Culturales

José Massip: en el centenario de su nacimiento

Por Syara Salado Massip / Resumen Latinoamericano-Cuba.

Hay hombres que marcan una época no solo por lo que hacen, sino por cómo lo hacen. Mi abuelo, José Salvador Massip Ysalgué, fue uno de esos hombres. Nació sin respirar un 28 de junio de 1926 en La Habana, y la zurra que le devolvió la vida pareció profetizar su destino: viviría intensamente cada segundo, con la claridad de quien ha sabido, desde el primer instante, que la existencia es un milagro que no admite desperdicio.

Hijo de los ilustres geógrafos e intelectuales Salvador Massip y Sara Ysalgué, creció en un hogar donde la cultura y la ética no eran asignaturas optativas sino la savia que los alimentaba cada día. «Mis padres sembraron en mí todos los valores que poseían; me enseñaron los elementos básicos de la ética, digamos la honestidad, la honradez —pues son cosas distintas ser honesto y ser honrado—, la modestia, la dignidad, el patriotismo, la necesidad de conocer el mundo y aprender de él» (Feraudy, 2010). Esa semilla germinó en un hombre de convicciones profundas, que supo combinar el rigor intelectual con una sensibilidad humana extraordinaria.

Comenzando los estudios en la Universidad de La Habana, sus padres lo enviaron a Harvard, a realizar un Máster en Arte y Sociología en una de las universidades más prestigiosas del mundo. Querían protegerlo, salvarlo quizás de una época en que pensar distinto costaba caro. Pero allí, en el corazón del imperio, descubrió a Marx y regresó a Cuba convertido en un comunista de los de verdad, por lo que se integró al Partido Socialista Popular y militó en la clandestinidad.

Su trayectoria como cineasta es tan vasta como fundamental para entender el desarrollo del cine cubano. Formó parte de la génesis de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, donde se agruparon intelectuales y artistas de izquierda que se oponían a la dictadura de Fulgencio Batista. Allí nació «El mégano», el documental que junto a Julio García Espinosa, Alfredo Guevara y Tomás Gutiérrez Alea, es considerado la primera película cubana revolucionaria. Las anécdotas detrás de ese filme son inagotables, hasta que el rollo fue secuestrado por la policía de la dictadura y que significó la persecución vil de sus creadores.

Con el triunfo de la Revolución Cubana y la creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), Pepe -como cariñosamente le decían-  encontró el espacio donde desplegar su potencial creativo. «Historia de un ballet, Suite Yoruba» (1962) se convirtió en la primera producción del ICAIC laureada en un evento internacional, obteniendo el Gran Premio Paloma de Oro en el Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Leipzig. Su debut en la ficción con «La decisión» abordó el tema de la discriminación racial y las diferencias de clase, mereciendo el premio a la dirección de actores en el Festival Internacional de Cine Karlovy Vary.

Sin embargo fue «Páginas del diario de José Martí» su obra más preciada, aunque incomprendida y olvidada, probablemente por su forma adelantada a la época y su simbología única. Alejo Carpentier quedó fascinado al verla y escribió: «Con esta producción, el cine cubano se enriquece con un logro de excepcional importancia, afirmación de su madurez, de su condición adulta en todos los planos de la factura, de la técnica, labor de intérpretes y acción eficiente (…) del realizador José Massip que aquí se nos muestra en el pleno dominio de sus medios.» (Carpentier, 1972)

El pensamiento martiano no solo ocupó su atención en el espacio cinematográfico; en el 2002 publicó «Martí ante sus diarios de guerra», y aún queda inédito «Ensayos hermenéuticos sobre José Martí», textos que refuerzan el estudio y análisis del pensamiento del apóstol.

Otros documentales relevantes en su carrera fueron «Angola: victoria de la esperanza» y «Madina Boe», ambos fruto de su experiencia como corresponsal en las guerras de liberación de Guinea Bissau y Angola, que también llevaría a la literatura con el libro “Los días del Kankouran”. Gratamente “Madina Boe” mereció el Primer Premio Dragón de Plata en el  Festival Internacional de Cine de Cortometraje de Cracovia, Polonia, (1969); la Copa del Comité Central de Sangkun (ex-aequo) en el Festival Internacional de Cine de Phnom Penh, Cambodia, (1969), y el Premio Fructuoso Gelabert del Cine Club Catalán (al conjunto de filmes cubanos presentados) en la Semana Internacional de Cinema. Barcelona, España, (1975).

Su pasión por la historia de Cuba, cultivada por los años en que laboró en la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana junto Emilio Roig de Leuchsering, lo llevó a realizar «Baraguá» (1986), dedicada a recrear un pasaje esencial de la historia cubana.

Presidió durante diez años la sección de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), desde donde impulsó la creación de los Premios Caracol, fortaleciendo la unión entre cineastas y creadores de la radio y la televisión, una unión que antes no existía. Bajo la consigna de que el cine es un arte, la televisión es un arte y la radio también, se estableció un movimiento fuerte de creación audiovisual que enfatizaba la necesidad de mantener una participación destacada en los medios, argumentando en más de una ocasión jugaban un papel decisivo en la historia contemporánea.

Al Instituto Superior de Arte (ISA) le dedicó principal atención, formó parte de la creación de la cátedra de Estética, de la cual fue designado jefe y Profesor Titular. La Facultad de Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) marcó ese espacio en que podía compartir sus saberes, ya que amaba el conocimiento y compartirlo era una necesidad. Enseñaba como quien tiende un puente, sabía que los estudiantes no necesitan respuestas cerradas sino preguntas bien formuladas. Colegas míos que fueron sus alumnos me cuentan que sus clases eran un ritual, recuerdan una exigencia que no se imponía desde el autoritarismo sino desde el amor al conocimiento.

Su trayectoria fue reconocida con la Distinción por la Cultura Nacional, la Réplica del machete mambí de Máximo Gómez, el Premio Caracol de la UNEAC a toda una vida dedicada a la cinematografía, y el Premio Nacional de Cine, máximo reconocimiento que otorga la cinematografía cubana.
Falleció un sábado, 8 de febrero de 2014, a los 87 años. Y aunque el mundo perdió a un intelectual de los que ya no quedan, yo perdí a mi abuelo. El que me hablaba de Martí, el que me escuchaba con paciencia, el que me enseñó que las palabras tienen peso y que la vida hay que vivirla con dignidad. Su impronta como intelectual no está en los tantos premios ni en los reconocimientos que tuvo, sino en la coherencia de una vida dedicada al arte, a la docencia y a la Revolución. En cada uno de los alumnos que hoy son creadores, en cada película que sigue hablando, en cada página que escribió, en cada semilla que plantó. Porque Pepe Massip pasó por este mundo para encender fogatas, y hoy, a cien años de su nacimiento, esas fogatas siguen ardiendo. Gracias, abuelo Pepe, por todo.

Bibliografía
-Feraudy, H. E. (2010). Entrevista a José Massip. Videoteca Contracorriente del ICAIC.
-Carpentier, A. (30 de enero de 1972). Páginas del diario de José Martí, nuevo filme cubano de José Massip. Granma, pág. 2.

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