La “Nuestra América” de José Martí. Por Francisca López Civeira
En enero de 1891, Martí publicó su emblemático ensayo “Nuestra América” que contiene todo un programa de liberación, descolonizador para el espacio continental que identifica con ese término, así como de enfrentamiento a nuevos peligros; entonces resulta muy útil revisar qué significaba para él esa “nuestra América”, cómo llegó a su formulación, así como su contenido y proyección.
Desde su llegada a México en enero de 1875, primer país de la América Latina independiente que pudo conocer directamente, comenzó a construir lo que sería después un concepto. En aquel país utilizó por primera vez ese término cuando, ante la tendencia a copiar moldes europeos o estadounidenses, estableció una comparación acerca de las características definitorias y expresó: “Si Europa fuera el cerebro, nuestra América sería el corazón. Otros pensarán más, nadie sentirá mejor.”[1] Esta afirmación la hacía en un comentario sobre el drama “Hasta el cielo” de José León Contreras, momento que le permitió ya establecer un sentido de identidad colectiva de esta parte del mundo, destacando nuestros valores en el sentimiento.
En Guatemala, adonde llegó en marzo de 1877, precisaría más el espacio geográfico que definía con tal denominación. A su llegada se le solicitó una obra para conmemorar la independencia y en unos cinco días escribió “Patria y Libertad”, que subtituló “Drama indio”. Aquí Martí creó personajes como Indiana, Coana, Pedro, Pueblo, Indio, Martino que representan el ideal independentista y enfrentan a personajes que simbolizan el dominio colonial como don Pedro, Padre Antonio, Noble, Doña Casta. Martino, que ejerce un liderazgo independentista, expresa la tradición histórica que les acompaña y en ello menciona como de una sola cultura a diferentes figuras originarias: Moctezuma, Haití, Cuauhtémoc, Hatuey. Aquí expresa Martino: “y el áureo sol del genio de Bolívar que no se ponga nunca en nuestra América” y se presenta ante el pueblo:
Soy la oveja
que se revuelve indómita ante el lobo
y exánime y atónito lo deja,
con el arma de Maipú y Carabobo.
Soy de Hidalgo la voz. Soy la mirada
ardiente de Bolívar. Soy el rayo
de la eterna justicia, en que abrasada
América renace,
Desde las fuentes en que el Bravo nace
hasta el desierto bosque paraguayo.[2]
En carta a Valero Pujol, de 27 de noviembre de 1877, le explica: “canté una estrofa del canto americano, que es preciso que se entone como gran canto patriótico, desde el brillante México hasta el activo Chile”, con lo que precisaba mejor el espacio geográfico que comprendía, y le hablaba de “nuestra América fabulosa”, al tiempo que afirmó: “Yo nací en Cuba, y estaré en tierra de Cuba aun cuando pise los no domados llanos del Arauco. El alma de Bolívar nos alienta; el pensamiento americano me transporta.” En esa carta afirmaba también que “La manera de celebrar la independencia no es, a mi juicio, engañarse sobre su significación, sino completarla.”[3]
Sin duda, Martí iba precisando la idea de “nuestra América”, que transitaba a convertirse en un concepto, expresado con toda claridad en su ensayo de enero de 1891, donde muestra con absoluta claridad lo que nos identifica, nos une a través de la historia, en la que hermana toda la lucha por la independencia en sus diferentes espacios americanos; pero más aún, presenta un llamado de acción ante los peligros a enfrentar.
Acerca de los retos y las acciones a desarrollar que Martí identificó, tenemos los problemas sociales, los culturales, el peligro de las ambiciones del imperialismo en formación en el Norte, así como el de que “el tigre”, vuelve “al lugar de la presa” con “zarpas de terciopelo” y afirma que “la colonia continuó viviendo en la república”.[4]
Sin duda, la estancia de Martí en países de nuestra América (México, Guatemala, Venezuela) fue fundamental para estudiar sus culturas, así como lo que había significado la independencia del dominio español y hasta dónde había llegado, lo que le permitió elaborar el concepto de “nuestra América”, así como una proyección hacia el futuro cercano, pues comprendió que se había expulsado a España como dominador, pero la “colonia” se mantenía en estas sociedades, asunto que requiere otro análisis.
En los ejemplos mostrados aquí, podemos ver los hitos fundamentales de la elaboración del concepto planteado, cómo el joven Martí fue elaborando la idea y, justo en enero de 1891, ante el peligro inminente que representó la realización de la Conferencia Internacional de Washington entre 1889 y 1890, cuando comprendió que Estados Unidos era el “peligro mayor” que comenzaba ya a actuar para el dominio de nuestros pueblos, publicó su extraordinario ensayo. Era necesario empezar a actuar frente a ese peligro, y debía hacerse desde “nuestra América”. El ensayo culmina con un gran llamado:
¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva![5]
Y comenzaba alertando: “Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabera, sino con las armas de almohada”. Había que construir esa América nueva.
Notas:
[1] José Martí: Obras Completas, Vol. 6., Centro de Estudios Martianos, La Habanas, 2002, p. 423. (Todas las citas de Martí se toman de esta edición, por lo que solo se referenciará volumen y página).
[2] Vol. 18, pp. 129-151.
[3] Vol. 7, pp. 109-112.
[4] Vol. 6, pp. 15-23.
[5] Ibid.
Tomado de REDH-CUBA

