Las fantasías de Trump y Venezuela
Por Francisco Delgado Rodríguez.
La evolución de los acontecimientos en Venezuela van develando la situación real, no solo de ese país sino en particular la del imperio.
El jefe Trump cantó victoria después del atroz secuestro del presidente legítimo Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores, con una secuela de asesinatos a mansalva, incluido 32 valerosos cubanos ubicados en la primera línea de fuego; el “logro” fue presentado como el principio de un derrotero que daría al traste con la Revolución bolivariana.
Pero realmente esa victoria tiene apenas un alcance táctico; en efecto, lograron el propósito de llevarse al presidente del país agredido; tuvieron se dice que “solo” unas 17 bajas, no está claro si algún fallecido (suelen negarlo), y en el asalto aniquilaron a sangre fría a quienes se le opusieron ferozmente, como expresara el mandatario Trump, en un acto de asombro indisimulado.
Claramente, asumieron porque realmente se lo creen, que sacando a un hombre del tablero ya ganaban la partida; sin embargo, no les quedó más remedio que dejar intacto al gobierno en pleno y admitieron como legítima, no importa que no lo digan, a Delcy Rodríguez, como nueva presidenta en funciones.
Sin embargo, la forma como el gobierno estadounidense presentó el siniestro acto, dista mucho de lo que está sucediendo. Algunas interrogantes y sus respuestas pueden ayudar a entender el embuste y sobre todo los alcances del relato imperial, y la magnitud real de los desafíos que enfrenta la Revolución bolivariana y Nuestra América.
¿Acaso sacar al chavismo del poder, no era lo más convenientes para los planes de dominación en la región, que pasan por acabar con la obra de las revoluciones antimperialistas? Por lo menos Mr. Rubio debe haber dicho eso en público más veces que su propio nombre. Y ¿por qué no lo hicieron? ¿Qué se los impidió? si invadieron con el ejército más “grandioso de la historia” según el mandamás de la Casa Blanca. De entrada hay algo que no cuadra.
Otra pregunta. Se ha repetido como si fuera verdad irrebatible, que la ultra derecha venezolana ganó con el 86% de los votos, en las elecciones presidenciales del verano de 2024; para colmo, una de sus cabecillas más mediáticas está galardonada con un premio Nobel y todo, digamos que no le falta “reconocimiento universal”.
¿Qué razones tendría el Jefe Trump para desahuciar literalmente a dichos oponentes, tan “aplastantemente populares”? El asalto a la residencia de Maduro debió haber sido la chispa que incentivara la “rebeldía anti chavista y pro yanqui”. Por el contrario, provocó el rechazo militante de la verdadera mayoría venezolana.
El gobierno estadounidense tuvo que aceptar, contra su manifiesta voluntad, que el chavismo siga gobernando en Venezuela, que los mismos altos dirigentes de la administración de Maduro estén al frente del alto mando político/militar, desde donde todos los días insisten en que este debe ser liberado, para ser ubicado en el lugar y cargo de donde fue extraído violentamente.
Ante esta inapelable realidad, Trump intenta mostrar, con gestos y palabras de paladar seco, que ellos controlan la suerte del país, y sobre todo el destino de la industria petrolera.
No explica el cómo, no demuestra lo que afirma, como suele hacer, simplemente confunde sus necesidades y gustos con la realidad real. Obligado por este desajuste, termina afirmando que a ellos lo único que les interesa es el petróleo.
Es cierto que ahora Trump impone un nuevo record de cinismo, que es el colmo del descaro, todo eso es verdad, pero es sobre todo porque, a tenor de los acontecimientos que sobrevienen después de la agresión contra Caracas, es el único argumento que le queda para explicar el desastre estratégico ante sus seguidores, y especialmente a los súper ricos, los del 1% atentos a lo que hace el presidente para proteger sus intereses.
Ya se ha explicado, controlar la principal reserva de petróleo del mundo, la venezolana, sirve para sostener el señoreo de los petrodólares; sin ello lo demás se va a bolina, más temprano que tarde.
De ahí que Trump repitió unas 27 veces la palabra petróleo, en una de sus primeras alocuciones públicas, tras el golpe filibustero contra los venezolanos. Ni en esa ni en otras ocasiones, se acordó del resto de los argumentos, tan trabajosamente impuestos como combatir a la dictadura madurista, al narcoterrorismo y demás epítetos, con los que han tenido que lidiar los bolivarianos en todos estos años.
El mensaje del mandatario estadounidense está dirigido no a los venezolanos, ni siquiera a la oposición, tampoco a los papagayos de la derecha internacional, que repiten el credo de la democracia y otra hierbas, carentes de sinceridad cuando vienen de esas cuevas políticas. Es petróleo, señores, y no molesten.
De modo que rápidamente Trump convoca a los que tienen el dinero y el poder. Surge así la idea del encuentro con las “más importantes compañías petroleras del mundo”, tal y como dice en la invitación perfumada enviada por el personal de la Casa Blanca, a los altos directivos de la ExxonMobil, la CoconocoPhillips, Chevron y otras.
Resumidamente se puede afirmar que el encuentro fue un bumerang para el anfitrión. Por ejemplo, allí Trump se enteró que por su culpa empresas como la Halisburton, si, la misma que medró con la agresión a Irak, se fue de Venezuela en el 2019, porque Trump lo dispuso, vía las sanciones impulsadas por cierto, por la claque de Mr. Rubio y comparsa. Hasta el codicioso cabeza visible de la Exxon, le hizo ver al mandatario que invertir en Venezuela era una locura, rematando que ellos tenían planes “más sensatos”.
Es decir, Trump viola cuanta ley internacional existe para regalarle el petróleo ajeno, a los cuatro gatos que controlan ese negocio y aquellos, mal agradecidos, le aclaran que le toleran sus delirios de grandeza, pero otra cosa son los negocios, él debería entender eso. Con mi bolsillo no te metas Mr. President, se escuchó en los pasillos del conclave.
Adicional a lo anterior, lo que vuelve realmente absurdo esta historia es que es mentira que Trump controle el petróleo venezolano “para siempre, indefinidamente”, dijo, porque para ello depende en última instancia de un comportamiento bélico, de inmanejables consecuencias. ¿Salvó realmente a los petrodólares en el largo plazo? Evidentemente que no. Los magnates petroleros aludidos se lo dejaron claro.
Desde una perspectiva de la política doméstica, el desmadre es absolutamente visible. Incluso hasta en el Senado se aprobó un proyecto de moción que prohíbe al ejecutivo llevar al país a la guerra, sin contar con el legislativo; bueno, algo es algo, porque realmente la mayoría de los estadounidense rechazan que Trump meta al país en algún tipo de aventura bélica.
Ya se ha explicado, controlar la principal reserva de petróleo del mundo, la venezolana, sirve para sostener el señoreo de los petrodólares; sin ello lo demás se va a bolina, más temprano que tarde.
De ahí que Trump repitió unas 27 veces la palabra petróleo, en una de sus primeras alocuciones públicas, tras el golpe filibustero contra los venezolanos. Ni en esa ni en otras ocasiones, se acordó del resto de los argumentos, tan trabajosamente impuestos como combatir a la dictadura madurista, al narcoterrorismo y demás epítetos, con los que han tenido que lidiar los bolivarianos en todos estos años.
El mensaje del mandatario estadounidense está dirigido no a los venezolanos, ni siquiera a la oposición, tampoco a los papagayos de la derecha internacional, que repiten el credo de la democracia y otra hierbas, carentes de sinceridad cuando vienen de esas cuevas políticas. Es petróleo, señores, y no molesten.
De modo que rápidamente Trump convoca a los que tienen el dinero y el poder. Surge así la idea del encuentro con las “más importantes compañías petroleras del mundo”, tal y como dice en la invitación perfumada enviada por el personal de la Casa Blanca, a los altos directivos de la ExxonMobil, la CoconocoPhillips, Chevron y otras.
Resumidamente se puede afirmar que el encuentro fue un bumerang para el anfitrión. Por ejemplo, allí Trump se enteró que por su culpa empresas como la Halisburton, si, la misma que medró con la agresión a Irak, se fue de Venezuela en el 2019, porque Trump lo dispuso, vía las sanciones impulsadas por cierto, por la claque de Mr. Rubio y comparsa. Hasta el codicioso cabeza visible de la Exxon, le hizo ver al mandatario que invertir en Venezuela era una locura, rematando que ellos tenían planes “más sensatos”.
Es decir, Trump viola cuanta ley internacional existe para regalarle el petróleo ajeno, a los cuatro gatos que controlan ese negocio y aquellos, mal agradecidos, le aclaran que le toleran sus delirios de grandeza, pero otra cosa son los negocios, él debería entender eso. Con mi bolsillo no te metas Mr. President, se escuchó en los pasillos del conclave.
Adicional a lo anterior, lo que vuelve realmente absurdo esta historia es que es mentira que Trump controle el petróleo venezolano “para siempre, indefinidamente”, dijo, porque para ello depende en última instancia de un comportamiento bélico, de inmanejables consecuencias. ¿Salvó realmente a los petrodólares en el largo plazo? Evidentemente que no. Los magnates petroleros aludidos se lo dejaron claro.
Desde una perspectiva de la política doméstica, el desmadre es absolutamente visible. Incluso hasta en el Senado se aprobó un proyecto de moción que prohíbe al ejecutivo llevar al país a la guerra, sin contar con el legislativo; bueno, algo es algo, porque realmente la mayoría de los estadounidense rechazan que Trump meta al país en algún tipo de aventura bélica.
Tampoco desde el punto de vista internacional, las cosas le van mejor al magnate de las criptomonedas Donald Trump. Excepto algunos gobiernos en la Región, subordinados o aterrorizados por las amenazas de Trump, nadie lo ha acompañado en la agresión anti venezolana. Desde la ONU, pasando por los BRICS, cuestionan la bárbara acción contra un país soberano.
Podría decirse que a Trump no le importa eso, pero nadie puede negar el efecto degradante de la imagen del país y sumando, porque también hay amenazas para México, Colombia, Irán, Dinamarca y desde luego Cuba.
Es evidente que el inquilino de la Casa Blanca quedó atrapado en el absurdo de su propia narrativa, donde se presenta como líder que busca e impone la paz en todas partes, por mandato de su base MAGA, pero ha bombardeado no menos de 7 países, y para contra, se embarcó en una invasión de dudosa utilidad desde cualquier punto de vista.
Como si esto no fuera suficiente, el asesinato de Renee Nicole Good, joven poeta de pelo rubio y ojos rubios si se entiende, parece ser la pequeña chispa que faltaba para que se incendiara la pradera de la sociedad estadounidense.
A la administración republicana se la ha creado una situación altamente explosiva, que apenas comienza y que recuerda cuanto le afectó electoralmente al propio Trump, cuando aspiró a un segundo mandato, en el contexto del asesinato del joven negro George Floyd, ultimado a dos kilómetros del lugar donde ahora le pegaron tres tiros en el rostro a Renee.
El escenario en que se mueve Trump, apenas a una semana y días del ataque a Venezuela, evidencia que probablemente este no solo obtuvo una limitada victoria táctica, sino además pírrica.
Recuérdese, el rey griego Pirro de Epiro, por allá por el 279 antes de nuestra era, cuando para derrotar en una batalla a los romanos sacrificó a casi todo su ejército; desde entonces se inmortalizó aquella frase del susodicho monarca, “otra victoria como esta y estaré perdido”.
Ahora Trump no empleó a todo su ejército, aunque en sentido figurado habría que ver el impacto moral que tiene que a pesar de la enorme superioridad tecnológica y en marines involucrados, debieron enfrentar una “feroz resistencia”, es bueno repetir el término para poner en perspectiva la verborrea contra Cuba.
Ciertamente el gobierno venezolano debe moverse con extrema inteligencia. Toda la charlatanería proveniente de Washington va dirigida a mostrar un gobierno bolivariano subordinado, y a punto de dividirse en mil pedazos. En paralelo, muestran la zanahoria en lugar del garrote, en alegoría a una vieja doctrina de la política exterior norteña que intenta engañar, pero con iguales propósitos de dominación.
Como colofón de esta situación, está la suerte que seguirá el juicio contra Maduro. Por ahora, desde el arranque parece condenado a un laberinto viciado de ilegalidad, al punto que el Departamento de Justicia va cambiando la causa por la que están juzgando al prisionero de guerra y presidente venezolano, que como siempre dijo, nunca dirigió un cartel de los soles porque solo existió, en la estrategia retorcida de Mr. Rubio.
Conclusiones preliminares. EEUU no controla ni al gobierno ni al petróleo venezolano. El secuestro de Maduro es un golpe duro sin dudas, pero su alcance es limitado y a un elevado costo político, para una administración que enfrenta innumerables problemas internacionales y sobre todo domésticos. En pocas palabras, pura fantasía trumpista con consecuencias impredecibles.
En perspectiva, la victoria para la Revolución bolivariana es el único final de esta situación. Guarden esta convicción y veremos.
Tomado de Cubasí.

