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El polvorín sirio y el infierno en Gaza: el peligro de la normalización de lo inaceptable

Por Raúl Antonio Capote* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

El fin de semana ha dejado una imagen nítida y desoladora, Oriente Medio se asoma una vez más al borde del precipicio, tres focos de tensión, han marcado la agenda internacional: la creciente confrontación entre Türkiye e Israel por el control de la Siria post-Asad, la agonía humanitaria de una Gaza que ya no sabe cuánto más puede soportar y el conflicto en el Estrecho de Ormuz.

El presidente estadounidense Donald Trump declaró que considera el Estrecho de Ormuz como «territorio estadounidense», una afirmación que Irán ha calificado de «alejada de la realidad»

En respuesta, el ministro de Exteriores iraní calificó las amenazas estadounidenses como «condenadas al fracaso”, lejos de amedrentar al pueblo persa, el país ha dado un paso cualitativamente superior: el ejército anunció oficialmente el sábado que su doctrina militar está pasando de «defensiva a ofensiva», basándose en las lecciones de los recientes conflictos de 12 y 40 días.

Esta declaración no es retórica vacía, las autoridades de Teherán han advertido que atacarán los intereses de cualquier país que se sume a la campaña económica de EE. UU, y han prometido dar a sus enemigos una «lección histórica» en el mar.

Mientras en Siria, el detonante fue un ataque aéreo israelí contra la base aérea siria de Abu al-Duhur, en la provincia de Idlib, a apenas 70 kilómetros de la frontera turca. Ocho bombardeos sobre la pista y las zonas de almacenamiento, no hubo víctimas, pero el mensaje fue inequívoco.

La respuesta turca no se hizo esperar, el ministro de Justicia, Akin Gürlek, solicitó a Interpol una orden de arresto internacional, la «notificación roja», contra Netanyahu por delitos de genocidio, crímenes de lesa humanidad y tortura, en relación con el asalto a la Flotilla Global Sumud que intentaba romper el bloqueo de Gaza.

Pero, en lo que Türkiye e Israel intercambian amenazas, Gaza sigue desangrándose, la crisis humanitaria en la Franja ha alcanzado niveles que desafían cualquier descripción.

Cerca del 94 por ciento de la población, 1,9 millones de personas de los 2,1 millones de habitantes, necesita de manera urgente refugio y artículos básicos para la supervivencia

Más de cuatro de cada cinco familias viven en condiciones «críticas o catastróficas», dos de cada tres sobreviven en tiendas de campaña o refugios temporales que se deterioran con rapidez.

El bloqueo israelí sigue asfixiando el enclave, el control militar sobre las fronteras, las aguas territoriales y el espacio aéreo limita de forma drástica el paso de bienes, suministros médicos, combustible y ayuda

Así mismo, las restricciones al ingreso de necesidades básicas han provocado un grave deterioro de la infraestructura, el sector del transporte, por ejemplo, ha sufrido pérdidas directas de unos 2.800 millones de dólares, y 211 ambulancias y 23 vehículos de defensa civil habían sido atacados hasta finales de 2025

La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) ha advertido que el continuo deterioro de las condiciones de vida coincide con informes constantes sobre muertes y heridas de civiles, incluidos niños

El pasado 20 de agosto, se celebró un funeral masivo por 50 palestinos, entre ellos 19 niños y adolescentes, cuyos restos fueron hallados bajo los escombros de sus viviendas. Las labores de rescate enfrentan severas limitaciones por las restricciones israelíes al acceso y a la entrada de maquinaria pesada.

Entonces, el panorama para los próximos meses es aún más sombrío. Se estima que 1,4 millones de personas en Gaza enfrentarán «altos niveles de inseguridad alimentaria aguda» hasta finales de 2026

La ONU ha alertado de que la financiación para la ayuda humanitaria en Gaza y Cisjordania está financiada en menos del 15 por ciento. Y la llegada del invierno, con el frío y las lluvias, amenaza con agravar una situación que el invierno pasado ya afectó a más del 70 por ciento de los hogares.

Mientras los titulares se llenan de las tensiones entre Türkiye e Israel, Estados Unidos e Irán, en Gaza, 2,1 millones de personas siguen atrapadas en un infierno que no eligieron.

Sin embargo, el silencio es ensordecedor, las declaraciones de la ONU se suceden, los informes se acumulan. Pero la acción no llega.

Hay un hilo invisible que conecta la tensión en Siria con la tragedia en Gaza: la incapacidad de la comunidad internacional para imponer un orden basado en el derecho y no en la fuerza.

Israel utiliza su superioridad militar para imponer sus líneas rojas en Siria y en medio, los civiles —sirios, palestinos, libaneses— pagan el precio. El resultado es una región que se desliza hacia el caos, un caos que no es espontáneo, sino que es el producto lógico de décadas de impunidad, de violaciones sistemáticas del derecho internacional, de una comunidad internacional que habla de paz pero financia la guerra.

Pero la normalidad de lo inaceptable es el primer paso hacia la catástrofe, cuando nos acostumbramos a la guerra, dejamos de ver a las personas que hay detrás y cuando dejamos de ver a las personas, cualquier barbarie es posible.

Oriente Próximo no necesita más análisis geopolíticos, necesita humanidad, necesita decidamos todos que ya es suficiente, los niños de Gaza no pueden seguir muriendo de hambre mientras el mundo discute sobre líneas rojas, la historia no olvida y algún día, nos preguntarán qué hicimos cuando todo esto estaba pasando.

(*) Escritor, profesor, investigador y periodista cubano. Es autor de “Juego de Iluminaciones”, “El caballero ilustrado”, “El adversario”, “Enemigo” y “La guerra que se nos hace”.

Foto de portada: AFP.

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