EL FASCISMO AL ACECHO
Por Gustavo Espinoza M.
La vertientes dominante del fascismo que asoma hoy, la encarna Donald Trump y en nuestra patria, el fenómeno levanta cabeza a partir de figuras parasitarias de escaso relieve, pero de alta peligrosidad que buscan perpetuar en el país un conjunto de acciones siniestras de corte primitivo, salvaje y terrorista.
El mandatario yanqui simboliza la más alta expresión del hitlerismo contemporáneo. Lo pintan de cuerpo entero los operativos desplegados contra Venezuela Bolivariana, el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores; el asesinato alevoso de combatientes cubanos, venezolanos, y de civiles que cayeron en esa circunstancia; pero también el manejo que le ha dado a la crisis del Caribe desatada por la infinita voracidad del Imperio.
Una tras otra, han ido cayendo las mentiras de Washington y mediante las cuales se pretendió “justificar” esas acciones. El “Cártel de los Soles”, al que se le citó mil veces desde Yanquilandia, quedó en evidencia como lo que era: una burda mentira orientada a justificar un rufianesco ataque que se configura a partir de una sola palabra: Petróleo.
Y lo mismo ocurrió con aquello de la droga “trasladada” desde las costas de Venezuela por vía marítima; sin que la administración norteamericana haya sido capaz de aportar la más mínima prueba de la existencia de un Quete de cocaína a través del proceloso mar de las Antillas, donde hubo no menos de 12 embarcaciones hundidas y casi 100 personas ultimadas.
El señor Trump, en el empeño de presentar la imagen de una “operación quirúrgica” impecable soltó dos inmensas mentiras: Que no había sufrido daño alguno, y que había logrado “someter” al gobierno de Venezuela al extremo que éste estaba “a su servicio”.
La vida ha demostrado que los “invictos” atacantes tuvieron numerosas bajas que han sido escondidas a la opinión pública tanto de los Estados Unidos como del resto del mundo; y que el gobierno bolivariano de Venezuela solo está sometido a la voluntad de su pueblo, y de nadie más. Por eso, hoy el núcleo conductor del proceso se mantiene sólido, afrontando con singular coraje todas las amenazas del Imperio que, además, son ostentosas y púbicas.
Hacen bien quienes sostienen que Donald Trump ha destruido la democracia y todos los principios del Derecho Internacional. Y es que no puede tolerarse que un gobierno se jacte de tener “sometido” a otro, y a su servicio; ni que un país pueda considerarse en el derecho de decidir qué gobierno es aceptable, y cuál no.
Si en Sociología el Hegemón es apenas una palabra para registrar a un país dominante; en política el termino no existe sino se le vincula al sistema financiero al que representa: el Imperialismo en su etapa de descomposición.
Y esa etapa se percibe también cuando se mira lo que ocurre allí mismo, en los Estados Unidos, donde el gobierno recurre a leyes de hace dos siglos para ordenar al ejército que reprima a su propio pueblo; cuando se registran miles de manifestaciones populares en contra del gobierno; cuando el régimen se ve forzado a crear el ICE como fuerza de choque contra las poblaciones migrantes a la que quiere expulsar como se tratara de ganado; y se palpa también cuando amenaza a los gobiernos y países que sostienen posiciones diferentes.
Esta contra México, Colombia, Brasil, Cuba y Nicaragua y hasta Canadá, a quien se propone anexar Y ataca a Dinamarca y a Groenlandia en el corazón mismo de la UE porque sueña con apoderarse de territorios y de riquezas que asegura “le pertenecen”; y apunta contra Irán agrediendo al régimen de los Ayatolas al tiempo que apuntala los planes de Netanyahu para acabar con Gaza y el pueblo de Palestina.
Pero si esto ocurre en el mundo, en nuestro país el derrotero no es diferente. Lo que sucede es que aquí los exponentes del fascismo se colocan en fila sumisa a la espera que el Amo del Norte decida cuál es su “preferido”, tal como ya aconteció en Honduras. Por lo pronto, esperan anhelantes al “enviado diplomático” -el embajador Mr. Navarro– que vendrá pronto a “presentar credenciales” subrayando que, para estar a tono con quienes habrán de recibirlo, él también tiene procesos pendientes por delito de Peculado y otros.
López Aliaga, Keiko, Acuña, Williams Zapata y hasta Espá, se muerden entre sí desesperados porque cada uno ansía tener la bendición del “Ser Supremo”, como consideran a Trump. Y como en marzo estará entre nosotros Marco Rubio -“Narco Rubio”- el asesino de enero, harán los méritos del caso ante sus ojos.
Y es que todos coinciden en lo esencial: Se dan la mano con la corrupción, mantienen intocadas las leyes pro-crimen aprobadas por el Congreso, socapan las mentiras de Jerí apañando su estulticia, y alientan la campaña de prensa orientada a calificar de “rojos” o “caviares” a todos los critican sus acciones.
Y es claro que el telón de fondo es el anticomunismo galopante que les carcome las entrañas. Por eso descargan todo el odio acumulado en sus viseras contra Nicolás Maduro y la causa de Venezuela; por eso hicieron una campaña de mentira contra Claudia Sheimbaum y el embajador de Cuba Zamora Rodríguez. Y por eso también cierran filas contra la Isla de Martí murmurando plegarias para que caiga el socialismo en la Mayor de las Antillas.
Los pueblos no se muestran imperturbables ante esa campaña ni ante el acecho del fascismo. Donde menos se piensa, asoma la voluntad de lucha de millones de personas que no están dispuestas a ceder el paso a nuevas hordas hitlerianas.
No en vano se ha vivido en el mundo la experiencia de la II Gran Guerra y no en vano tampoco ha crecido la conciencia de millones en la lucha nacional liberadora, por la independencia y la soberanía de los Estados, por los recursos de los países y de los pueblos.
Aunque los partidarios de la muerte pretendan cantar victoria, ella no les pertenece. En las condiciones más adversas, podremos evocar las vigorosas palabras de combate de Salvador Allende: “La historia, es nuestra. Y la hacen los pueblos”.
Fuente: Agencias

