El Plan Dropshot: cuando Estados Unidos preparó la Tercera Guerra Mundial
Por Raúl Antonio Capote
En la imaginería colectiva, la Guerra Fría evoca la imagen de dos superpotencias enfrentadas en una tensa pero estable «paz armada», una confrontación ideológica que, por fortuna, nunca escaló a un conflicto directo entre sus principales protagonistas.
Sin embargo, los documentos desclasificados revelan una realidad muy distinta: durante los primeros años de la posguerra, Washington elaboró planes de guerra detallados contra la Unión Soviética, que implicaban el uso masivo de armas atómicas y la destrucción sistemática del Estado soviético.
Entre todos ellos, el plan cifrado Dropshot, aprobado por la Junta de Jefes de Estado Mayor estadounidense en diciembre de 1949, representa quizá el exponente más acabado y aterrador.
Ya en el otoño de 1945, mientras las tropas soviéticas consolidaban su dominio sobre Europa del Este, el Comité Conjunto de Planificación de Guerra de Estados Unidos (JWPC) elaboró los primeros borradores de los planes de guerra.
La lógica era clara: ante la abrumadora superioridad convencional del Ejército Rojo, el arma atómica se concebía como el único instrumento capaz de equilibrar la balanza.
Estos programas iniciales, sin embargo, adolecían de un problema fundamental: la escasez de arsenales nucleares, en 1947, Estados Unidos poseía únicamente trece bombas atómicas; en 1948, el número ascendía a cincuenta.
El primer plan que data de 1947, por ejemplo, requería 133 bombas para atacar setenta ciudades soviéticas, incluyendo ocho sobre Moscú y siete sobre Leningrado, una aspiración que superaba con creces la capacidad real del momento.
Fue en este contexto de creciente tensión y limitaciones tecnológicas cuando, en 1949, la Junta de Jefes de Estado Mayor de Estados Unidos encargó la elaboración de un nuevo proyecto, para una posible guerra con la Unión Soviética que pudiera producirse en 1957.
El resultado fue Dropshot, las dimensiones son sobrecogedoras, en su primera fase, contemplaba el lanzamiento sobre la Unión Soviética de 300 bombas atómicas y 250 000 toneladas de explosivos convencionales, con el fin de destruir, en un solo golpe, el 85% de la capacidad industrial de la Unión Soviética.
Pero no se limitaba, sin embargo, a la devastación aérea, contemplaba una guerra total en toda regla, con operaciones terrestres a gran escala que involucrarían a las fuerzas convencionales de Estados Unidos y sus aliados. También contemplaba el uso de armas químicas, biológicas y radiológicas
La justificación de Dropshot se articulaba en torno a la noción de «amenaza grave a la seguridad nacional» que, según Washington, representaba la naturaleza del sistema soviético. La guerra contra la URSS se concebía como una guerra contra un sistema, no solo contra un Estado. Se trataba de un plan para establecer la hegemonía mundial de Estados Unidos mediante la derrota por las armas del socialismo.
Empero, la evolución de la tecnología militar, particularmente el desarrollo de misiles balísticos intercontinentales, resultó en que los planes basados en bombarderos de largo alcance quedaran obsoletos.
No obstante, el legado de Dropshot representa, ante todo, un testimonio de la mentalidad que predominó y predomina en los círculos de poder estadounidenses y, nos ayuda comprender mejor, la naturaleza de la guerra contra Cuba.
Lo cierto es que la delgada línea que separó la paz de la catástrofe fue en no pocas ocasiones, más frágil de lo que la historia oficial suele reconocer.
Fuentes y Bibliografía
- Brown, Anthony Cave (ed.). Dropshot: The American Plan for World War III Against Russia in 1957. 1978. ISBN 080372148X.
- «The US Strategy for Nuclear War». WarHistory.org, 2017.
- Yákovlev, Nikolái. La CIA contra la URSS. Editorial Progreso, URSS, 1983.

