Vivir por dentro el bloqueo contra Cuba
Por Hedelberto López Blanch* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.
Solamente los que vivimos en Cuba podemos catalogar la intensidad, la injusticia y el inhumano recrudecimiento del bloqueo que en el último tiempo ha profundizado con enorme saña el régimen de Estados Unidos contra la Isla del Caribe.
Recientemente me tocó palpar personalmente lo que el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla denunció en una reciente conferencia de prensa cuando afirmó: «Resulta evidente el crimen que se comete contra nuestro país. No hay pretexto, por muy mendaz que sea, para justificar el acto de castigo colectivo al que el gobierno estadounidense está sometiendo a nuestro pueblo».
Y agregó: «Todo el planeta conoce lo que está ocurriendo hoy contra nuestro pueblo. El efecto deliberado de esta política provoca largas horas sin electricidad para nuestra familia; días y semanas sin abasto de agua potable; depresión en los servicios de salud; muertes que no debieron ocurrir, que se deben al bloqueo, como las derivadas de la duplicación de la tasa de mortalidad infantil, por la falta del medicamento idóneo, por la falta del último dispositivo tecnológico para tratamiento, por el fallo de un equipo médico, por falta de piezas o por falta de energía. La falta de medicamentos, la carencia de transporte público, las limitaciones para la producción de alimentos que los encarecen seriamente, el costo de la vida, la erosión de los salarios en determinados sectores de la economía que han detenido su actividad».
El pasado miércoles 21 de octubre, después de conseguir un triciclo para transportarnos (no es el más idóneo para un paciente cardiópata) llevé a mi cuñado a un turno médico de cardiología en el hospital 10 de Octubre. No le pudieron hacer el electro porque el equipo estaba roto y no había pieza de repuesto. El doctor que nos atendió amablemente, le ajustó el tratamiento que incluye también doblar la dosis de carvedilol, pero no hay en la farmacia y debe resolverse por donaciones o comprarla a elevados precios en el mercado informal.
Esa misma noche, a mi compañera se le presentó un fuerte dolor en el abdomen y espalda. Logramos que un vecino nos llevara en su auto al hospital 10 de Octubre que es el más cercano de Luyanó donde vivimos. Le pagamos solo el costo de la gasolina (unos 7 000 pesos). Al llegar al cuerpo de guardia nos atendió solícita una doctora pero nos informó de inmediato que no había reactivo para realizar un análisis de orina ante un aparente cólico nefrítico y que tampoco tenían medicamentos para calmar el dolor.
Nos dijo que se le podía hacer un ultrasonido y el diagnóstico determinó que presentaba un cálculo que estaba pasando por el tracto urinario.
Como tenía que resolver alguna inyección para calmarle el dolor comencé a llamar a las 10 y 30 de la noche a algunas amistades y una de ellas me dijo que tenía diclofenaco inyectable. Como vivía cerca del hospital, el vecino del auto nos llevó a recoger el medicamento y cuando llegamos a nuestra casa la inyecté, lo cual resultó en un rápido alivio.
Se imaginan ustedes toda la tensión que esto conlleva; cómo muchos pacientes tienen que regresar a sus casas sin poder acceder a algún necesario medicamento; la impotencia y la pena a la que están sometidos nuestros eficientes y humanos galenos que no pueden resolverle un sencillo tratamiento a los pacientes.
Un solo ejemplo resulta esclarecedor: más de 7 000 contenedores con alimentos, medicinas y dispositivos médicos destinados a la Isla permanecen paralizados en puertos extranjeros por las presiones de Estados Unidos.
Es un bloqueo inhumano y una forma de genocidio contra Cuba que afecta enormemente a todo el pueblo.
Como manifestó el canciller cubano en la conferencia de prensa: «Ningún pretexto de ninguna naturaleza podría servir para justificar actos de genocidio ni actos de castigo colectivo. Ninguna diferencia política entre gobiernos, ni siquiera en condiciones de guerra. Ningún pretexto relacionado con el objetivo pertinaz de Estados Unidos, el cambio de régimen en Cuba, permite de ninguna forma justificar actos de genocidio y de castigo colectivo. Se trata de asfixiar a una población completa, de destruir a una pequeña nación».
Amigo lector, esa es la realidad que vive hoy todo el pueblo cubano porque la verdad es que, Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí.
(*) Periodista cubano. Escribe para el diario Juventud Rebelde y el semanario Opciones. Es el autor de “La Emigración cubana en Estados Unidos”, “Historias Secretas de Médicos Cubanos en África” y “Miami, dinero sucio”, «Rubio, un mitómano incontrolable», entre otros.
Ilustración de portada: Adán Iglesias Toledo.

