Estados Unidos se vuelve a equivocar con Cuba
Por Arthur González.
La historia del enfrentamiento de Estados Unidos con Cuba no se puede pasar por alto, desde Dwight Eisenhower hasta el pedófilo Donald Trump, todos los presidentes demuestran sus errores, equivocaciones y el desprecio con que han llevado la política hacia la Isla, sean del partido demócrata o del republicano.
No vale que Cuba tenga disposición para mantener una relación cordial y respetuosa con Estados Unidos, porque la prepotencia yanqui no acepta que exista un país al borde de su frontera, con un gobierno que desafíe su poderío y se niegue a plegarse a sus dictados. Así consta en sus documentos desclasificados.
En el 1er Programa de Acciones Encubiertas que Eisenhower le aprobó secretamente a la CIA, el 17 de marzo de 1960, se expone:
“El propósito del programa aquí expuesto es provocar la sustitución del régimen de Castro por uno que responda mejor a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para Estados Unidos”.
Ese objetivo fracasó estrepitosamente en el desembarco de la brigada mercenaria por Bahía de Cochinos, que tenía la ilusión de derrocar a la Revolución e imponer el anhelado gobierno que respondiera a Estados Unidos, como hicieron todos los gobiernos desde 1902 hasta 1958.
Los yanquis no aceptaron la derrota y por eso el presidente J. F. Kennedy, ordenó la confección de un nuevo Programa de Acciones Encubiertas con mayor alcance, al decidir conformar el Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad Nacional, el cual se encargaría de poner en práctica el llamado Proyecto Cuba, bajo el nombre código de Mangosta, aprobado el 18 de enero de 1962, cuyo objetivo dice:
“El objetivo de Estados Unidos es ayudar a los cubanos a derrocar al régimen comunista en Cuba e instaurar un nuevo gobierno con el cual Estados Unidos pueda vivir en paz”.
Durante 67 años los yanquis han trabajado con fuerza para derrocar al gobierno cubano, mediante actos terrorista contra la economía, la cultura, los servicios, el transporte naval, aéreo y terrestre; creación, financiamiento y abastecimiento de grupos de bandidos en las zonas montañosas, reclutamiento de personas para conformar redes de espionaje al servicio de la CIA, aplicación de una guerra económica, comercial y financiera para impedir el desarrollo del país, unido a la guerra biológica contra los seres humanos, la fauna y la flora cubana.
En las últimas décadas aplicaron también la guerra mediática, a través de sitios en Internet, estaciones de radio y TV, libros, filmes, música, conferencias y todo tipo de publicaciones para envenenar la mente de cubanos y extranjeros y restarle apoyo a la Revolución.
Ninguno de esos proyectos les dio resultados y aunque fueron denunciados por Cuba, los yanquis nunca abandonan el objetivo de imponer un gobierno “que sea aceptable para Estados Unidos”.
La actual coyuntura internacional en el 2do gobierno de Trump y la designación de Marco Rubio como secretario de Estado, le dan un nuevo aire a la política anticubana, al ser este de origen cubano y deberle su carrera política a la mafia terrorista anticubana de Florida, que le posibilitó acceder a un puesto en el Senado. Por ese motivo su proyecto es lograr un cambio de gobierno en Cuba e imponer nuevamente uno que se pliegue totalmente a los yanquis, devuelva las propiedades nacionalizadas y cambie el sistema político y económico cubano, según los dictados de la Ley Helms-Burton aprobada por el presidente Bill Clinton, el 1ro de marzo de 1996.
El 25 de febrero de 2025 al hablar con periodistas en la reunión de la Comunidad del Caribe en San Cristóbal y Nieves, Rubio expresó: “Cuba necesita cambiar y no tiene que cambiar todo de golpe, ni tiene que cambiar de un día para otro. Todos aquí somos maduros y realistas, pero necesitan hacer reformas drásticas…obviamente a Estados Unidos le encantaría ver eso”.
El plan yanqui es incrementar la asfixia económica, incrementada con el impedimento de la entrada de petróleo a Cuba, algo que agrava la situación interna al afectar la salud, educación, transporte, la agricultura, producción de alimentos e incluso la recreación del pueblo.
Desde hace días, Trump ha lanzado amenazas de “tomar control de Cuba, ya sea de forma amistosa o de forma hostil”, repitiendo que el Gobierno de La Habana “caerá muy pronto” porque la Isla “está en ruinas”. Sin embargo, omite decir que desde hace 67 años Estados Unidos persiste en mantener la guerra económica, comercial y financiera y ahora con el bloqueo petrolero impuesto por Washington en enero pasado y aun así no logra sus propósitos imperiales.
Trump y Rubio no cuentan con la firmeza de principios de la mayoría del pueblo de Cuba, quienes, como los iraníes, están dispuestos a defender la soberanía e independencia al precio que sea necesario, y de lanzarse con una ofensiva militar, seguramente ya planificada, no les será un paseo fácil, como pudieron comprobarlo en Venezuela con la valiente actitud de los militares cubanos.
Ambos deben saber que, para los cubanos, como dijera José Martí: “La independencia es condición de esencia de la vida”.
Tomado de El Heraldo Cubano

