No pueden ni podrán doblegar a Cuba jamás
Con respecto al escrito de ayer 29 de enero, en el sitio web de La Casa Blanca:
Estados Unidos mantiene desde hace décadas la calificación de Cuba como una amenaza para su seguridad nacional. No es un enfoque nuevo. Ya en la década de los noventa, con la Ley Helms-Burton de 1996, se consolidó un marco legal que presenta a Cuba como un problema de seguridad y política exterior, pese al fin de la Guerra Fría y a la desaparición del bloque socialista europeo.
Desde entonces, distintas administraciones han renovado y reactivado esa narrativa bajo fórmulas similares, incluidas declaraciones de emergencia nacional vinculadas a la isla.
El documento publicado hoy, no introduce hechos nuevos ni cambios sustanciales que expliquen esta nueva activación del discurso.
Cuba es un país sometido desde hace más de sesenta años a un bloqueo económico, financiero y comercial, con capacidades militares limitadas y sin proyección ofensiva fuera de su territorio. Presentar a un país bloqueado, sin capacidad de presión real sobre Estados Unidos, como una amenaza para la mayor potencia del mundo, carece de base objetiva y emana maldad.
La acusación se apoya en argumentos ya conocidos. Se señala como riesgo el mantenimiento de relaciones diplomáticas y de cooperación con otros Estados, algo que forma parte del ejercicio normal de soberanía de cualquier país. Ese razonamiento se aplica de forma selectiva y únicamente cuando se trata de Cuba, lo que deja claro que el problema no es la política internacional en sí, sino la persistencia de un proyecto político independiente.
Para más INRI, a 90 millas de su territorio.
Las medidas anunciadas vuelven a intensificar la presión económica y afectan directamente a la población civil. Se restringe el acceso a energía, comercio y recursos básicos mientras se invoca un discurso de derechos humanos que no se traduce en protección real. Derechos humanos que ellos violan diariamente, y que en territorio cubano solo faltan en la base naval de Guantánamo.
La experiencia acumulada demuestra que este tipo de políticas no generan avances democráticos -¿quién quiere la democracia que ellos venden? -, ni estabilidad. Pero sí profundizan las dificultades materiales de la vida cotidiana.
Este movimiento se explica mejor en el contexto político estadounidense actual, marcado por una escalada de declaraciones, decisiones unilaterales y un uso creciente del lenguaje de la confrontación. Una crisis interna en aumento y violaciones en masa a los derechos humanos.
En ese escenario, Cuba vuelve a ocupar un lugar conocido: el de adversario histórico recurrente, útil para reafirmar autoridad, enviar mensajes internos y externos y sostener una política de presión sin asumir costes reales de conflicto directo.
Ningún país puede ser tratado como una amenaza por ejercer su derecho a decidir su política exterior, sus alianzas y su modelo de organización interna.
Este escrito de hoy solo confirma la incapacidad de Estados Unidos para abandonar una política que lleva décadas sin responder a la realidad.
No pueden ni podrán doblegar a Cuba jamás, porque ellos mismos se empeñan en no conocer la historia de este país.
Me permito cerrar citando al apóstol José Martí:
“La libertad cuesta muy cara, y es necesario: o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio.”
Ya saben lo que aquí sobra (y que no pueden arrebatarlo).
Tomado del perfil de Facebook de Ana Hurtado

