Internacionales

Vasapollo denuncia la «injerencia criminal de EE.UU.» contra la cooperación médica cubana en Italia

Por Rita Martufi y Salvatore Izzo

También nuestro país está de hecho bajo ataque por parte de EE.UU., que quiere imponernos no colaborar con Cuba de ninguna manera. Sin embargo, Calabria, una de las regiones más pobres de Italia, lucha desde hace años contra la escasez crónica de médicos, con hospitales y servicios de urgencias que corren el riesgo de cerrar y comunidades enteras que quedarían sin atención esencial sin el apoyo de batas blancas que llegan de lejos. En los últimos años, cientos de médicos cubanos han sido llamados para cubrir este vacío, salvando departamentos y garantizando asistencia en territorios donde el sistema sanitario corría el riesgo de colapsar. En varias ocasiones el gobernador Roberto Occhiuto, dirigente de Forza Italia y uno de los posibles nuevos líderes de los ex berlusconianos, ha subrayado que estos profesionales son “todavía una necesidad” para mantener abiertos los servicios sanitarios fundamentales de la región y que los casi 500 médicos ya en servicio deben permanecer, aunque, para responder a las presiones externas, se buscarán doctores de otros países con tal de no interrumpir la asistencia.

Y precisamente mientras nuestra sanidad regional intenta sobrevivir, se está desarrollando una dura e insoportable batalla, esta vez de naturaleza geopolítica, que involucra la salud pública y la soberanía de nuestros servicios sanitarios. Estados Unidos ha etiquetado a Cuba como una “amenaza inusual y extraordinaria” y ha acusado a sus misiones médicas internacionales de ser en realidad formas de trata de personas, llegando a imponer sanciones y restricciones de visado a los funcionarios implicados en estos programas. Se trata de acusaciones rechazadas con firmeza por Cuba y por las autoridades italianas que colaboran con las brigadas médicas, pero que reflejan una evidente estrategia de presión política y diplomática.

Detrás de esta narrativa agresiva de EE.UU. hay una larga historia de sanciones y bloqueo económico que ha devastado la vida cotidiana de los cubanos. Las sanciones estadounidenses, en vigor desde hace más de 60 años, han aislado la economía de la isla, reduciendo el acceso a bienes esenciales, alimentos y medicinas. El resultado es un sufrimiento creciente entre la población, con graves dificultades para acceder a recursos básicos, condiciones que muchos describen como un verdadero crimen contra el pueblo cubano. Estas medidas no golpean solo al gobierno, como a menudo se propaga, sino que devastan sectores enteros de la sociedad, incluido el sistema sanitario, que aun así ha sido capaz de formar a miles de médicos y enviarlos al extranjero para ayudar a otros países.

Una historia de amor por la vida

La cooperación sanitaria cubana nace en los primeros años de la Revolución. Ya en 1963, pocos años después de 1959, un primer contingente de médicos partió hacia la Argelia independiente. Desde entonces, las brigadas internacionalistas han operado en decenas de países de América Latina, África y Asia, interviniendo en contextos de pobreza estructural, terremotos, epidemias y guerras.

En 2005, tras el huracán Katrina que devastó Nueva Orleans, Cuba instituyó oficialmente la Brigada Henry Reeve, especializada en desastres y epidemias graves. Estados Unidos rechazó la ayuda, pero la brigada continuó operando en otros lugares: contra el cólera en Haití, contra el ébola en África occidental, hasta la emergencia del Covid-19 en Europa. En Italia, durante la pandemia, médicos y enfermeros cubanos llegaron a Lombardía y luego a Calabria, en un momento en que nuestro sistema sanitario estaba al límite.

Las acusaciones falsas e infamantes

Estados Unidos acusa a Cuba de trata de personas en sus misiones médicas. “Estas acusaciones –explica nuestro editorialista, Luciano Vasapollo, histórico decano de Economía en La Sapienza y consejero de Fidel Castro y Chávez– son infamantes y carecen de fundamento. Son instrumentos de propaganda política destinados a desacreditar un modelo de cooperación que pone en el centro la vida de las personas y no los intereses económicos. La narrativa occidental dominante intenta transformar la solidaridad en explotación, ignorando el hecho de que Cuba ha enviado decenas de miles de médicos a decenas de países para responder a emergencias sanitarias y necesidades reales de poblaciones olvidadas. Criticar a un país por haber ayudado a otros, mientras al mismo tiempo se exportan armas y se alimentan conflictos, es un doble rasero inaceptable”.

Según Vasapollo, “las sanciones impuestas por Estados Unidos no son simples medidas económicas: son armas que golpean la vida cotidiana de los cubanos. Limitan el acceso a bienes esenciales, medicinas, tecnologías y alimentos. Es un bloqueo que dura desde hace más de seis décadas y que ha empobrecido a generaciones enteras. Hablar de ‘amenaza’ mientras se condena al hambre a un pueblo entero es un crimen moral. El sufrimiento del que se habla no es abstracto: es real, palpable, y deriva de políticas que no tienen nada que ver con la tutela de los derechos humanos y todo con la imposición de un modelo de dominio económico y político”.

Detrás de la narrativa agresiva de EE.UU. hay una larga historia de sanciones y bloqueo económico que ha devastado la vida cotidiana de los cubanos. Las sanciones estadounidenses, en vigor desde hace más de 60 años, han aislado la economía de la isla, reduciendo el acceso a bienes esenciales, alimentos y medicinas. El resultado es un sufrimiento creciente entre la población, con graves dificultades para acceder a recursos básicos, condiciones que muchos describen como un verdadero crimen contra el pueblo cubano. Estas medidas no golpean solo al gobierno, como a menudo se propaga, sino que devastan sectores enteros de la sociedad, incluido el sistema sanitario, que aun así ha sido capaz de formar a miles de médicos y enviarlos al extranjero para ayudar a otros países.

Médicos, no bombas

Para sintetizar este espíritu está la célebre frase de Fidel Castro: “¡Médicos, no bombas!”. “Un lema –explica el profesor Vasapollo– que pretendía contraponer la inversión en salud pública al gasto militar y a la lógica de la guerra. Más allá de las lecturas ideológicas, esa fórmula se ha convertido en el símbolo de una diplomacia sanitaria que ha marcado la presencia internacional de Cuba durante más de medio siglo”.

En los últimos años, varias organizaciones y personalidades, entre ellas en Italia el propio Vasapollo, que implicó en esta iniciativa también al papa Francisco, han propuesto la candidatura de las brigadas médicas cubanas al Premio Nobel de la Paz, reconociendo su intervención en situaciones de emergencia global. La propuesta ha suscitado entusiasmo en los países beneficiarios y fuertes críticas en los ambientes más hostiles a La Habana, reavivando el debate sobre el significado político y humano de estas misiones.

Entrevista a Luciano Vasapollo

Para muchos observadores críticos de las políticas occidentales, el papel de los médicos cubanos no es solo una contribución sanitaria, sino un ejemplo de solidaridad internacional y humanidad. Hablamos de ello con Luciano Vasapollo, economista, cofundador del Capítulo italiano de la Red de artistas e intelectuales en defensa de la humanidad, dirigente de la Rete dei Comunisti y coordinador del CESTES, el centro de estudios de la USB, además de editorialista de FarodiRoma.

Profesor Vasapollo, ¿qué significado histórico atribuye al nacimiento de las brigadas médicas cubanas?

La cooperación sanitaria cubana es uno de los elementos más coherentes y profundos del proyecto revolucionario. No es una elección reciente u oportunista, sino una línea que atraviesa décadas. Cuando Fidel hablaba de “médicos, no bombas”, lanzaba un desafío al mundo: invertir en las personas, no en la destrucción. Este principio ha guiado la formación de miles de profesionales enviados a los contextos más difíciles del planeta.

¿Qué importancia tienen los médicos cubanos para los servicios sanitarios en Italia y en el mundo?

Los médicos cubanos representan un ejemplo extraordinario de altruismo y cooperación humanitaria. Las Brigadas Médicas Cubanas no son una operación comercial o ideológica, sino un gesto concreto de solidaridad internacional. En Calabria, por ejemplo, un contingente de médicos cubanos ha evitado el cierre de departamentos enteros de hospitales, garantizando asistencia donde nuestro sistema sanitario corría el riesgo de colapsar. Del mismo modo, en Cerdeña y en otros países del mundo han trabajado en condiciones a menudo extremas, llevando atención donde faltaban estructuras y personal.

En Italia, en particular en Calabria, la presencia de los médicos cubanos es decisiva. ¿Qué valor político atribuye a esta experiencia?

Ha sido la demostración concreta de que la cooperación Sur-Sur y la solidaridad internacional pueden fortalecer también a un país europeo. Calabria, con carencias estructurales y años de comisariamiento sanitario, ha encontrado en esos médicos una respuesta inmediata y competente. Las presiones externas para que se interrumpa esta colaboración son preocupantes. La sanidad debería quedar al margen de las lógicas de poder.

Estados Unidos acusa a Cuba de trata de personas en sus misiones médicas. ¿Qué respuesta da a estas afirmaciones?

Estas acusaciones son infamantes y carecen de fundamento. Son instrumentos de propaganda política destinados a desacreditar un modelo de cooperación que pone en el centro la vida de las personas y no los intereses económicos. La narrativa occidental dominante intenta transformar la solidaridad en explotación, ignorando que Cuba ha enviado decenas de miles de médicos a decenas de países para responder a emergencias sanitarias y necesidades reales de poblaciones olvidadas. Criticar a un país por haber ayudado a otros, mientras al mismo tiempo se exportan armas y se alimentan conflictos, es un doble rasero inaceptable.

Las acusaciones falsas e infamantes parecen insertarse en una estrategia más amplia. Cuba ha sido definida como una “amenaza inusual y extraordinaria”. ¿Cómo interpreta esta definición?

Son expresiones que deben leerse dentro de una estrategia geopolítica. La verdadera anomalía no es Cuba, sino el hecho de que un país pequeño y bajo embargo logre expresar una solidaridad internacional tan amplia. Las brigadas son acuerdos entre Estados soberanos, transparentes, y han salvado vidas en contextos donde nadie quería o podía intervenir. Transformar la solidaridad en un crimen es una inversión de la realidad.

¿Qué piensa de la propuesta de conceder el Nobel de la Paz a los médicos cubanos?

Habría sido un reconocimiento justo. No porque Cuba necesite medallas, sino porque sería un mensaje al mundo: la paz se construye con la salud, la educación y la cooperación. Esas mujeres y esos hombres han enfrentado el ébola, terremotos, pandemias. Han trabajado en condiciones extremas. Un Nobel a las brigadas sería un Nobel a una idea diferente de relaciones internacionales.

¿Cuál es hoy la situación interna de Cuba debido a las sanciones?

La situación es dramática. Las sanciones impuestas por Estados Unidos no son simples medidas económicas: son armas que golpean la vida cotidiana de los cubanos. Limitan el acceso a bienes esenciales, medicinas, tecnologías y alimentos. Es un bloqueo que dura desde hace más de seis décadas y que ha empobrecido a generaciones enteras. En algunas zonas se sufre hambre, y no por incapacidad interna, sino por un sistema de restricciones que obstaculiza cualquier transacción internacional. Hablar de “amenaza” mientras se condena al hambre a un pueblo entero es un crimen moral. El sufrimiento no es abstracto: es real, palpable, y deriva de políticas que no tienen nada que ver con la tutela de los derechos humanos y todo con la imposición de un modelo de dominio económico y político.

¿Qué lección deberíamos extraer en Europa de esta situación?

Que la salud no puede ser terreno de confrontación geopolítica. Si un médico cura, salva una vida, reduce el sufrimiento, eso ya es diplomacia de paz. Europa e Italia tienen la oportunidad de elegir un camino de respeto a la soberanía y a la cooperación, en lugar de someterse a la hegemonía de poderes externos. La llegada de los médicos cubanos es una lección de humanidad que debería hacernos reflexionar sobre lo que significa realmente cuidar a las personas, especialmente en momentos de dificultad. Cooperar no es debilidad, es una elección de civilización.

En un tiempo marcado por guerras y tensiones globales, la historia de las brigadas cubanas y la controversia que las rodea vuelven a poner en el centro una pregunta simple y radical: ¿qué modelo de mundo queremos sostener, el de las bombas o el de las batas blancas?

Tomado de Farodi Roma / Foto: Roberto Occhiuto

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