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El Gran Dictador

Por: Randy Alonso Falcón

Estados Unidos anda a la cacería de “dictadores” por todo el mundo, sin mirar que el mayor de todos está instalado en la Casa Blanca.

“No necesito el derecho internacional”, dijo sin ambages Donald Trump a periodistas de The New York Times la noche del miércoles 7 de enero. “… Mi propia moralidad mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”, señaló como límites a sus aventuras imperiales y sus dictados cual emperador.

Es como si estuviéramos viendo a Benzino Napaloni, aquella parodia de Mussolini en la genial película de Charles Chaplin, cual caricatura del ego desmesurado de los dictadores, que convierten la política en espectáculo grotesco; “¡Yo soy el verdadero líder del mundo! ¡Tú no eres nada sin mí!”

La euforia dictatorial de Donald Trump ha alcanzado su pináculo en este primer año de su segunda administración. Las ínfulas de Rey Sol conque siempre manejó el imperio Trump se han trasladado a su conducción del país y su relación con el mundo. Y para ello se rodeó de un séquito de fieles, que acompañan sin chistar cada uno de sus pasos, a la vez que se burla y desconoce las instituciones de su país.

Sus poses y mensajes cortos y envenenados son de un Führer moderno; sus órdenes y dictados autocráticos no se alejan de los oscuros tiempos de Mobutu; su licencioso, corrupto y degradante modo de vida (su moralidad) hace recordar la decadencia de la Roma Cesariana.

Estados Unidos vive hoy bajo una dictadura imperial. Donald Trump no admite límites, institucionalidad, reglas, oposición, ni migrantes. Su lenguaje es el de la prepotencia, las amenazas, el vasallaje.

Trump no es un accidente de la historia; es el devenir de la historia misma de los Estados Unidos. Teóricos y politólogos definen académicamente los rasgos y el momentun; pero la actriz Jodie Foster le ha hecho de manera contundente y directa: “Trump representa todo lo que está mal en este país: arrogancia, división y un ego que pone en riesgo nuestra democracia. Es hora de que América despierte y lo rechace de una vez por todas”.

Narciso en el Despacho Oval
Trump con periodistas de The New York Times el 7 de enero de 2026. Foto: The New York Times

Como todo dictador, Trump es el clásico narcisista rebosante de necesidad, requerido de afirmación, que se enfurece cuando no la recibe con prontitud.

Impuso su nombre en el Centro Kennedy para las Artes y en el Instituto Estadounidense para la Paz; ordenó edificar un fastuoso salón de bailes en la Casa Blanca, en una nueva Ala Este tan alta como el edificio principal; anunció la construcción de una “flota dorada” de buques de guerra de la “clase Trump”; está construyendo un monumento en arco para el aniversario 250 de la Unión e intenta estampar su rostro por las dos caras de una moneda conmemorativa para la ocasión.

El profesor de desarrollo de liderazgo y cambio organizacional Manfred Kets de Vries valoró  para The New York Times la relación de Trump con el poder:

“Las personas con marcadas tendencias narcisistas, paranoicas o psicopáticas son especialmente vulnerables. Para ellas, el poder no sólo facilita la acción, sino que regula estados internos que, de otro modo, resultarían inmanejables.

“Donald Trump es un ejemplo extremo de esta dinámica. Desde una perspectiva psicoanalítica su narcisismo es maligno, en el sentido de que se organiza en torno a un profundo vacío interior.

“El narcismo maligno es una combinación de narcisismo y psicopatología. Debido a su escasa capacidad interna para autoconsolarse o autovalorarse, requiere una afirmación externa continua para sentirse real e intacto. El poder proporciona esa afirmación”.

Mientras en el Irish Times, el 12 de febrero de 2025, valorizando los frenéticos primeros días de la administración Trump, el neuropsicólogo Ian Robertson apuntaba: «Lo que observamos en Trump es el impacto del poder en el cerebro humano. Actúa como la cocaína y, en dosis altas, hace que las personas se sientan eufóricas, con mucha confianza y agresivas, como los trasnochadores drogados de la Dame Street de Dublín que lanzan puñetazos a desconocidos solo porque pueden. El gran poder de Trump también es un rejuvenecedor y revitalizante, un antídoto contra la senescencia de la tercera edad. El poder aumenta la testosterona, que a su vez aumenta la dopamina, al igual que la cocaína.

«Esto alimenta un estado mental agresivo y de bienestar, sobre todo en personalidades dominantes y amorales como la de Trump. También crea un estado mental inquieto e hiperactivo que, combinado con una sensación de omnipotencia, fomenta la ilusión de que se puede chasquear los dedos y resolver todos los problemas.

«Y cuando eso no sucede –cuando no se puede comprar Gaza o Groenlandia, o abolir el derecho de nacimiento de Estados Unidos– esto aumenta una rabia hiperactiva por verse frustrado y desencadena una oleada de respuestas aún más frenéticas y desmesuradas.»

El Estado soy yo
«Estados Unidos es el único país que pasó de la barbarie a la decadencia saltándose la civilización». Oscar Wilde

Poco después de su segunda investidura, Trump emitió una contundente proclama en sus redes sociales: “Quien salva a su país no viola ninguna Ley”. En su narrativa de ser el único líder capaz de “salvar” a los Estados Unidos, el magnate presidente se sitúa más allá de la ley, o por encima de ella.

El poder omnímodo de Donald Trump -respaldado por la decisión sin precedentes de una Corte Suprema, tomada por una mayoría de magistrados nombrados por el propio Trump, que le otorgó inmunidad a la presidencia ante el procesamiento penal” por actos oficiales-, le ha planteado un desafío erosivo al Estado de Derecho y las instituciones en EE.UU.

Ya había mostrado sus autocráticos instintos aquel 6 de enero de 2021. Si Hitler utilizó el incendio del Reichstag para obtener poderes de emergencia y afianzar el dominio nazi fascista, Trump pretendió con el asalto al Capitolio dar un Golpe de Estado y extender su poder a contrapelo de lo que dijeron las urnas.

Durante el 2025, Trump ha mostrado toda la fuerza de su despotismo. Su poder, como él lo ve y expresa, emana de su propia persona, no de su cargo, ni mucho menos del pueblo estadounidense.

Sus frenéticas directivas presidenciales y órdenes ejecutivas, más que ningún otro mandatario en casi 7 décadas en el primer año de su término, los continuos ataques contra Gobernadores y Alcaldes que no le agradan, las amenazas veladas o directas a congresistas contestatarios, el uso político premeditado del Departamento de Justicia, los recortes presupuestarios a los estados que se oponen a sus políticas, son expresiones de las maneras autocráticas del presidente de Estados Unidos.

El politólogo dominicano Elvin Calcaño, al apuntar a la intensificación del conflicto político interno en EE.UU, con rasgos autoritarios y una creciente incertidumbre ciudadana, señala: «Estados Unidos, como vengo advirtiendo hace buen tiempo, ha entrado en una fase de intensificación de su conflicto político interno donde ya no se disputa entre adversarios sino entre enemigos. Trump, que es la máxima expresión de ese fenómeno, no solo está destruyendo las instituciones democráticas formales porque tiene vocación ultraderechista autoritaria. Antes bien, es porque en su concepción toda forma de lucha es legítima. Porque su horizonte es de tipo existencial. Se asume como un salvador que está «limpiando» su país para que vuelva a ser grande (sic)»

Obedecer y callar

Quien ose desafiarlo o contradecirlo se verá perseguido o represaliado. Trump es vengativo e implacable.

El jefe de la Reserva Federal Jerome Powell lo sabe bien. Trump utilizó una fiscal aliada para abrir una investigación criminal contra él por supuesta corrupción en la renovación constructiva de dos edificios históricos de la sede de la FED en Washington.

 . El responsable de la política monetaria estadounidense ha asegurado que la investigación en su contra responde a su empeño por no doblegarse a la voluntad del inquilino del Despacho Oval, que exige rebajas más pronunciadas de los tipos de interés para alejadamente estimular la economía estadounidense a corto plazo, antes de las elecciones de mitad de mandato el próximo noviembre.

Pero antes que a Powell, Trump intentó destituir a la gobernadora de la FED Lisa Cook, en un caso escandaloso que se escuchará en la Corte Suprema este 21 de enero.

Algo similar experimentó el exdirector del FBI James Comey. Trump utilizó una fiscal que había nombrado exprofeso para que encausara, fallidamente, a Comey por dos cargos penales, por haberse atrevido en el primer mandato trumpiano a abrir una investigación sobre la supuesta conexión rusa en la victoria electoral del magnate neoyorkino en el 2016.

“Mi familia y yo sabemos desde hace años que hacer frente a Donald Trump tiene un costo, pero no podíamos imaginarnos viviendo de otra manera. (…) Alguien a quien quiero mucho dijo recientemente que el miedo es la herramienta de un tirano. Y tiene razón. Pero no tengo miedo”, expresó Comey cuando fue notificado del proceso.

Junto a la judicialización de la represión, Trump ha usado los despidos y las amenazas como herramienta de control político. Bajo sus dictados, Marco Rubio despidió a más de 1 300 funcionarios del Departamento de Estado en julio de 2025. Varios fiscales del Departamento de Justicia fueron cesados por estar involucrados en las varias investigaciones que se abrieron en los últimos años contra Trump por hechos como el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021.

El 1 de agosto de 2025, Trump defenestró a la jefa de la Oficina de Estadísticas Laborales Ericka L. McEntarfer, acusándola de “manipular las cifras de empleo»,  tras publicar un informe que mostraba un crecimiento laboral más débil que lo anunciado por el presidente.

El poder de la violencia
Miembros de las fuerzas del orden se reúnen, mientras aumentan las tensiones tras el tiroteo en el que se vieron involucrados agentes federales, una semana después de que un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) matara a tiros a Renee Nicole Good, en el norte de Minneapolis, Minnesota, Estados Unidos, el 15 de enero de 2026. Foto: Reuters.

«De alguna manera, estos tres males están relacionados entre sí: el triple mal del racismo, la explotación económica y el militarismo». Martin Luther King hijo.

El poder del capital y el devenir imperial mismo de los Estados Unidos se cimentaron sobre la violencia, abierta o sofisticada. Con Trump, el uso de la fuerza contra los ciudadanos y la militarización interna ha alcanzado las cotas mayores en el actual siglo.

Trump se cree amo y se comporta como un tirano. Bajo sus órdenes, los agentes de migración brutalizan a los ciudadanos comunes a lo largo y ancho del país y hasta los ultiman para luego difamarlos tras sus muertes; las fuerzas del orden y hasta los militares son enviados para ocupar ciudades y repartir palos, gases y balas frente a las protestas.

Eso es lo que ha sucedido en Minneapolis cuando un agente de ICE asesinó a la ciudadana estadounidense Renee Good. Fue un crimen a sangre fría. Los violentos cazadores de migrantes mostraron la filosofía de crueldad bajo lo que son incitados a actuar.

Al poco tiempo de asesinato, Trump afirmó en la red social Truth Social que Good “atropelló violenta, deliberada y brutalmente al agente de ICE, quien parece haberle disparado en defensa propia”. Otra de sus miles de mentiras.

Varios funcionarios de su administración fueron a peor; el Vicepresidente JD Vance calificó el hecho de “terrorismo clásico” y la secretaria de Seguridad Nacional Kristi Noem afirmó que Good “cometió un acto de “terrorismo doméstico”.

Ante las protestas por el crimen, el gobierno multiplicó los agentes de ICE y las cacerías en Minnesota. El presidente Trump amenazó con invocar la Ley de Insurrección y desplegar tropas para sofocar las manifestaciones de descontento ciudadano.

Así hizo antes en Los Angeles, Chicago, Memphis, Portland y  hasta el mismísimo Washington D.C.

El Pentágono prepara a 1 500 paracaidistas de la 11na División Aerotransportada para su posible despliegue en Minnesota, según reveló ABC News.

El ejército de las guerras imperiales ahora debe arremeter también contra los ciudadanos de EE.UU. Así lo exigió Trump a sus generales desplegados en todo el mundo en una inédita reunión con el mando militar, el pasado año.

A la par, las presiones de la Casa Blanca para que no se impute al asesino de Good y en cambio se investigue penalmente a su viuda llevó a la dimisión de 6 integrantes de la Fiscalía Federal de Minneapolis, quienes objetan tales despropósitos.

El Gobernador de Minnesota Tim Walz fue directo en su reacción: “Seamos muy claros: esto dejó de ser un asunto de control migratorio hace mucho tiempo. En cambio, es una campaña de brutalidad organizada contra la gente de Minnesota por parte de nuestro propio gobierno federal”.

Walz y el alcalde de la ciudad de Minneapolis, quien calificó la situación como «… la peor expresión de la política de representación, que perjudica a la gente y nos hace menos seguros”, están siendo acusados por supuestamente obstaculizar la labor de los agentes migratorios.

La Prensa bajo acoso

El dictador no quiere prensa crítica, sólo lisonja y aprobación. Una y otra vez ataca a los medios que se le oponen, los intenta descalificar, les veta el acceso de la Casa Blanca, humilla en público a sus periodistas y los califica como “enemigos del pueblo”.

Trump ha acusado repetidamente a los medios de ser “corruptos” o de tener “sesgo izquierdista”.

Bajo nimios argumentos retiró los fondos asignados a la Corporation for Public Broadcasting (CPB), que apoya a la National Public Radio (NPR) y a la televisora Public Broadcasting Service (PBS).

Una de sus estrategias favoritas es el uso de demandas para intimidar a los medios y los periodistas. Así solicitó a The New York Time el pago de 15 000 millones de dólares, por la publicación de varios artículos presuntamente “maliciosos”, y a The Wall Street Journal lo demandó por 10 000 millones tras la publicación en septiembre 2025 de un artículo del Wall Street Journal (WSJ) sobre las relaciones pasadas de Donald Trump con el empresario y depredador sexual Jeffrey Epstein. El presidente prohibió a sus periodistas viajar a bordo del Air Force One.

Más recientemente entabló una demanda contra la BBC británica por debido a una alegada manipulación de sus palabras en un documental de esa cadena.

Las demandas hasta ahora no han avanzado en los tribunales, pero sí crean zozobra y miedo en el ecosistema mediático estadounidense y tienen efecto intimidatorio sobre el periodismo de investigación.

A los pocos días del inicio del mandato de Trump,  la Casa Blanca prohibió a los periodistas de Associated Press cubrir sus convocatorias en represalia por su negativa a adoptar el nombre elegido por Trump de «Golfo de América» para el Golfo de México.

La política trumpiana de uso interesado de la justicia también llega hasta la prensa. Hace unos días, agentes del FBI registraron la casa de una periodista del Washington Post, como parte de una investigación sobre el manejo de información clasificada. Los agentes incautaron computadoras portátiles, un teléfono y un reloj inteligente durante el registro.

Es extremadamente raro este tipo de registro, incluso en investigaciones de información clasificada. Una ley de 1980 prohíbe las órdenes de registro de los materiales de trabajo de los periodistas, a menos que estos sean sospechosos de cometer un delito relacionado con dichos materiales.

Significativamente, Hannah Natanson, la reportera del Washington Post investigada, había pasado el último año cubriendo los esfuerzos de la administración Trump por despedir empleados federales y reflejando el enojo, la frustración y el temor de esos ciudadanos. En los meses más recientes, Natanson había contribuido a varios artículos del Times sobre la campaña de presión estadounidense contra Venezuela.

Trump también ha arremetido contra los humoristas políticos que lo convierten en el blanco preferido de sus parodias y que se atrevieron a criticar la política genocida de Israel apoyada por Washington. Trump celebró públicamente la suspensión del programa de Jimmy Kimmel en ABC, por presiones de su administración por los comentarios críticos del comediante.

En uno de sus múltiples comentarios despectivos a los profesionales de la prensa, Donald Trump le espetó “¡Cállate, cerdita!” a la periodista de Bloomberg Catherine Lucey en una conferencia de prensa el pasado noviembre.

Pero Trump, como buen narcisista no puede eludir totalmente a la prensa; en lugar de eso, la usa; y la prensa ha caído en su trampa. Como describía en The Atlantic George Packer:  «Trump corrompe a todos los que se le acercan: cónyuges, hijos, seguidores, cómplices, lacayos. Corrompe a la prensa al obsesionarla, al inundarla con tanta mierda que las noticias se vuelven casi indistinguibles de tonterías y mentiras, al incitarla a intercambiar la independencia por el activismo, al desmoralizarla con el reconocimiento de que a gran parte del público ya no le importa nada».

La brutalidad de la fuerza
«Con regio acento gritará: «matanza»,
Los perros de la guerra desatando;
Y el hálito de hazaña tan inicua
Del suelo ascenderá con los gemidos
De humanos cuerpos que sepulcros piden.»

William Shakespeare En Julio César, Acto 3, escena 1

A las ansias de poder de Trump no le bastan con una dictadura interna; él necesita sentirse el Dictador mundial. Y eso le viene como anillo al dedo a los magnates financieros, petroleros, tecnológicos y a los ideólogos de “la paz a través de la fuerza” que están detrás de esta administración.

El poderoso y artero ataque con Venezuela, el pasado 3 de enero, tras meses de amenaza militar y años de cerco económico y político, fue el debut brutal de la nueva doctrina de seguridad nacional del imperio, un vuelco violento al tablero geopolítico internacional y un porrazo al status quo de un mundo basado en reglas (no pocas veces desconocidas).

Amenazando en su poder incontestable hasta hoy, erosionada la hegemonía del dólar en las finanzas mundiales, ahogado en deudas, golpeado en el atraso de infraestructuras críticas, necesitado de recursos naturales cuantiosos para sostener su economía depredadora y el alto nivel de vida promedio de su sociedad, los Estados Unidos y sus círculos de poder hoy encarnados en la mesiánica figura de Donald Trump han apostado por la guerra (no fue simbólico el cambio de nombre de esa cartera de gobierno) como huida hacia delante de tan graves desafíos.

Echando a la basura el globalismo, el libre comercio y otras doctrinas del medio siglo último, el poder imperial apuesta por enfrentar a China, como objetivo principal, retomando su predominio en las Américas y golpeando a los aliados de la potencia emergente, entre ellos Rusia.

La guerra, la fuerza bruta, sigue siendo el instrumentos esencial de la doctrina imperial; pero desecha la lógica de la ocupación territorial (que tan costosa les ha salido) por el ejercicio neocolonial del control de los recursos y nodos estratégicos: energía, minerales críticos, logística, estándares técnicos y otros.

América Latina y el Caribe es escenario principal de la nueva doctrina. Estados Unidos pretende prevalecer a través de la fuerza en esta región y suprimir la presencia de China y Rusia en esta parte del mundo.

El mensaje que se intentó transmitir el 3 de enero es que ningún Estado de la región puede estar fuera de los designios del imperio estadounidense.

Aunque la dictadura que pretende Washington no es meramente regional, sino global. Más allá de que saben que la euforia hegemónica tras la caída del Muro de Berlín ha terminado.

A diestra y siniestra lanza el dictador amenazas. Canadá debe anexarse a EE.UU, México debe ser intervenido para controlar el narcotráfico, igual Colombia, el Canal de Panamá debe regresar al control estadounidense, Cuba debe ser rendida o arrasada, Groenlandia debe ser tomada o comprada, Irán debe ser socavada o bombardeada.

En la mesa en el Despacho Oval, Trump tiene una maqueta de los bombarderos B-2 que se utilizaron en los ataques contra Irán a mediados del año pasado; cuentan los reporteros del New York Times, quienes lo notaron más envalentonado que nunca tras la operación en Venezuela.

El dictador pone el show, da las órdenes, se regodea mirando el mortífero espectáculo de fuerza en Caracas; sus estrategas conceptualizan sin afeites las pretensiones imperiales:

Como definen los investigadores de Misión Verdad: Estados Unidos ha “dejado de disfrazar la lógica de poder que subyace en su Estrategia de Seguridad Nacional: la geopolítica de las grandes potencias, especialmente de Estados Unidos, ya no se negocia en términos de consenso, sino de imposición letal».

En el colmo del paroxismo, Trump acaba de enviar una carta al primer ministro de Noruega donde escribe: » considerando que tu país decidió no darme el premio Nobel por haber detenido ocho guerras Y MÄS, ya no siento la obligación de pensar únicamente en la Paz (…) Ahora puedo pensar en lo que es bueno y adecuado para los Estados Unidos de América» (sic).

Es el fascismo, estúpido

Podrán empaquetarla en celofán republicano o con lazos de democracia, pero el gobierno de Trump es una dictadura de corte fascista.

Su pensamiento, sus expresiones xenófobas y racistas, su aliento represor, sus apetencias guerreristas y de dominación son acompañadas por un equipo de lo más selecto del pensamiento fascistoide en Estados Unidos.

Desde que Elon Musk colocó su mano derecha en el pecho y luego subió el brazo en diagonal al mejor estilo hitleriano el mismo día de la investidura presidencial de Trump hasta las declaraciones más recientes de altos funcionarios y departamentos gubernamentales, es notorio un auge de la ideología supremacista, las señales y referencias al fascismo, el nazismo y el supremacismo blanco en esta Administración estadounidense.

El 8 de enero pasado, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, ofreció una conferencia de prensa tras un atril, donde se leía: “Uno de los nuestros, todos los suyos”, que fue usado por las SS nazis en la horrenda masacre de la aldea de Lídice, en Checoslovaquia, aunque algunos atribuyen el origen de la frase al régimen franquista.

Un mensaje del Departamento de Trabajo de que “Estados Unidos es para los estadounidenses”, han sido comparado con el lema del nazismo que decía “Alemania es para los alemanes”.  Otro más reciente, acompañando una foto animada de George Washington reza “Una patria. Un pueblo. Una herencia. Recuerda quién eres, estadounidense”, lo que fue visto como una referencia a una frase usada por la maquinaria de propaganda nazi, que rezaba:“Un pueblo, un imperio, un líder”.

Stephen Miller, vicejefe de gabinete de la Casa Blanca, y principal estratega de la arremetida antinmigrante de Trump es el corazón fascista de esta administración. No sólo es un extremista anti-inmigración, también es un nacionalista blanco, y un anticomunista furibundo. Bajo su influencia la maquinaria del ICE se ha convertido en un instrumento de miedo y terror racial.

Cuentan que en Washington DC, el pasado 20 de agosto de 2025, después de ser abucheados por protestantes al entrar en una  hamburguesería con el vicepresidente J.D. Vance y el secretario de la Guerra Pete Hegseth tras una visita a las tropas de la Guardia Nacional, Miller les espetó a los manifestantes:

«Son ellos los que han estado trabajando para el uno por ciento. Son criminales, asesinos, violadores y narcotraficantes. Y estoy contento de estar aquí porque yo, Pete y el vicepresidente vamos a abandonar este lugar e, inspirados por ellos, vamos a sumar miles de recursos más a esta ciudad para cazar a los criminales y expulsar a los miembros de bandas. Vamos a desactivar estas redes, y vamos a demostrar que la ciudad puede servir a los ciudadanos que respetan la ley. No vamos a permitir a los comunistas destruir una gran ciudad americana, no digamos ya la capital de la nación… «

Ahora Miller es también el estratega de la fuerza para imponer el poder imperial. En una entrevista reciente en CNN declaró: “El mundo real se rige por las ‘leyes de hierro’ de la fuerza y el poder, más que por protocolos internacionales. Vivimos en un mundo en el que puedes hablar todo lo que quieras sobre sutilezas internacionales y todo lo demás, pero vivimos en un mundo, el mundo real, que se rige por la potencia, que se rige por la fuerza, que se rige por el poderío. Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”.

“Los responsables políticos de esta Administración y agencias como el Departamento de Seguridad Nacional y otros ya casi no se molestan en usar mensajes subliminales ni lenguaje codificado”, aseguró al diario español EL PAÍS Wendy Via, presidenta y fundadora de la organización Proyecto Global Contra el Odio y el Extremismo (GPAHE, por sus siglas en inglés). “Están utilizando descaradamente referencias supremacistas blancas y nazis en sus imágenes y lemas, en un intento de reclutar personal e influir en el pensamiento estadounidense. Ya ni siquiera intentan defender sus acciones. Su vergonzosa resurrección de la propaganda de la América blanca, similar a la de hace décadas, ilustra perfectamente la visión de esta Administración sobre cómo debería ser el futuro de Estados Unidos”.

¿Cuál será el epílogo?
«No aceptes lo habitual como cosa natural.
Porque en tiempos de desorden,
de confusión organizada,
de humanidad deshumanizada
nada debe parecer natural.
Nada debe parecer imposible de cambiar»
Bertold Brecht

El Trump que cada día pone un dedo en el mapa y dice “me gusta este país”; se parece al  Adenoid Hynkel (Hitler) de El Gran Dictador, que se encerraba en su despacho a juguetear con un globo terráqueo. Una parodia fabulosa de Chaplin de los sueños de dominio global del dictador nazi.

Lo terrible es que los sueños de dominación de Trump, terminen como los juegos de , con el globo terráqueo explotando en sus manos. Sólo que esta vez se trata de un mundo repleto de armas nucleares.

Únicamente la dignidad de las naciones y el valor de los pueblos pueden significar un final diferente.

Y entre esos actores de cambio está el pueblo estadounidense: en las calles y en las urnas. El mandamás tiene terror. Manda a las calles más policías y guardias para enfrentar la protesta, mientras moviliza a sus visiblemente divididas huestes para la contienda electoral de noviembre: Teme que una derrota en el Congreso le abra el camino al «impeacment»; y no son pocos los que se preparan para la ocasi{on.

Aunque el forajido le puede dar por otro golpe de tablero fuera o adentro. Mientras preparan una operación militar contra Irán y una toma de Groenlandia, Trump concedió una entrevista a la agencia Reuters en la que expuso frustración ante la posibilidad de que los Republicanos pierdan el control del Congreso en Noviembre, pese a los muchos logros de su presidencia: “cuando piensas en eso, no deberíamos siquiera tener una elección”.

El destino de la humanidad está en juego. Un mitómano fascista y un gobierno imperial guerrerista pretenden gobernarlo por la fuerza.

Como convocara ante el fascismo hitleriano Julius Fucick:

¡Estad alertas!

Tomado de Cubadebate / Foto de portada: Nathan Howard/Reuters

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