Un intruso en el Banco Interamericano de Desarrollo

Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

 

Desde su creación en 1959, el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, ha tenido una imagen de entidad robusta, con sólidos pilares ético-morales, que le han construido una honorabilidad financiera, más allá de críticas puntuales, durante más de sesenta años de servicios y aportes. Es encabezado por una comisión de Gobernadores que se sirve de un Directorio Ejecutivo integrado por 14 miembros para supervisar el funcionamiento de la institución apoyándose en un equipo de gerencia.

La Asamblea elige al Presidente para un período de 5 años y a los miembros del Directorio para un período de 3 años. Desde, su fundación han transitado en su Presidencia cuatro personalidades, representativas de cuatro naciones latinoamericanas, todos probos, hasta septiembre de 2020, cuando un intruso estadounidense fue impuesto contra la voluntad y costumbres de sus integrantes y de la tradición no escrita, que asume como acuerdo, que sea un latino quien lo presida.

El chileno Felipe Herrera, gobernó entre 1960 y 1970; lo sucedió el mexicano Antonio Ortiz Mena, hasta 1988, estas prolongadas estadías validan la buena gestión de los designados. Desde ese año asumió la conducción de tan compleja tarea el muy capacitado uruguayo Enrique V. Iglesias hasta el 2005, cuando fue electo el prestigioso diplomático colombiano Luis Alberto Moreno, quien el 6 de julio de 2010, fue reelegido como presidente, pero en el 2020 renunció, coincidente con el gobierno del neoliberal Iván Duque, quien cultivó una estrecha relación carnal con Estados Unidos, en particular con el republicano Donald J. Trump, mentor del actual forastero presidente del banco.

Hay una expresión popular, que se emplea cuando los males llegan juntos y son difíciles de extirpar: “La cayó comején al piano”, eso fue lo que le sucedió al BID, en el reinado del norteamericano Mauricio Claver-Carone.

No habían transcurrido año y medio de su mandato, iniciado en septiembre de 2020, cuando en abril del 2022, una abierta caja de Pandora, estremeció los sólidos cimientos morales del BID. Un alegado problema de faldas internos de su mandante, obligó a una junta urgente de gobernadores para  el análisis de un aparente sustentado anónimo, y disponer, tras horas de debate, su valoración por una contratada entidad investigadora externa, para acallar en el menor tiempo posible los comentarios y mitigar el baldón sobre su acrisolada e inveterada ética.

El cuestionado, defendió su gestión al frente del BID y negó las acusaciones en su contra referentes a mantener una relación íntima con una empleada de la entidad, conducta prohibida por los estatutos internos, que son diáfanos al respecto: “Está prohibido participar en ninguna decisión relacionada con el empleo de alguien con quien mantiene una relación íntima”. Incumpliendo el código ético del banco.

Su debatido proceder tiene aristas tortuosas más allá del sugerido nexo carnal que se le indilga, el investigado en las alegaciones a su favor, sobre buenas prácticas administrativas en los últimos meses, exhibió haber empoderado a mujeres empleadas del banco, como ejemplo de su política de  adelantamiento de género, pero con ello reafirmó una de las contravenciones institucionales, ya que una de las beneficiadas fue precisamente la involucrada en mantener una relación con una empleada que le reportaba  a él directamente.  

La susodicha promovida, no es tampoco una empleada de planta con larga data de prestaciones bancarias, que debía merecer un reconocimiento y ascenso acorde con el escalafón profesional, se trató de Jessica Bedoya, quien llegó al banco junto con él hace apenas un año y medio, procedente del Departamento de Estado. La ética de Claver-Carone, es flexible, raya con el nepotismo, ya que ella es quien lo acompaña en la denuncia anónima.

También alegó a su favor tener “evidencia de la verdad”, pero afirmó que no la haría pública a fin de “respetar lo que tendría que ser un proceso confidencial”. ¿Cómo demostrará no haber tenido relaciones con una mujer? ¿Alegará cambios en sus preferencias sexuales? Porque si lo que intenta demostrar es que el anónimo fue resultado de una conspiración interna, eso no demostraría si faltó o no a la ética bancaria. De lo que se trata es de determinar si el nexo carnal existe o no, sumada a la dudosa promoción extemporánea a un elevado cargo de su acompañante.

El presidente del BID hizo además un alegato sobre su gestión al frente del banco, en el que reivindicó haber convertido el organismo en una institución del siglo XXI, haber eliminado el uso de aviones privados y haber promovido la citada igualdad de género.

Sobre este último punto, mencionó específicamente que se designó por primera vez a una mujer, Reina Irene Mejía Chacón, como vicepresidenta ejecutiva, y se nombró a “la primera mujer jefa de Gabinete en la historia del banco”, una referencia a Jessica Bedoya, jefa de Gabinete y Oficial Principal de Estrategia del BID, a quien fuentes en Washington señalan como la persona involucrada en el escándalo, y con quien ya trabajó en la Casa Blanca durante la administración de Donald Trump.

El discutido fue encargado de política latinoamericana en el Consejo de Seguridad de la Casa Blanca con Donald Trump, y este le propuso como candidato para presidir el BID tras el final del mandato de su predecesor, el mencionado colombiano Luis Alberto Moreno.

Hubo resistencia entre varios países latinoamericanos, encabezados por Argentina, que aludían a una norma no escrita de que el presidente del BID, cuya sede está en Washington, no podía ser estadounidense. Su confirmación, en otoño de 2020, rompió con 70 años de tradición de que un latinoamericano presidía el BID. Ningún presidente hasta ahora ha sido de nacionalidad argentina.

Los recelos hacia su figura también proceden del hecho de que fuera artífice de las principales políticas de la Casa Blanca hacia Iberoamérica en la era de Donald Trump, incluida la campaña de máxima presión tanto contra Cuba como con Venezuela. Cuba no es miembro del banco, y en 2019 el BID reconoció al enviado del fantoche de Juan Guaidó como representante legítimo de Venezuela en ese banco de inversiones, desterrando de él a los emisarios del gobierno de Nicolás de Maduro.

Al final de la investigación, tal vez se declarará a Claver-Carone como no culpable y la manida expresión de que no se pudo demostrar lo imputado prevalecerá; no obstante el antecedente quedará latente, al acecho de nuevos quebrantos de la moral y ética institucional, el comodín de la duda razonable lo perdió el intruso del BID.

 

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: Agencia Hispana de Noticias.

 

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