El tablero de Ormuz: la jugada maestra de Irán
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No es todos los días que una negociación entre dos países ribereños logra que medio mundo contenga la respiración, pero el anuncio de Teherán y Mascate de que el acuerdo para un paso marítimo seguro por el estrecho de Ormuz ha entrado en su «fase final», no es una noticia menor, es, lisa y llanamente, un movimiento geopolítico.
Irán bloqueó el estrecho el pasado 28 de febrero, impidiendo el tránsito de buques vinculados a Estados Unidos e Israel, tras los ataques conjuntos de ambos países contra territorio iraní y libanés.
Desde entonces, la arteria por la que circula aproximadamente el 30% del petróleo mundial se ha convertido en un campo de batalla, Estados Unidos aplicó un bloqueo naval, y los intercambios de fuego, incluidos ataques a petroleros y portaaviones, son ya moneda corriente. En ese escenario de confrontación directa, la mediación de Omán adquiere una dimensión estratégica difícil de exagerar.
El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, confirmó recientemente que el entendimiento sobre una ruta temporal será registrado ante la Organización Marítima Internacional «en los próximos días».
Pero lo que realmente importa no es solo el papel, sino quién controla los puntos de entrada y salida, esa es la llave y Mohsen Rezaei, secretario del Consejo de Seguridad Nacional iraní, ya lo dejó claro: los accesos al nuevo corredor quedarán bajo control de Teherán
Omán obtiene una ruta segura; Irán obtiene legitimidad internacional para gestionar el tráfico de una de las vías navegables más vitales del planeta.
¿Y Washington? Pues observa desde la barrera, atrapado en su propia contradicción, el bloqueo naval que impuso para asfixiar a Irán ahora podría quedar desbordado por un acuerdo bilateral que Teherán presentará ante la comunidad internacional como una solución de «desescalada».
El portavoz iraní no ha dudado en calificar la inseguridad en la vía marítima como consecuencia directa de la «agresión militar» de Estados Unidos e Israel. Algo que pocos dudan. Dicho de otro modo: ustedes provocaron el caos; nosotros les ofrecemos el orden.
El momento elegido no es casual, mientras la administración Trump mantiene su cerco a puertos y buques iraníes, Irán juega sus cartas con una precisión milimétrica. No pide permiso, crea hechos sobre el terreno, los envuelve en papel de regalo diplomático y los deposita en la OMI, donde el derecho marítimo internacional, y no los portaaviones, dictará las reglas.
Omán, por su parte, sale reforzado como el interlocutor indispensable, un país pequeño que ha logrado sentar a la mesa a las dos potencias enfrentadas y extraer de esa tensión un acuerdo que le garantiza un corredor seguro, no está nada mal.
Pero lo que Irán ha logrado es un primer golpe diplomático de gran calado: poner a la comunidad internacional ante un hecho consumado, el mensaje es claro: si quieren que el petróleo fluya, tendrán que negociar con nosotros.
Fuentes: EFE, Xinhua, CGTN español, TRT español, Cubadebate, con declaraciones del portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, y del secretario del Consejo de Seguridad Nacional iraní, Mohsen Rezaei.
Tomado de Periódico Granma.

