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Viendo pasar el cadáver de los BRICS

Por Josué Veloz Serrade.

The report of my death

was an exaggeration.

Mark Twain

(…) no es de revolucionarios sentarse a la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del imperialismo.

Segunda Declaración de La Habana

Del pueblo de Cuba a los pueblos de América y del mundo

El documento lo contiene todo: comercio, clima, finanzas, gobernanza y, punto sublime, acuerdos de trabajo conjunto para la promoción de plantas medicinales. La fitoterapia cooperativa como horizonte de la integración. Fui cuartilla por cuartilla, cada vez más cerca del final, convencido de que después de tanto papel llegaría lo único que importaba: las medidas. Encontré un catálogo. La declaración no estaba vacía; en realidad estaba llena de todo lo demás.

Un nombre ausente

El inventario de lo nombrado es elocuente. Gaza aparece, envuelta en solidaridad. Cuba aparece, arropada en solidaridad. «Israel» aparece, con nombre y apellido. Se habla del conflicto israelo-palestino; solo faltó que, en aras de la ecuanimidad, Palestina hubiera figurado también como contraparte agresora.

Lo que no aparece en el tratamiento de estas crisis son los Estados Unidos como agente de la violencia que el documento dice querer contener. El texto sí alude al bloqueo contra Cuba y condena las sanciones unilaterales; pero cuando llega la hora de identificar al responsable de la escalada el nombre se esfuma.

Puede hablarse página tras página de conflictos que se deben evitar, de límites que no se deben traspasar, del multilateralismo y del multipolarismo, sin pronunciar jamás el nombre de quien los traspasa. El truco ya lo conocemos: la sempiterna costumbre de negarse a nombrar al agresor para terminar hablando en voz pasiva. Conflictos que se deben evitar — ¿por quiénes?—. Límites que no se deben traspasar — ¿por quiénes?—. Agente: ninguno a todas vistas.

La forma del documento es la del repliegue. A las víctimas se les nombra con la puntualidad de las esquelas; y el verdugo queda como una especie de significante reprimido que estructura todo el texto desde su ausencia.

Mencionar una víctima sin que se nombre al agente de la violencia no puede considerarse una denuncia, la mención queda convertida en una especie de objeto de caridad. Y los pueblos no tienen que mendigar los derechos que les asisten.

Una declaración fantasma

Confieso que esperé hasta el final. Pensé: después de tanto papel, el cierre traerá cuatro medidas que den contenido a tanto vocabulario.

Traté de redactarlas, por adelantado, en la cabeza:

  1. Un corredor humanitario protegido por fuerzas de varios países del bloque en torno a Gaza, y una fuerza de protección del sur del Líbano frente a nuevos bombardeos sionistas.
  2. Un proceso de enjuiciamiento y exigencia de indemnización que examine la responsabilidad de los Estados Unidos ante Irán por los ataques contra poblaciones civiles y otras violaciones del derecho internacional.
  3. La exigencia de la liberación inmediata de Nicolás Maduro y Cilia Flores, capturados por fuerzas estadounidenses el 3 de enero y trasladados a los Estados Unidos.
  4. Una flota de petróleo suficiente, protegida por las armadas de varias naciones, rumbo a Cuba; y un mecanismo financiero alternativo que permita a la Isla acceder a los flujos del comercio mundial en igualdad de condiciones.

Eso para empezar: gestos mínimos para enunciar que en verdad estamos frente a un nuevo polo de poder. Llegué al final de la declaración. No apareció ninguna de las cuatro. Ni ellas, ni nada que se les parezca.

Obsérvese qué tienen en común.

 

Segundo, las cuatro cuestan algo — buques, tribunales, protección militar, un sistema financiero—, y la solidaridad que cuesta cero no vale cero, vale mucho menos.

Tercero, las cuatro corresponden, una por una, a las víctimas que el documento sí nombra — Gaza, Líbano, Irán, Venezuela, Cuba— y convierten en verbo sus palabras virtuosas: proteger, enjuiciar, exigir, garantizar.

La declaración nombra a las víctimas, las medidas las habrían defendido. Nombrar no es defender. ¿Y qué resulta de un bloque que solo sabe nombrar?

Los hechos elididos

Lo más grave es que la cumbre no carecía de tema. Se convocó a hablar de resiliencia en un contexto marcado por la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, arrancados de Venezuela y llevados a los Estados Unidos, por la disputa en torno al control del petróleo venezolano y por una guerra contra Irán que volvió a escalar mientras seguían abiertas las negociaciones.

La intervención estadounidense sobre el petróleo venezolano no condiciona únicamente la soberanía de Venezuela, proyecta sus efectos sobre la de toda la región. Y si ese control del petróleo se lee junto a la guerra contra Irán, aparece una arquitectura de poder que la declaración necesitaba, al menos, interrogar. La relación entre ambos hechos no se demuestra por su mera simultaneidad. Por eso resulta más grave que el documento ni siquiera la ponga en cuestión.

Esas cosas, exactamente esas, eran las que el documento necesitaba nombrar. Ninguna aparece con la precisión política que exigen. En su lugar aparece el término «resiliencia»: la palabra de quien se adapta al hecho consumado. «Resistencia» es la palabra de quien se niega a aceptarlo. Se eligió resiliencia porque la resistencia ya no se podía pronunciar. También se puede doblar sin romperse, llámese resiliencia y fírmese.

Los dos alibis de la paciencia sin rabia

Dos alibis sostienen esta ingeniería de la inacción. El primero se llama repliegue estratégico. Es el eufemismo inventado para una rendición en fases. Su mecánica es simple: cada línea roja que el depredador cruza se vuelve a trazar, más atrás, con solemne dignidad. Se llama repliegue porque retroceder sin decir que se retrocede suena mejor.

Los BRICS nunca fueron una alianza militar. No tienen cláusula de defensa común. Su cautela es estructural. Concedo el dato entero. No le reprocho al bloque no ser un ejército. Le reprocho hablar con el vocabulario de un polo — límites, multipolaridad, orden— y negarse a conjugarlo en imperativo cuando llegó la hora. Las cuatro medidas de mi lista no eran una agenda externa; eran la traducción, con deliberada exigencia, de las palabras del propio documento. Un polo que no fija límites es un mercado. Lo que se sepulta en esta cumbre no es el foro comercial, es la pretensión de ser polo. Empecemos a contrarrestar lo que parece será la nueva enfermedad de esta época: la polomanía.

El segundo alibi se llama declive. No pasará un mes, no pasará una semana, sin que aparezca un enjundioso análisis reafirmando que Estados Unidos es una potencia en declive. La teoría es el alibi perfecto del repliegue, si el depredador se está muriendo solo, no hace falta nombrarlo ni confrontarlo ni arriesgar nada; basta esperar, con la paciencia de los herederos, la herencia del muerto.

La multipolaridad dejó hace tiempo de ser una política para volverse una espera mesiánica del colapso ajeno.

Por eso el documento puede evitar el nombre; en esa teología, ese nombre ya pertenece a los difuntos.

El género tiene medio siglo de obituarios fallidos — Paul Kennedy anunciaba el declive estadounidense en 1987—. El declive existe. Se mide en la participación en el producto mundial: caída de alrededor de cuarenta por ciento a menos de la cuarta parte en seis décadas.

Pero la hegemonía sobre un hemisferio se ejerce con mucho menos, basta con una armada, un dólar y una máquina de sanciones. La potencia que declina acaba de capturar al presidente de Venezuela y de intervenir sobre sus recursos. Su declive es asunto de los historiadores del siglo XXII; su poder, asunto de esta tarde.

La excepción que puso un respirador a un paciente en coma autoinducido

Si los BRICS aún no han sido sepultados, no es por mérito de la declaración. Es porque Irán no asumió como doctrina propia, el día en que fue invadido, la argucia del repliegue estratégico que domina el documento. De los miembros del bloque, es el que en esta coyuntura ha llevado más lejos la idea de que la soberanía requiere una respuesta capaz de detener la voracidad imperialista; el que ha tomado en serio, con su propia práctica, la retórica de un orden multipolar.

Si la presidencia rotativa midiera quién sostiene realmente al bloque, la silla debería trasladarse a Teherán. El bloque casi vive de prestado. Vive de la tensión entre lo que proclama y lo que está dispuesto a hacer. ¿Cuánto puede sostenerse un bloque sobre la fe de quien no la profesa?

Mientras medio planeta redacta el obituario de una potencia que no muere, en la cumbre nadie quiso firmar el acta de defunción de una promesa que ya está muerta. Ese fue el cadáver que pasó ante nosotros, y no el que todos miran; no el de Washington, que los analistas velan desde hace medio siglo, sino el de la multipolaridad como promesa. Muerta de nominalismo. Muerta de pasividad. Muerta, triste es decirlo y confirmarlo, de plantas medicinales.

No se desesperen, lectores y lectoras, si este mes y el próximo llegan cargados de enjundiosos análisis sobre el declive. Yo ya hice mi duelo. A veces me da por pensar que el día en que los Estados Unidos terminen de declinar, ya estaremos todos muertos. Y nuestro cadáver será el de la promesa que nadie se atrevió a defender.

Fuente: La Tiza / Foto de portada: El entierro del conde de Orgaz / El Greco.

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