EE.UU. y la excusa del combate al narcotráfico para el control geopolítico
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Entre el 18 y el 20 de agosto se realizó en Buenos Aires, Argentina, la 40ª Conferencia Internacional para el Control de Drogas (IDEC), organizada por la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA).
El encuentro se llevó a cabo en un marco de gran hermetismo en el que solo trascendieron los discursos de apertura, brindados por el director de la DEA, Terry Cole, y la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, y un breve comunicado de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires que fue replicado textualmente por el Gobierno argentino.
Desde el gobierno de Javier Milei –y la estructura de medios afines– se buscó sostener que la realización del encuentro en Buenos Aires era una muestra más de la importancia que para Washington tiene la alianza con la Casa Rosada.
Lo que, sin dudas, ha quedado demostrado es que la Cumbre de la DEA es una pieza más en el gran armado estratégico con el que el Gobierno de Donald Trump busca poner bajo su mando a gobiernos, Fuerzas Armadas y de Seguridad de toda la región.
Cumbre
La Conferencia Internacional para el Control de Drogas (IDEC) fue creada en 1983 durante el gobierno republicano de Ronald Reagan. En sus inicios solo agrupaba a un pequeño número de gobiernos. Con el tiempo el foro se transformó en un espacio de planificación operativa y estratégica.
Para la cumbre en Buenos Aires, según se detalla en la propia página de IDEC, se esperaba la presencia de “cerca de 500 funcionarios y delegados de 110 países (…) para fortalecer la cooperación global en la lucha contra el narcotráfico transnacional y las nuevas amenazas que representa el narcotráfico”.
El encuentro se realizó bajo el lema “Justicia a través de la fortaleza y la unidad”. Según se informó, los participantes mantendrían “conversaciones estratégicas de alto nivel destinadas a fortalecer la cooperación operativa, compartir inteligencia crítica y coordinar prioridades de aplicación de la ley frente al narcotráfico, el lavado internacional de dinero y el narcoterrorismo”.
El nuevo enemigo, “el narcoterrorismo”, es el elemento en común que atraviesa toda la narrativa para la avanzada geopolítica de recomposición neocolonial de Washington en América Latina y el Caribe.
Control total
La recomposición neocolonial desarrollada en el marco de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS, por sus siglas en inglés), presentada a fines de 2025 por el gobierno de Donald Trump, busca generar un control más efectivo de los gobiernos, las estructuras estatales, las Fuerzas Armadas y de Seguridad. Para ello, Washington no ahorra esfuerzos ni se preocupa por las formas.
Fue abierta y sin pruritos la injerencia de la Casa Blanca en las elecciones legislativas de Argentina (2025), y en las presidenciales de Honduras (2025) y Colombia (2026), lo que permitió la consolidación –o la llegada al gobierno, dependiendo del caso– de líderes afines a los intereses de Estados Unidos.
El discurso de la lucha contra el “narcoterrorismo” fue la base para la invasión del 3 de enero a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, como así también para el bombardeo a más de 60 embarcaciones en el Mar Caribe y el Océano Pacífico, lo que representó la ejecución extrajudicial de más de 220 personas.
La creación del “Escudo de las Américas”, la convocatoria a la Primera Conferencia de Jefes de Defensa del Hemisferio Occidental, la Orden Ejecutiva firmada por Trump que determina que Cuba es una amenaza inusual y extraordinaria para los Estados Unidos, las presiones al gobierno de Panamá para volver a poner al Canal bajo el control de Washington, la realización de la Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, el documento del Departamento de Estado titulado “Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI”; las acusaciones de embajadores norteamericanos contra las empresas chinas que trabajan en la región y tantos otros pasos que conforman la misma estrategia de control del espacio que Estados Unidos siempre consideró “su patio trasero”. En ese contexto también se enmarca la Cumbre de la DEA llevada adelante en Buenos Aires.
Disciplinamiento
Para analizar las implicancias de este encuentro, PIA-GLOBAL dialogó con Carlos Raimundi, dirigente político y exembajador de Argentina ante la Organización de Estados Americanos (OEA).
Raimundi sostuvo que “esta reunión de la DEA no escapa a esa estrategia de disciplinamiento y de control diseñada por Washington para América Latina y el Caribe. Si hay algo que define el actual momento internacional y la estrategia trazada por el gobierno argentino, además de lo que ambos tienen como calamidad y de lo escandaloso de la etapa, es que es un momento esclarecedor y que sus derivaciones son sistémicas, no son puntuales”.
“¿Qué quiero decir con esto? Bueno, que ninguno de los acontecimientos que tienen lugar puede ser tomado de manera aislada, sino que forman parte de toda una planificación a escala internacional que se trama en los sucesivos encuentros que ha hecho la ultraderecha o la derecha más radicalizada a nivel internacional”, agregó.
El exembajador afirmó que “en esas reuniones internacionales hay dos planos simultáneos: uno, el más visible, el de los escenarios, los discursos y las declaraciones finales; y el otro, el del backstage, es decir, lo que se trama entre bambalinas, donde se planifica el lenguaje y la utilización de las redes financiadas con enormes cantidades de fondos, como lo ha demostrado este último descubrimiento del papel de Cerimedo”.
“En ese marco general se inscribe el Escudo de las Américas, el reforzamiento de la Doctrina Monroe por parte de Donald Trump para el control estricto de los recursos naturales de América Latina y el Caribe, la política de combate al ‘terrorismo de izquierda’ que Milei caracterizó diciendo que los docentes, los estudiantes y las personas que se manifiestan en las calles somos terroristas disfrazados y la llamada Pax Silica, que no es otra cosa que someterse a todos los estándares tecnológicos de los Estados Unidos y de los servidores digitales que actúan en paralelo con el gobierno de los Estados Unidos para utilizar la inteligencia artificial no solamente en el control de la guerra, sino también en el control del algoritmo para manipular las elecciones en los distintos países”, detalló.
Obviamente que esto se conecta estrechamente con la idea del enemigo interno con la cual la estrategia definida por el Departamento de Guerra de los Estados Unidos, en términos de que la defensa de los Estados Unidos no debe tener lugar únicamente en el plano estrictamente militar y armamentista, tomando en cuenta el ataque de un Estado extranjero, sino que el enemigo está infiltrado en los opositores democráticos y en los inmigrantes. Esta reedición de la Doctrina de Seguridad Nacional, que en Argentina y en América Latina conocemos tan bien, forma parte de esta misma estructura de pensamiento y de esta misma estrategia”.

Pérdida de soberanía
Raimundi afirmó que “en la disputa hegemónica que Estados Unidos sostiene con China y con otras potencias emergentes por el liderazgo tecnológico y por el control de las herramientas y de los materiales que aportan a la inteligencia artificial, Washington necesita reforzar su control sobre toda América y el Caribe, tomando al territorio como propio en esa reedición reforzada de la Doctrina Monroe”.
“Para ello, Estados Unidos necesitan teñir todo el mapa de América del mismo color. Y ya ha conseguido resultados electorales en el conjunto de países de América. Obviamente, en América del Sur, Brasil representa un obstáculo muy grande; por eso Trump envió a Milei a empantanar la campaña de Lula con los insultos que conocimos hace tres semanas y la tensión en la relación bilateral. Por eso va a continuar atacando al gobierno de Brasil y le va a imponer nuevos aranceles al comercio bilateral”, explicó.
En ese sentido, el dirigente sostuvo que “a pesar de que en los hechos, en los resultados, la política de la DEA está absolutamente deslegitimada. Está probado que cuanto más duras son sus políticas y más sofisticada la tecnología y los dispositivos de espionaje que despliega la DEA bajo la fachada del control del narcotráfico, más se debilitan nuestros Estados nacionales y su capacidad de vigilar y controlar el crimen organizado”.
“Por lo tanto, la relación no es ‘más DEA, menos narcotráfico’, sino ‘más DEA, más entrega de soberanía’. Más DEA es más sometimiento de América Latina y el Caribe al gobierno del Deep State en los Estados Unidos —ya sea que lo gobiernen los Demócratas o Trump—, más pobreza, más injusticia y más desigualdad”, remarcó.
Por último, Raimundi sostuvo que “los recientes triunfos de la derecha son una preocupación, pero al mismo tiempo diría que, como inexorablemente van a aplicar recetas de ajuste, van a profundizar el malestar de nuestros pueblos, probablemente allí se vaya gestando un intersticio por el cual se puedan recuperar ciertos niveles de reivindicación de las mayorías populares y, con ellos, de gobiernos que pongan fin a esta etapa de entrega y de saqueo de América Latina”.
*Héctor Bernardo – Periodista, escritor y profesor de Introducción al Pensamiento Social y Político Contemporáneo – Facultad de Periodismo y Comunicación Social – UNLP. Miembro del equipo de PIA-GLOBAL.
Tomado de Noticias PIA / Foto de portada: Página oficial de la DEA

