Cuba

Yo protesto

Por Michel Torres Corona (*) / Dibujo Adán Iglesias Toledo (**)

La propaganda contra Cuba insiste en mostrar que el pueblo cubano está compuesto por “carneros” que no se atreven, por cobardía y sumisión, a enfrentarse a la “cruel dictadura”. Sin embargo, la historia de Cuba está llena de ejemplos de hombres y mujeres que supieron alzar su voz o enfrentar —arriesgando la vida o posibles comodidades— a poderes despóticos y mandatarios corruptos.

Casi legendaria es la Protesta de Baraguá, cuando el también mítico Antonio Maceo decidió, en 1878, no firmar la Paz del Zanjón y continuar la guerra contra España, a pesar de estar en abrumadora desventaja. Pero no es leyenda ni mito: sucedió. Maceo se entrevistó con el Capitán General Arsenio Martínez Campos y allí hizo patente que el armisticio sin independencia para la Patria ni abolición de la esclavitud era inadmisible. La que se conociera luego como Guerra de los Diez Años terminaría como fracaso de las tropas mambisas pero el ejemplo digno de Baraguá fue una fuente de inspiración —lo sigue siendo hoy— para los revolucionarios cubanos.

Histórica también es la conocida como Protesta de los Trece, protagonizada por un grupo de jóvenes que, liderados por Rubén Martínez Villena, denunciaron la corrupción del gobierno de Alfredo Zayas. Corría el año 1923 y las nuevas generaciones colisionaban contra algunas figuras que habían alcanzado renombre con las luchas decimonónicas (como el propio Zayas u otros de triste y homóloga celebridad, como José Miguel Gómez, Mario García Menocal, Gerardo Machado). La situación de la república neocolonial, dirigida a través de gobiernos títeres por los estadounidenses y encadenada por la Enmienda Platt que impusieran durante la intervención militar a la Constitución, provocaba vergüenza e indignación entre los jóvenes patriotas.

Imposible olvidar al abogado Fidel Castro Ruz, y su denuncia jurídica del golpe de Estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952. Apertrechado de moral y argumentos, Fidel pidió una severa condena para Batista que, por supuesto, nunca se concretó. Las autoridades dictaminaron que lo que había ocurrido no había sido un golpe sino una “revolución” y que, por ende, esta era legítima “fuente de derecho”. Fidel respondería luego tildando este hecho de “zarpazo”, y comenzando entonces a planear una verdadera Revolución que triunfaría años después, el 1ro de enero de 1959.

Los enemigos de la Revolución, sin tener en cuenta la historia de nuestro pueblo, han acusado al Estado socialista cubano —durante la segunda mitad del siglo XX y lo que va de XXI— de reprimir todo ejercicio de libertad política individual, incluida la protesta. No reconocen, claro está, el ejercicio colectivo de esas libertades, en multitudinarias concentraciones que a lo largo de décadas han colmado los espacios de la Plaza de la Revolución y de la Tribuna Antimperialista, por solo mencionar dos lugares emblemáticos de La Habana.

Sin embargo, la Constitución cubana actual (vigente desde 2019) también reconoce derechos políticos individuales, entre ellos, el de la manifestación. Y en la práctica, cuando han ocurrido manifestaciones pacíficas (algunas, incluso, sin autorización de las instituciones competentes, en agravio a lo normado) no ocurre represión ni arrestos. Hace unos días, por solo citar un ejemplo, unos 30 estudiantes decidieron hacer una “sentada pacífica” en la icónica Escalinata de la Universidad de La Habana, en protesta por el régimen de clases a distancia que se tuvo que imponer por la crisis energética actual provocada por el recrudecimiento del bloqueo estadounidense.

Si fuéramos a dejarnos llevar por la propaganda contra Cuba, habría muertos y heridos y un despliegue violento de fuerzas represivas para acabar con la “osadía” de esos jóvenes. Pero la realidad fue otra. La respuesta del Estado cubano fue el diálogo. La rectora de la Universidad y el Ministro de Educación Superior se reunieron con los muchachos de la sentada y llegaron a acuerdos. No hubo consecuencia legal alguna para ellos.

Por supuesto, una cosa es la protesta pacífica y otra, muy distinta, el vandalismo. Recorrieron el mundo las imágenes de hombres enmascarados destruyendo y quemando la sede del Partido Comunista de Cuba en Morón, Ciego de Ávila. Todo el descontento y la frustración acumulados por la compleja coyuntura actual no pueden justificar el terrorismo, la violencia gratuita, el saqueo. El propio Presidente de la República afirmó que es comprensible la irritación pero no habrá impunidad para los que violen la ley, para los que agredan. Y no solo fue el gobierno cubano: medios no alineados con la Revolución cubana, como Deutsche Welle y la BBC también se refirieron a estos hechos en términos de “vandalismo”, “saqueo”, etc.

La propaganda contra Cuba se basa en mentiras: en este país se protesta, se denuncia lo mal hecho, se alza la voz contra injusticias y se discute a diario, contrastándose distintas opiniones. No somos “carneros”. Eso sí: estamos decididos, de conjunto con el Estado, a defender nuestra Constitución, defender la Revolución y el socialismo. Esa es también nuestra forma de protestar contra los que intentan asfixiarnos.

(*) Michel E. Torres Corona, abogado y comunicador cubano, conductor del programa «Con Filo» de la Televisión Cubana. Director del grupo editorial Nuevo Milenio, es además colaborador de varios medios de su país y el mundo.

(**) Profesor Adán Iglesias Toledo, Dibujante Gráfico Cubano, Caricaturista Editorial y Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC, la UPEC y la REDH (Capitulo Cuba). Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero. Autor de varios logotipos, y campañas publicitarias, posee en su haber múltiples exposiciones individuales y colectivas, talleres e intervenciones nacionales e internacionales y ha sido premiado por más de 40 veces en su país y otros países.

Tomado de Mate Amargo.

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