Cuba

La reciente medida anunciada por el gobierno de Estados Unidos contra Cuba es una decisión criminal e irresponsable. Por José Ernesto Novaez

La reciente medida anunciada por el gobierno de Estados Unidos contra Cuba es una decisión criminal e irresponsable, que estrecha el cerco contra la isla, provocando un innecesario dolor y sufrimiento en el pueblo cubano, por razones de politiquería inmoral.

Cuba no es una amenaza a la Seguridad Nacional de Estados Unidos y eso las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia de Estados Unidos son los primeros que lo saben. Las acusaciones sobre la supuesta base china ya fueron desmentidas en su momento por el gobierno cubano y funcionarios norteamericanos (https://www.france24.com/es/ee-uu-y-canad%C3%A1/20230609-gobierno-cubano-y-pent%C3%A1gono-niegan-informaciones-de-que-china-abrir%C3%ADa-una-base-esp%C3%ADa-en-la-isla). El resto de las acusaciones de bases rusas, Hamás y etcétera parecen más bien un saco donde, para mantener la coherencia con su narrativa, echaron a todos los países y organizaciones que no les gustan, antes que una afirmación con basamento real.

La medida establece tarifas, sin fijar montos, contra productos provenientes de países que le vendan combustible directamente a Cuba o a un tercero que se lo revenda a Cuba. En pleno siglo XXI, es un intento por negarle a un país el acceso al recurso clave de nuestra civilización en el momento actual. Es una medida que causará mucho dolor en el pueblo cubano, sin representar un esfuerzo significativo adicional para la horrible maquinaria sancionatoria de los Estados Unidos.

El odio visceral del actual Secretario de Estado, principal artífice de la actual política contra Cuba y la región y principal ejecutor de esta nueva medida, se alimenta de los afanes ideológicos de revancha de los descendientes de la histórica burguesía cubana refugiada en Miami y de los intereses económicos de este grupo, que ha lucrado con el dinero federal destinado al «cambio de régimen» en Cuba. No hay racionalidad ni intención real de diálogo. Hay coacción, violencia e intenciones de imponer sus intereses.

Si primara un mínimo de razón, se darían cuenta de que en la colaboración con Cuba, siempre que se base en el respeto, hay oportunidades mutuas para ambos países. Una Cuba estable contribuye a la estabilidad regional y a la seguridad nacional de los Estados Unidos, sobre todo en el control del tráfico regional de drogas, así como en el intercambio provechoso entre múltiples entidades como los cuerpos de guardafronteras o los servicios meteorológicos.

Cuba nunca ha rechazado el diálogo con Estados Unidos. Fidel demostró nuestra disposición a llegar a un entendimiento mutuo en numerosas oportunidades. Pero, insisto, debe ser sobre la base del respeto y desde los claros límites que establece la soberanía nacional.

Esta acción criminal también puede servir de marco legal para una escalada de acciones más brutales.

El 3 de enero asistimos al asesinato del precario orden internacional que subsistía después de la II Guerra Mundial. La reacción de la denominada «comunidad internacional» y sus órganos parece ser su epitafio. En este nuevo mundo, el Emperador agrede a sus anchas y, por ahora, los muros internos o externos no parecen contenerlo. Pero como establece la Tercera Ley de Newton, que resulta aplicable también para la política: toda fuerza ejercida en una dirección genera una fuerza semejante en sentido contrario.

En este momento de agresión recrudecida, rechazo firmemente la cobardía de nuestros anexionistas de bolsillo, que celebran toda medida de este tipo; admiro cada vez a mi pueblo, que ha tenido y tiene que pagar un precio extraordinario por haberse atrevido a querer disponer de su propia suerte y espero que haya algún camino posible para encontrar una solución negociada, aunque ante la irracionalidad armada, el razonamiento suele ser un arte difícil.

Sabremos también, en este momento tan difícil, quienes son los verdaderos amigos.

Confío en la resiliencia y solidaridad del pueblo cubano. Y confío en las y los amigos de todas partes del mundo, en los pueblos, que sabrán devolvernos una parte de la solidaridad que hemos dado.

Y aunque espero firmemente que no nos obliguen a eso, se que hay muchas y muchos en Cuba que llegado el caso sabrán responder como en aquel animado de nuestra infancia, cuando Elpidio Valdés se ve rodeado por las tropas españolas en una pequeña habitación y, con su gracia natural, les suelta una sentencia que es la suma del humor y el coraje que el genio de Juan Padrón supo captar en el pueblo cubano:

-¡Caballero, esto es al machete y con la luz apagada!

 

(Añado el enlace a la publicación en inglés en el primer comentario)

Tomado de REDH-Cuba

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