Si negocias con Washington pierdes independencia
Por Hedelberto López Blanch* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.
La ilegal, devastadora y sangrienta guerra estadounidense-israelí contra la República Islámica de Irán le ha traído también a los agresores graves consecuencias porque no previeron que iban a enfrentar una poderosa resistencia muy diferente a sus anteriores agresiones realizadas en el Medio Oriente contra países como Libia, Siria o Irak.
Pese a la enorme censura en los medios de comunicación controlados por Washington y Tel Aviv, han salido a la luz las exitosas acciones emprendidas por Teherán contra bases militares yanquis en naciones del área; los ataques a portaaviones que fueron obligados a retirarse de la zona; derribo de aviones y helicópteros; grandes daños ocasionados en varias ciudades israelíes y la clausura del estrecho de Ormuz, por lo que a la administración de Donald Trump no le ha quedado otro remedio que buscar alguna vía para salir del atolladero.
El convicto y pedófilo presidente estadounidense (con su ego y prepotencia habituales) en sus diarias comparecencias asegura que Irán está derrotado, que quiere conversar, pero las respuestas políticas de los dirigentes iraníes y de las fuerzas militares en el campo de batalla son opuestas.
A pesar de los indiscriminados bombardeos contra escuelas, hospitales, centros de investigaciones científicas y población en general, la resistencia y ofensiva de Irán contra los agresores se ha mantenido, lo que ha motivado que Trump haya enviado un «plan de 15 puntos» a los dirigentes islámicos para buscar una salida al atolladero.
Como si fuera el triunfador del conflicto, el documento plantea el alivio de «sanciones», la supervisión del programa iraní por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica, la eliminación de todos los misiles de largo y mediano alcance, la apertura del estrecho de Ormuz pero no habla de los destrozos ocasionados, los asesinatos de líderes iraníes y de niños, mujeres y ancianos que quedarían impune.
Como era de esperar, Teherán rechazó esas imposiciones y presentó sus propias contramedidas porque no acepta la rendición como estipula ese texto.
A su vez expuso seis puntos para un alto al fuego:
1.-Garantías firmes de que no habrá una nueva guerra.
2-Cierre de todas las bases militares de Estados Unidos en Oriente Medio.
3-Indemnizaciones completas por parte de Estados Unidos e Israel por los daños causados.
4-Fin inmediato de las operaciones en todos los frentes regionales, incluidos los ataques contra grupos aliados de Irán.
5-Un nuevo régimen jurídico para el Estrecho de Ormuz.
6-Entrega a Irán de personas vinculadas a “medios hostiles” para su procesamiento.
Y es que a lo largo de su milenaria historia, Irán sabe que hacer concesiones para una negociación ante un enemigo prepotente y poderoso nunca han dado resultado.
Ejemplos recientes lo han demostrado. En Irak, Saddam Hussein negoció un alto al fuego en 1991 auspiciado por una coalición de la ONU encabezada por Estados Unidos, se retiró de Kuwait y se detuvo momentáneamente la guerra. Después le aplicaron 12 años de agresivas «sanciones» con una infraestructura destrozada, sin poder importar medicinas y alimentos por la que murieron por hambre más de 500 000 niños y ancianos.
Tras una enorme campaña basada en la mentira de que el régimen poseía armas de destrucción masiva y con un debilitamiento total del país, en 2003, la coalición encabezada por Estados Unidos y Gran Bretaña atacaron, arrasaron Irak, y asesinaron a Saddam Hussein. La negociación bajo mentiras les dio resultado porque debilitaron al gobierno y se adueñaron del petróleo iraquí.
Con Libia la situación fue semejante. Muammar Khadafi intervino las petroleras extranjeras, intentó crear una moneda regional para sustituirla por el dólar; elevó el nivel de vida de su población; y tenía el PIB per cápita más alto de África con sanidad y educación gratuitas. Pero su ejemplo resultaba imperdonable para las ambiciones petroleras de Occidente que fue cerrándole todas las puertas hasta que en 2003 lo impulsaron a negociaciones.
De esa forma debió abandonar el programa de armamento, permitió la entrada de inspectores internacionales para acabar con el programa nuclear; cooperó con la inteligencia estadounidense contra Al Qaeda y «normalizó» las relaciones con Occidente.
Nada de eso le valió. Le fueron cerrando el país hasta que en 2011 la OTAN, encabezadas por Estados Unidos, Reino Unido y Francia bombardearon violentamente al país durante siete meses. Khadafi fue capturado y asesinado.
Hoy aún es un estado destruido con enfrentamientos entre bandas armadas, pero Occidente logró su objetivo: desestabilizar un gobierno incómodo en la región que cuenta con mucho petróleo.
En Venezuela, tras el ataque el 3 de enero contra varias lugares del territorio y el secuestro de su legítimo presidente, Nicolás Maduro y su compañera Cilia Flores, se ha creado una especie de «negociación» mediante la cual Estados Unidos recibe el petróleo de la nación y administra las ganancias por la venta. Hasta ahora se ha mantenido la calma en el país y todo está a la expectativa por las consecuencias futuras.
En el caso de Irán ha sido atacado en dos ocasiones mientras se mantenían o preveían «reuniones serias» con Washington. Primero el 13 de junio de 2025 cuando se tenía previsto un encuentro el 15 de junio. Irán tuvo que defenderse durante 12 días y prácticamente hacerle comprender a los agresores que sus pérdidas serían grandes. Unos meses más tarde, propusieron volver a hablar. Se entablaron negociaciones, pero el 28 de febrero repitieron la misma táctica cuando ambas partes habían acordado reunirse en Viena.
Irán conoce bien a fondo las características de sus agresores, los ha enfrentado con valentía e inteligencia y comprende, como nos enseñó el Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara que en «el imperialismo no se le puede confiar ni un tantico así».
(*) Periodista cubano. Escribe para el diario Juventud Rebelde y el semanario Opciones. Es el autor de “La Emigración cubana en Estados Unidos”, “Historias Secretas de Médicos Cubanos en África” y “Miami, dinero sucio”, entre otros.
Imagen de portada: Adán Iglesias Toledo.


