Cuba: Gracias a Fidel y a Vilma, por las mujeres que somos

Por Susana Tesoro.

Cuentan que antes de Fidel, antes de 1959, las mujeres cubanas -como las de casi todo el mundo- eran en el mejor de los casos: un adorno en el hogar, y en el peor: una sirvienta con una carga de trabajo doméstico no remunerado; transparente, anónima, cuya opinión acerca de temas políticos o sociales, no se consideraba.

Cuentan que estaban obligadas a tener todos los hijos procreados, pues entre los preceptos de las religiones y lo caro que costaba una interrupción de embarazo, ni pensar en un aborto.

Cuentan que en una familia a la hora de decidir los niños que irían a la escuela, se elegía a los varones, pues las hembras hacían falta en la casa.

Cuentan que las mujeres trabajadoras representaban 17 por ciento de la población laboral activa y recibían un salario notablemente inferior al del hombre por un empleo similar.

Cuentan que no había mujer alguna en el Parlamento, y -entre otras tantas verdades- que la prostitución era consecuencia del entorno económico y social del llamado «sexo débil».

Después de 1959, cuando la Revolución triunfante comenzó a tomar decisiones, la vida de la mujer cubana fue dando un giro de 180 grados, y para algunas de 360.

A solo un año de la victoria revolucionaria, el 23 de agosto de 1960, se creó la Federación de Mujeres Cubanas, FMC, liderada por una joven que había roto con casi todos los moldes en que intentaban meter a las del sexo femenino.

Fue Vilma Espín Guillois, mujer culta, universitaria, guerrera frente la dictadura gubernamental en el llano y en las montañas. Esa dama se vistió de soldado para defender a todos los cubanos, y principalmente a las mujeres, uno de los sectores más oprimidos de la sociedad.

La organización femenina tuvo desde su nacimiento, el apoyo incondicional de las más altas esferas del gobierno, donde seguramente no pocos, con importantes responsabilidades, dudaban de la capacidad de la mujer para asumir los roles desempeñados por los hombres.

Estaban limitadas también al papel de “ama de casa” y de acuerdo con investigaciones de la época, las féminas eran mayoría entre las más de 800 mil personas analfabetas que había en ese momento.

Entonces comenzaron a abrirse ofertas de trabajo para las mujeres, cursos de economía doméstica, corte y costura, apareció la oportunidad de alfabetizarse, de la Facultad Obrero Campesina, de ser universitarias, todo eso sin pagar un centavo.

En la actualidad, de acuerdo con el Anuario 2020, edición 2021, de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), las mujeres representan el 39,3 por ciento de la población económicamente activa del país, de las cuales la mayoría labora en Salud Pública y Asistencia Social y Educación, con 357 mil y 325 mil trabajadoras, respectivamente.

Hoy día, Cuba es el segundo de los cinco países del mundo, que alcanzan la clasificación de paridad de género en el Parlamento.

Según trascendió de un reporte divulgado recientemente por la Unión Interparlamentaria (UIP), las cinco naciones que alcanzan paridad de género o una mayor proporción de mujeres en su cámara baja o única en 2022 son: Ruanda (61,3%), Cuba (53,4%) y Nicaragua (51,7%) que ocupan los tres primeros puestos, respectivamente; mientras que México (50%) y Emiratos Árabes Unidos (50%) comparten el cuarto escaño, al cierre de junio del presente año.

Desde 1960, año en que surgió la organización conocida como FMC, se afirmaba que para las mujeres en Cuba, ocurría una Revolución dentro de la Revolución, y así fue, se veía claramente cómo, paso a paso, avanzaba el sector femenino, sin desplazar a los hombres, pero hombro a hombro junto a ellos.

Como ya dijimos ahí estaba la mano de Vilma Espín presidiendo la FMC, mano estrechada y apoyada por el líder Fidel Castro, quien en su empeño por quitarle el yugo a los esclavizados, distinguía y defendía a la mujer.

A Fidel no se le escapaba el más mínimo detalle de la vida doméstica de las mujeres, en uno de sus discursos en 1960 afirmó: “También hay que estudiar todos los problemas de las mujeres cubanas, hay que estudiar los problemas de las mujeres que tienen que trabajar y no tienen dónde dejar a sus hijos. Hasta ahora las creches son insuficientes”

Y surgieron los Círculos Infantiles, las escuelas Seminternadas, las becas internas, y otras modalidades para facilitar la educación y alimentación de los niños, mientras sus madres trabajaban.

Encuentro por el Día Internacional de la Mujer, año 2005. Foto: Franklin Reyes

En fin, se abrió a las mujeres la oportunidad  del derecho a la vida, a la salud, a la educación, al empleo, a la superación técnica y cultural, al acceso a cargos de dirección, al voto, a elegir y ser elegidas, a proteger sus derechos reproductivos y sexuales, y de planificación familiar, entre otros.

No es ocioso recordar que en 1961 se crearon las primeras Escuelas Nocturnas de Superación para Domésticas (referido fundamentalmente a las llamadas “criadas” que trabajaban en el servicio doméstico), en las cuales las mujeres recibían  clases desde alfabetización hasta sexto grado, con aulas de corte y costura, taquigrafía y mecanografía.

Un curso de automovilismo comenzó con 1.440 alumnas, aportó al Transporte Popular más de 1.000 choferes; y el curso especial de trabajos de oficina, comenzado con 1.100 alumnas, incorporó a 1.078 muchachas a las agencias bancarias, y a las oficinas de ministerios y empresas estatales.

Por eso primeros años de cambios, fue erradicada la prostitución. Se aprovechó el censo que se estaba llevando a cabo en la Campaña de Alfabetización para censar a las mujeres y otras personas de los centros de prostitución. Muchas plantearon sus deseos de aprender un oficio para trabajar y salir de esa “vida”, a otras se les ofrecieron escuelas para capacitarlas; a todas se les hacía chequeo médico con tratamiento gratuito.

“Antes del triunfo revolucionario, decenas de miles de mujeres estaban en esta terrible situación, prostituidas por la situación económica. Pensábamos que erradicar la prostitución iba a ser una tarea difícil y larga. Así que para todos fue una sorpresa que desapareciera como mal social en menos de dos años”, apuntó Fidel en un discurso.

Si las mujeres vemos lo que éramos, lo que significábamos entonces y nos miramos hoy, la diferencia es enorme. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas

Han transcurrido 62 años, y el mundo ya no es igual, ni las cubanas tampoco, todavía hoy se detectan severas limitaciones por la reproducción de los modelos tradicionales de conductas en todos los sectores, que se transmiten a través de la educación formal e informal, lo cual es válido para medir actitudes en la modificación de códigos, las relaciones entre los géneros, y su proyección social. Esto demuestra que, a pesar de que se derriban las barreras estructurales y subjetivas en las relaciones entre los géneros, aún permanecen otros obstáculos subjetivos que frenan la integración.

Pero si las mujeres vemos lo que éramos, lo que significábamos entonces y nos miramos hoy, la diferencia es enorme.

Para quienes desconocen la trayectoria de la mujer cubana, quienes no aprovecharon sus clases de historia, no tuvieron buenos maestros, o no recibieron de su familia verdaderas tradiciones de mujeres, es imposible valorar lo que ha significado la Revolución para las mujeres cubanas.

A veces oímos a jóvenes y no tan jóvenes, decir que en este país no tienen oportunidades, etc. etc. etc., y creemos que son injustas, pero no lo son. Son ignorantes de la historia de su país, o han perdido la memoria entre tantos y tantos avatares vividos por este pueblo donde la mujer -a pesar de TODO- sigue llevando la carga y las riendas del hogar, sigue siendo el timón, el tronco, la guía de la familia.

Si ponemos en una balanza a un lado cualquier mujer de nuestra ascendencia y del otro nos colocamos nosotras, tendríamos que decir sin temor a equivocarnos: Gracias Fidel, Gracias Vilma, por habernos convertido en personas capaces de decidir nuestros destinos, a favor o en contra, pero la decisión que sea, se la debemos a ustedes.

Tomado de Cubadebate / Foto de portada: Archivo de Fidel Soldado de las Ideas.

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