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Raíces de una provocación (I)

Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

El 1991, durante la administración del republicano George H.W. Bush, se concibió la creación de la organización terrorista Hermanos al Rescate, para ponerse al frente se eligió a José de Jesús Basulto León, miembro de la fracasada Brigada 2506, con el número 2516, derrotada en Playa Girón y con largo historial delictivo de acciones contra Cuba, se le sumaron otros acólitos y una legión de pilotos cubanos y extranjeros.

Tenía la misión declarada de asistir a los inmigrantes que empleaban, al amparo de la Ley de Ajuste Cubano de 1966 que privilegia a los cubanos, quienes empleaban el canal inseguro, ilegal y peligrosos para intentar llegar a las costas de Florida.

Además, su objetivo en apariencias secreto, era medir la capacidad de respuesta de las autoridades militares cubanas, tras el impacto colosal que significó, de manera integral en la Isla, los cambios políticos y económicos en Europa y la desintegración de la Unión Soviética en desarrollo entontes.

Se “vaticinaba” entonces, como ahora, que la Revolución colapsaría, estimaban que como imaginaban, el irredento archipiélago era un “satélite” de la Unión Soviética por tanto no podría sostenerse.

Las autoridades cubanas toman decisiones dirigidas a reanimar la economía nacional y enfrentar el bloqueo generalizado e incrementado con la titulada Ley Torricelli, que privaría a subsidiarias estadounidenses de ejercer su derecho de libre comercio. El país se abrió a la inversión extranjera y al incremento de la industria turística, sus autoridades dieron amplias facilidades para captar el turismo internacional bloqueado también por las medidas coercitivas estadounidenses, entre ellas impedir a sus ciudadanos viajar a la Isla.

Estaban en curso los preparativos para provocar un enfrentamiento directo entre Cuba y los Estados Unidos. Un nuevo Maine, intentado el 24 de febrero de 1996 y logrado el pretexto infame al producirse uno de los hechos más perturbadores y peligrosos en los finales del primer mandato del presidente demócrata William Clinton, el legítimo y disuasivo derribo, por parte de la fuerza aérea cubana, de dos avionetas intrusas de la citada organización terrorista, cuando violaron, una vez más, el espacio aéreo cubano.

El terrorista Basulto León, reemerge con fuerza en el medio contrarrevolucionario de Miami durante esta administración, no concebía por qué Estados Unidos no había decidido eliminar la amenaza comunista, de su traspatio, que según él, significaba Cuba para el progreso de la democracia versión estadounidense  en el área.

Era una minúscula isla en medio de un mar de capitalismo y de un “socialismo fracasado”. Este provocador, había sido crítico de la CIA en los años 60 por no haber intervenido militarmente en Cuba, después del fracaso de Playa Girón, había exigido más acción de esa agencia cuando él atacó por su cuenta instalaciones civiles en el litoral norte de La Habana, en busca de supuestos asesores soviéticos y después se adjudicó la acción terrorista a nombre de la CIA.

Así se lo narró en 1990, en una extensa entrevista, al terrorista Enrique Encinosa, quien armó con este y otros testimonios similares, un libro titulado Cuba en Guerra, financiado por la Fundación Nacional Cubano Americana y dado a conocer en Miami.

En sus raíces, se registra que en 1992 ya su nueva banda estaba lista para comenzar a realizar acciones “humanitarias” dirigidas a asistir a emigrantes de Cuba que se aventuraban a cruzar el Estrecho de Florida en busca del sueño americano, para muchos convertido en una pesadilla o en un funeral.

El provocador y su compinche de los grupos de infiltración de la CIA, Guillermo Billy Schuss Álvarez, se asociaron, en este engendro financiado también por la FNCA, conducida entonces por su jefe de fechorías, Jorge Lincoln Más Canosa, con quien compartió agresiones y la nómina en CIA.

Al transcurrir los primeros años de la década de los años noventa sin los cambios esperados en Cuba, decidieron que una provocación de envergadura sería el detonante para lograr una confrontación directa entre Estados Unidos y Cuba, que terminase con la Revolución y su régimen social empeñado en la igualdad y justicia social.

Soñaba, que una vez logrado su propósito ocuparía el cargo de su padre de vicepresidente de la Punta Alegre Sugar Sales Company, con su oficina en el edificio del Royal Bank de Aguiar 367, y ocupar su residencia en el exclusivo reparto capitalino de Kohly donde había pasado su infancia.

En los primeros seis meses de 1992, Basulto y Hermanos al Rescate se emplearon en recopilar información sobre la situación interna en Cuba por medio de interrogatorios a los cubanos que llegaban a Miami por la vía marítima, los comúnmente llamados “balseros”, por utilizar la mayoría balsas rústicas.

 Estos, para ser favorecidos a su llegada a Florida, sobredimensionaban los efectos negativos en Cuba, como consecuencia de los cambios políticos en Europa. Sobre el periodo especial en tiempo de paz afirmaban que el país estaba en ruinas, sus defensas militares debilitadas, la falta de fluido eléctrico era generalizada, reinaba el caos y otras noticias agradables a los oídos de los terroristas, que compulsaban una escalada provocadora.

El 18 de julio de 1992, tres aviones de Hermanos al Rescate, con las matrículas N-24325, N-67371 y N-768JH. Se introducen por varios puntos, ha comenzado el proceso provocador.

Foto de portada: Cessna 337 Skymaster similar a los utilizados por Hermanos al Rescate.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

 

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