Los deseos de Estados Unidos respecto a Cuba.
Por Arthur González.
Desde que el entonces secretario de Estado yanqui, John Quincy Adams, expresara en 1823:
“…hay leyes de gravitación política como las hay de gravitación física, y como una fruta separada de su árbol por la fuerza del viento no puede, aunque quisiera, dejar de caer al suelo, así Cuba, una vez separada de España y rota la conexión artificial que la liga con ella, es incapaz de sostenerse por sí sola y tiene que gravitar necesariamente hacia la Unión Norteamericana…
Esas ambiciones sobre Cuba no han cambiado y actualmente la administración de Donad Trump, con Marco Rubio de secretario de Estado, mantienen la misma política de la Fruta Madura, desconociendo la historia de la Isla.
El 28 de enero de 2026 Marco Rubio, durante una audiencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, declaró abiertamente: “A la Administración del presidente, Donald Trump, le encantaría ver un cambio de régimen en Cuba… No caben dudas de que sería un gran beneficio para Estados Unidos que Cuba dejara de estar gobernada por un régimen autocrático”.
Pero los yanquis no esperan milagros y trabajan sin descanso para lograrlo. Por esa razón refuerzan la presión económica sobre La Habana, pues dicen que el Gobierno cubano tiene los días contados y aseguran que el fin del envío de crudo venezolano a la Isla agudizará la crisis económica, esa que ellos desarrollan hace 66 años para provocar el deseado cambio de régimen.
No se puede olvidar lo que expresó en 1960 Lester D. Mallory, entonces sub secretario de Estado:
… “el único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
Basado en esa línea política, Donald Trump afirmó el 27 de enero 2026: “Cuba está a punto de caer porque, tras la caída del presidente venezolano Nicolás Maduro, ya no recibe crudo venezolano”.
Por esa razón, Washington refuerza la presión sobre La Habana, al soñar que la agudización de las dificultades económicas provocaría la caída del gobierno revolucionario, como expuso Mallory hace 66 años y murió sin verla.
En los años 90, después de la desintegración del campo socialista europeo y la URSS, resultado de los planes elaborados por Ronald Reagan, en su exitoso Programa Democracia con el apoyo del Reino Unido y los demás países de la OTAN, también desde Estados Unidos hicieron pronósticos similares, pero la Revolución cubana resistió la aguda crisis económica que llegó a planificar una opción cero de petróleo, porque los cubanos saben lo que les espera si Estados Unidos y la mafia terrorista de Miami regresaran a gobernar en la Isla.
En primer lugar, todos los beneficios obtenidos en salud, educación, cultura, igualdad de género, razas, acceso al trabajo, seguridad social y la soberanía e independencia, retrocederían al estado que tenían en 1958, que provocó la revolución popular contra el régimen del asesino y dictador Fulgencio Batista.
La propia CIA, responsable de los cientos de planes para asesinar al líder Fidel Castro y de los actos terroristas contra el pueblo cubano, causantes de miles de muertos y cientos de heridos, expuestos en sus múltiples documentos secretos, reconocen que, a pesar de Cuba está borde del colapso económico, no existen evidencias suficientes de que el gobierno de Miguel Díaz-Canel esté al borde de una caída inminente.
Para algunos que olvidan los orígenes de esa crisis económica que afecta a los principales sectores de la economía cubana, como la agricultura, el turismo y la generación de energía, hoy más agudizado por la pérdida del petróleo venezolano, causante de cortes de electricidad de hasta 20 horas diarias en el país, es valedero recordarle que Cuba es el único país del mundo que soporta, desde 1960, una guerra económica comercial y financiera, diseñada precisamente para derrumbar al sistema socialista cubano.
En el propio 1960, a sólo un año del triunfo revolucionario, el presidente Dwight Eisenhower la aplicó a Cuba la Ley de Comercio con el enemigo, de 1917, aún vigente y que se prorroga anualmente desde entonces, la cual prohíbe el comercio, los viajes y las remesas, entre otras sanciones.
A finales de 1961, después de la derrota de la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos organizada por la CIA, el Consejo de Seguridad Ampliado de Estados Unidos aprobó el Proyecto Cuba, conocido como Operación Mangosta, donde se afirma:
“El objetivo de Estados Unidos es ayudar a los cubanos a derrocar al régimen comunista en Cuba e instaurar un nuevo gobierno con el cual Estados Unidos pueda vivir en paz”.
“La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país,las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen, y las de tipo militar darán al movimiento popular un arma de acción para el sabotaje y la resistencia armada en apoyo a los objetivos políticos”.
Cinismo total de los yanquis que pretenden hacerle creer a todos que el gobierno cubano es fallido y el socialismo no es capaz de satisfacer las necesidades del pueblo.
¿Qué país del mundo soportaría 66 años de una criminal guerra económica y la persecución que despliegan los yanquis con el trabajo de la CIA, para entorpecer las relaciones comerciales y financieras de una pequeña Isla? ¿Algún estado de Europa sometido a igual guerra, aguantaría tal situación sin que el pueblo exigiera cambios?
A esa cruel guerra económica hay que sumarle la guerra mediática que han desarrollado contra Cuba, con el respaldo de laboratorios especializados que utilizan las redes sociales para su ejecución, con noticias falsas y tergiversadas para conformar matrices de opinión entre la población, como fue el Twitter conformado hace unos años denominado Zunzuneo, que financió el Departamento de Estado de Estados Unidos, por solo mencionar un ejemplo.
La carta que ahora juega la Casa Blanca y el Departamento de Estado, es el aumento de la persecución de los buques que transportan el petróleo hacia Cuba, con el fin de impedir el suministro estable del producto y generar una crisis total, para que el pueblo se lance a las calles, tal como establece la Operación Mangosta de 1961, donde se afirma:
“La operación está dirigida a provocar una rebelión del pueblo cubano. Esta sublevación derrocará al régimen comunista. La sublevación necesita un movimiento de acción política fuertemente motivado y arraigado en Cuba, capaz de generar la rebelión, de dirigirla hacia el objetivo perseguido y de aprovecharse de su momento clímax”.
“Desencadenar esto debe constituir un objetivo primordial del proyecto. El movimiento popular aprovechará el momento para iniciar un levantamiento abierto. Se tomarán y se mantendrán ocupadas las áreas. En caso de ser necesario el movimiento popular pedirá ayuda a los países libres del hemisferio occidental. De ser posible, Estados Unidos, en concierto con otras naciones del hemisferio occidental, brindará apoyo abierto a la sublevación del pueblo cubano. Tal apoyo incluiría una fuerza militar, si fuera necesario”.
Esos planes tienen total vigencia y lo sucedido en Venezuela así lo confirma, pero los cubanos están dispuestos a defender su patria a todo costo y las recientes Marchas de las Antorchas por el natalicio de José Martí, apóstol de la libertad, es una muestra de lo que tendrán que enfrentar los soldados y marines yanquis, si se les ocurre la descabellada idea de atacar a Cuba, como hicieron en días pasados los combatientes cubanos en Venezuela, valentía que tuvo que reconocer el propio Donald Trump durante una entrevista, al confesar: “Derrocar al gobierno cubano es un asunto más difícil que en Venezuela”.
“Una vez gozada la libertad, no se puede ya vivir sin ella”.
Tomado de El Heraldo Cubano

