Bolivia entra en su segundo mes de protestas sin que se vislumbre el fin de la crisis
Según el analista Hugo Moldiz, la falta de un liderazgo centralizado y el poder del presidente están impidiendo un acuerdo
Por Rodrigo Durão Coelho.
Las protestas sociales en Bolivia han entrado en su segundo mes sin que se vislumbre una solución clara. Los diversos sectores que exigen la salida del presidente de extrema derecha Rodrigo Paz no dan señales de ceder, y la Administración Boliviana de Carreteras (ABC) contabilizó más de 90 bloqueos viales el lunes (1).
Los bloqueos están provocando escasez de combustible, alimentos y medicinas, además de paralizar la actividad económica en varias regiones. La Central Obrera Boliviana (COB), una de las organizaciones que lideran las protestas, rechazó la invitación del gobierno al diálogo y decidió mantener los bloqueos, aunque anunció la creación de corredores humanitarios .
Por un lado, el gobierno afirma que insiste en la mediación, pero ha abierto la vía legal para la represión violenta de las protestas. ABC informa de un deterioro acelerado de la carretera en el eje central del país (especialmente en la ruta Oruro-Cochabamba).
Los daños al asfalto y a los elementos de seguridad vial se deben a la quema de neumáticos, hogueras y el uso de explosivos en las inmediaciones de las carreteras. La región de Cochabamba es el epicentro de las protestas.
En declaraciones a Brasil de Fato, el analista político Hugo Moldiz afirma que es difícil predecir el desenlace de la crisis actual. Explica que es consecuencia de «la situación que atraviesa el país desde 2019, la cual no se ha resuelto. El golpe de Estado no la solucionó . Los cinco años de gobierno del presidente Arce tampoco lograron resolver la crisis; al contrario, la agravaron debido a la división interna del Movimiento al Socialismo (MAS) y de las organizaciones sociales, que continuaron exigiendo un voto nulo».
Moldiz, quien fue ministro durante el gobierno de Evo Morales, afirma que parte de la crisis se debió al apoyo del expresidente a la elección de Paz, «basado en la teoría del mal menor». Además, según él, Bolivia enfrenta actualmente «la imposibilidad de garantizar una fuente estable de ingresos para el país debido a la drástica caída de las exportaciones de gas, simplemente porque no hay gas para exportar, una tendencia que venimos experimentando desde 2014 y 2015».
¿Quiénes protestan?
Existen distintos frentes que lideran las protestas sin una dirección centralizada, una que tenga la autoridad para negociar una solución a la crisis con el gobierno. Entre ellos se encuentran: el profesorado —dividido entre grupos rurales y urbanos—, el sector del transporte, los miembros de cooperativas, los campesinos de La Paz, la Central Obrera Boliviana (COB) y los campesinos y productores de coca de Chapare. Moldiz explica que, contrariamente a lo que afirma el gobierno de Paz, Morales solo controla a este último grupo, habiendo perdido la influencia que antes ejercía sobre los demás.
Todos le piden al presidente, que lleva apenas seis meses en el poder, una solución a la crisis económica, la peor en cuatro décadas, pero sus demandas se han radicalizado al sentir que no se les escucha. Moldiz contempla dos posibles escenarios: el primero, el diálogo.
El problema, según él, es que «ni la población movilizada ni las protestas son lo suficientemente fuertes como para generar un sentimiento nacional que conduzca a elecciones anticipadas. Al mismo tiempo, el gobierno no tiene el poder necesario para restablecer el orden y la tranquilidad en el país sin recurrir a la violencia».
Afirma que, si las partes acuerdan negociar, el gobierno de Paz “debería comprometerse a no privatizar empresas que controlan recursos naturales y a evaluar en qué sectores y con qué límites se puede incorporar el capital transnacional”.
Otro escenario, según el analista, es que el gobierno recurra a declarar el estado de emergencia. Moldiz afirma que revocó las restricciones impuestas por el MAS «para facilitar la aplicación de una ley de emergencia, pero si promulga la ley y no puede aplicarla, esto significará una derrota para el gobierno».
Si se adopta este enfoque y se producen muertes, el peligro para el gobierno es mucho mayor. El ejército, a diferencia de la policía, no está entrenado para dispersar protestas, sino para matar, en cualquier parte del mundo. Estas son las características de las Fuerzas Armadas bolivianas, por lo que es muy improbable que una solución militar no resulte en víctimas mortales.
Fuente: Brasil de Fato / Resumen Latinoamericano-Argentina / Foto de portada: AFP.

