Lo que el Sueño Americano no cuenta
«Te trataban como si fueras un terrorista. Y nosotros no éramos terroristas. Éramos migrantes. Éramos personas que querían trabajar…»
Un equipo de Razones de Cuba llegó hasta el aeropuerto de La Habana, donde aterrizó un vuelo de deportación desde los Estados Unidos. Son cubanos. Salieron buscando lo que busca todo ser humano: un horizonte mejor para sus familias. Algunos se fueron hace dos años, algunos hace uno. Y regresaron, en este avión, con una historia que no aparece en los titulares pero que se necesita contar.
Los periodistas llegaron cuando todavía estaban bajando del avión (los cubanos deportados) y lo primero que notaron fue el peso que cargan. «No en las maletas, que casi nadie tiene. En la mirada. Hablamos con cuatro de ellos, y cada historia es un retrato distinto del mismo sistema». Relataron los entrevistadores:
Daniel: Empecemos por André Luis Eduardo. Salió de Cuba el 22 de enero de 2024 y la primera gran lección la recibió antes siquiera de llegar a la frontera.
Vero: André, cuéntanos. ¿Qué pasó en México?
André: Me secuestraron. En Ciudad de México, saliendo de la casa donde estaba. Llegaron, me agarraron, y empezaron a pedirle dinero a mi familia que estaba en Estados Unidos. Lograron pagar algo, me soltaron, y me dijeron que estaba libre. Seguí la ruta hasta Tecate y ahí me entregué a las autoridades.
Daniel: Te entregaste tú mismo.
André: Sí. Les dije la verdad: que había estado secuestrado, que venía de pasar por todo eso. Me pusieron en una celda de todos modos. Cuarenta y cinco días preso. Después me mandaron a una prisión de mayor seguridad, perfil de alta peligrosidad. ¿Yo? ¿Peligrosidad? Yo era mecánico. Trabajaba, mandaba dinero a mis hijos.
Vero: ¿Y cómo fue la vida cotidiana una vez que saliste de detención?
André: Me integré. Trabajé. Intenté hacer los papeles bien. Pero el 20 de noviembre me volvieron a detener, y el 22 me metieron en un centro de procesamiento. Ahí estuve 23 días. Lo que viví ahí… había 40 y pico de personas y un televisor. Te bañabas cada tres días. La comida te la entregaban en un plato con una pajita de jugo y una servilleta, y tenías que devolver la servilleta. Si no la devolvías, problema. Si decías algo, problema. Todo era un pretexto para presionarte.
Daniel: Eso que describes es una mecánica de humillación sistemática.
André: Es tortura psicológica. Te lo digo con 40 años de vida y con certeza: fue la tortura psicológica más grande que he sufrido. Después me trasladaron a Miami, luego a Louisiana. Louisiana fue lo peor. Lo más negro, lo más malo. Ahí te sacaban esposado de las manos, encadenado de la cintura, de las caderas, de los pies. Si ibas al médico, esposado. Al teléfono, esposado. A bañarte, esposado. Te trataban como si fueras un terrorista. Y nosotros no éramos terroristas. Éramos migrantes. Éramos personas que querían trabajar.
Vero: André, mencionas que llegaste a un punto muy oscuro dentro de ese sistema. ¿Puedes hablar de eso?
André: (pausa) Un día le dije a un guardia que yo quería acostarme y no levantarme más. Que lo que me estaban haciendo era demasiado. Que yo no había hecho nada para merecer eso. Me escucharon, me dejaron solo en una celda. Tuve que llamar y gritar para que alguien viniera. Y cuando vino, le expliqué que no podía más con la tortura. Lo dije con esas palabras.
Daniel: Y sin embargo, aquí estás.
André: Aquí estoy. Éramos 56 cubanos en ese vuelo. 56. Y yo lo que le digo a la gente es: no vendan lo que tienen aquí. No vendan la casa. No vendan nada. Porque allá la casa nunca es tuya. Pagas dos mil dólares al mes por un pedazo de techo y el día que no puedes pagar, te van a sacar a la calle. Aquí la casa es tuya. La familia es tuya. El café que te hace tu esposa de mañana vale más que todo eso. Yo nunca fui feliz allá. Nunca.
Vero: Una frase que resume mucho, Daniel.
Daniel: Mucho. Vero, el segundo testimonio, porque hay un detalle que no podemos pasar por alto.
Vero: Así es. Hablamos con un hombre que salió de Guantánamo en 2022, que pasó por Nicaragua y llegó con estatus migratorio legal. Estuvo en varios centros de detención antes de llegar a Louisiana. Y lo que presenció allí es de una gravedad que nos obliga a reportarlo.
Daniel: Cuéntanos lo que viste.
Testigo: Había un muchacho cubano, creo que de La Habana. Llevaba cuatro días sin recibir su medicamento. Cuatro días. Empezó a pedirlo, a reclamarlo. Los oficiales lo llevaron a la celda… y lo mataron. Impunemente, delante de todos nosotros. Lo golpearon. Vino un médico. Ya era demasiado tarde.
Daniel: Lo que describes coincide con un caso que hemos estado siguiendo. Estamos hablando de Geraldo Lunas Campos, ciudadano cubano, 55 años, fallecido el 3 de enero de 2026 en El Paso, Texas, mientras se encontraba bajo custodia de las autoridades de inmigración estadounidenses. Un hombre que no era un criminal, que no era una amenaza, que pedía medicamento. Y murió. Eso es lo que este testigo vio con sus propios ojos, y eso es lo que nosotros tenemos la obligación de nombrar.
Testigo: Eso es lo que pasó. Y hay que decirlo, porque ahí se llevan vidas y nadie sabe nada.
Vero: También nos describiste lo que te pasó a ti con tus pertenencias.
Testigo: Me robaron. La cadena de oro, la sortija, el teléfono, hasta 40 dólares que tenía. En el propio centro de detención. Y reclamas, y te mandan a otro bloque. Si insistes, peor. Así funciona. Entraste con cosas y sales sin ellas, y nadie responde por nada.
Daniel: Tiene una orden de deportación con diez años de prohibición de entrada a Estados Unidos.
Testigo: Diez años. Voy a intentar por México, por España, a ver. Pero de allá… de allá ya aprendí.
Vero: Daniel, tenemos también el testimonio de un hombre de fe que llegó a Cuba en una barca. Tres días a la deriva en el mar. Su familia no sabía nada.
Daniel: Eso es un viaje al límite de la vida.
Hombre de fe: Tras la deriva. Solo la gracia de Dios me trajo aquí. Y uno se pregunta: ¿qué hubiera pasado con mi familia si yo hubiera muerto en ese mar? Destrozada. Por una decisión mía. Por pensar que del otro lado estaba algo mejor. A veces creemos que lo que hay detrás de esa puerta vale más que lo que tenemos. Y no siempre es así.
Vero: Nos habló de los jóvenes cubanos que llegan a Estados Unidos y se pierden, sin familia, sin idioma, sin raíces.
Hombre de fe: La juventud llega ahogada. Y ahí está todo lo que ese mundo ofrece como sustituto de lo que dejaron atrás. Cosas que no hacen bien a ningún ser humano. Yo encontré algo más firme en esa prisión. Y les digo: piensen bien antes de dar ese paso, porque afuera no hay nada que llene lo que se deja aquí.
Daniel: Y regresa a tiempo para conocer a su hija recién nacida.
Hombre de fe: (voz quebrada) Nació el 19. No la conozco todavía. Mi esposa me está esperando aquí afuera. Pero llegué.
Vero: (pausa) Hay momentos en este trabajo que no necesitan ningún comentario.
Daniel: Ninguno. El cuarto testimonio que recogimos completa este cuadro. Un hombre que pasó más de dos años en ese sistema, que pagó 12.500 dólares a un abogado sin resultado, que describe 26 horas continuas esposado dentro del avión de deportación, sin comida, apenas un pedazo de pan.
Cuarto testimonio: Estoy de acuerdo en que esto se haga público. Que la gente que está mirando piense bien las cosas antes de dar ese paso. Que no vendan lo poco que tienen aquí pensando que allá es un sueño. Con este presidente que tienen ahora, con lo que está pasando… no es cuento. El dinero que ganas lo gastas en sobrevivir. Y mientras tanto tu familia, tus hijos, tu tierra… todo eso queda atrás.
Daniel: Cuatro historias. Cuatro rostros de la misma estadística que los medios hegemónicos reducen a números en una pantalla. Hoy esos números bajaron de un avión, aquí, en La Habana, con nombre y apellido y con algo que ningún sistema de deportación logró quitarles: la voluntad de contarlo.
Vero: Y la voluntad de advertir. No desde el resentimiento, sino desde la experiencia más dura. Cuando el sueño se convierte en celda, cuando el derecho desaparece y solo queda el maltrato, la tierra propia —con todas sus carencias— recupera una dimensión que no tiene precio: la dignidad.
Los testimonios fueron recogidos a pie de pista en el aeropuerto de La Habana el 9 de febrero de 2026.
Nota: El caso de Geraldo Lunas Campos, ciudadano cubano de 55 años fallecido el 3 de enero de 2026 bajo custodia de las autoridades de inmigración de los Estados Unidos en El Paso, Texas, merece y exige un tratamiento periodístico a la altura de su gravedad.
Con información de Razones de Cuba.
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