede en una suerte de espiral, y que debemos analizar estos acontecimientos con sentido histórico y enfoque dialéctico. Pero nunca podemos subestimar la acumulación favorable a los movimientos progresistas y sociales, contrarios a la globalización neoliberal y partidarios de transformar formas de producción y consumo que hoy son insostenibles e irracionales y ponen en peligro la existencia misma en el planeta.
Estos giros a la derecha se producen en determinados momentos, pero soy optimista: creo que existe una acumulación histórica favorable. En cualquier circunstancia, Cuba ha mantenido relaciones muy profundas —esencialmente culturales y afectivas— con todos los pueblos de América Latina y el Caribe. Ninguna coyuntura política ni ningún gobierno —todos los gobiernos son efímeros— podrá romper esos vínculos. Los pueblos comprenderán muy pronto que los gobiernos neoliberales de extrema derecha han abolido conquistas sociales logradas anteriormente y que habrá que recuperarlas.
Confiamos en que nuestros vínculos con todos los países de América Latina y el Caribe, y también con la mayoría de sus gobiernos, continuarán desarrollándose. Hay países con los que Cuba ha mantenido históricamente relaciones muy intensas. Asimismo, Cuba posee vínculos culturales profundos con el pueblo estadounidense, y eso tampoco puede ignorarse.
Algunos gobiernos de derecha, que han actuado subordinados a la actual Administración estadounidense y en contra de su propia tradición e historia, así como de las aspiraciones y sentimientos de sus pueblos, pasarán a la historia y nadie los recordará.
HELEN YAFFE: Cuando hablamos del bloqueo solemos pensar en los costos para Cuba. Sin embargo, también existen medidas contra el pueblo estadounidense y pérdidas para Estados Unidos. ¿Podría referirse a ellas?
BRP: Como mencioné antes, el bloqueo contra Cuba afecta los intereses de todos, porque vulnera la igualdad soberana de los Estados y lesiona la independencia de los ciudadanos estadounidenses. Están en juego los intereses nacionales de todos los países, sin excepción: se perjudica a sus empresarios, a sus distintos sectores culturales y científicos, y también se les ocasionan daños económicos.
El Gobierno de Estados Unidos recurre con frecuencia a medidas coercitivas contra otros Estados, al tiempo que preserva para sí la posibilidad de desarrollar intercambios económicos con el país al que supuestamente pretende impedir que mantenga relaciones con terceros. Es algo muy revelador. En el caso de Europa —por ejemplo, en materia de gas, combustible y otros ámbitos—, Estados Unidos ha tratado de aprovechar y explotar las circunstancias geopolíticas para imponer a los gobiernos y pueblos europeos condiciones verdaderamente onerosas. Lo mismo ha ocurrido con los aranceles y otros asuntos.
Diría que el bloqueo provoca a cada nación un daño político y ético, además de un perjuicio desde la perspectiva del derecho internacional y del derecho interno. Pretender imponer a otros países decisiones de tribunales estadounidenses que carecen de jurisdicción sobre ellos, o someter a empresas y personas de terceros países a leyes estadounidenses de alcance extraterritorial, causa daños reales a esas naciones.
En segundo lugar, tanto en Estados Unidos como en muchos otros países, se priva a las personas de determinados avances científicos que, con toda modestia, afirmamos que son singulares de Cuba. Es el caso, por ejemplo, de vacunas terapéuticas contra el cáncer, nuevos medicamentos y terapias para las úlceras del pie diabético, y tratamientos para enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer.
¿Por qué los ciudadanos estadounidenses no pueden beneficiarse de esas terapias, que serían mucho más económicas que las aplicadas en Estados Unidos? La persecución de la cooperación médica internacional cubana pretende privar de esa asistencia tanto a países desarrollados como a países del Sur Global, incluso en lugares remotos donde los únicos servicios médicos disponibles son los que prestan los profesionales cubanos.
Cuba posee una de las industrias más modernas y competitivas del mundo en tecnologías biomédicas y farmacéuticas. ¿Cuántos países pudieron producir sus propias vacunas contra la COVID-19? Cuba, en un tiempo récord y con recursos mínimos, logró desarrollar hasta cinco vacunas.
Sin embargo, hoy se hostiga a filiales de empresas estadounidenses, en este y otros sectores, cuyos productos están registrados en Europa. Después de más de cincuenta años de aplicar una política fracasada, cualquiera pensaría que sería necesario buscar otra, porque la realidad es que la política de hostilidad y bloqueo no ha permitido a Estados Unidos avanzar ni un solo centímetro hacia los objetivos proclamados respecto de Cuba. Por extremas que sean las medidas, no funcionarán.
No acercarán a la actual Administración estadounidense ni a ningún Gobierno futuro a sus propósitos: restablecer la dominación sobre Cuba; devolverla a los peores años del neocolonialismo; entregar el país a las corporaciones estadounidenses, como ocurrió durante medio siglo; o permitir el regreso de las hordas batistianas y de los corruptos establecidos en el sur de Florida.
La Administración estadounidense nunca alcanzará esos objetivos, por mucho que lo intente, aunque tiene la capacidad de provocar daños inmensos, como está haciendo hoy en nuestro país. Algunas administraciones estadounidenses intentaron introducir cambios en las relaciones bilaterales con Cuba. No quisiera mencionar a ningún presidente en particular, pero esas experiencias demostraron, en primer lugar, que es posible avanzar; que es posible aliviar algunas de las medidas más crueles del bloqueo; y que podemos sentarnos a dialogar y encontrar soluciones negociadas a determinados problemas bilaterales.
También demostraron que Cuba y su Gobierno constituyen un interlocutor serio y reconocido, que honra sus compromisos y cumple su palabra, y que el país es un actor internacional responsable. Probaron, además, que existe un amplio consenso tanto entre el pueblo cubano como entre el estadounidense a favor de eliminar la política de bloqueo y privilegiar el diálogo, el comercio y la cooperación, lo cual beneficiaría a ambas naciones.
Hemos reiterado —y reitero ahora— la disposición de Cuba a continuar o reanudar conversaciones con el Gobierno estadounidense sobre las bases elementales establecidas por el derecho internacional: igualdad soberana y en pie de igualdad; respeto mutuo; beneficio recíproco para ambos pueblos; ausencia de injerencia en los asuntos internos de cualquiera de nuestros Estados; y ausencia de condiciones previas.
Las experiencias de décadas anteriores mostraron también que ese enfoque aportó importantes beneficios a la propia Administración estadounidense y a su pueblo. En 2018, por ejemplo, 400.000 ciudadanos estadounidenses y una cifra semejante de cubanos residentes en Estados Unidos visitaron Cuba. Pudieron conocer de primera mano información veraz sobre la realidad cubana. Ello generó un respaldo importante entre el pueblo estadounidense y entre los cubanos residentes en ese país, incluidos quienes viven en el sur de Florida.
Estoy convencido de que ese impulso histórico tendrá efecto. Ganaremos tiempo si ocurre bajo la actual Administración; de lo contrario, sucederá con cualquier otra que defienda una relación civilizada y respetuosa entre ambos pueblos.
HELEN YAFFE: Bien, antes de concluir, ¿hay algo más que desee añadir?
BRP: Bueno, he hablado mucho y ustedes tendrán que editar, porque ha sido una conversación larga.
HELEN YAFFE: Ha sido un honor. Muchísimas gracias.
BRP: El honrado soy yo. Le agradezco mucho su visita y que haya compartido también nuestras privaciones durante estos días; que haya mostrado un interés tan profundo no solo por conocer Cuba, sino por hacer que ciudadanos de todo el mundo —en particular de Europa y de Estados Unidos— reciban información veraz sobre nuestro país, en un momento en que la desinformación gana terreno y comienza a privar a las personas de su capacidad de pensar. Se lo agradezco mucho, y le ruego que me disculpe.
Fuente: Periódico Granma / Foto de portada: Impresión de pantalla.

