El terrorismo y política exterior de Estados Unidos
Por José Luis Méndez Méndez / Especial para Resumen Latinoamericano
Catorce administraciones de burros y elefantes y trece presidentes estadounidenses han ejercido el terrorismo de Estado, como método de su política exterior contra Cuba, con la deliberada intención de producir cambios políticos y derrocar a la Revolución.
Desde antes de 1959, Estados Unidos ha constituido la principal amenaza contra generaciones de cubanos, la estabilidad y desarrollo de la nación cubana, que ha sido sometida a 64 años de bloqueo universal, miles de agresiones de todo tipo, con el empleo de diversos métodos combinados pero con el mismo fin.
La presente administración, como ninguna otra, se ha ensañado contra el pueblo cubano, ejerce un genocidio silencioso sin límites, un castigo colectivo despiadado, invoca de manera sistemática la amenaza de agresión militar, para diezmar la resiliencia nacional.
Hace oídos sordos a los reclamos internacionales de humanizar sus pretensiones de dominación y sometimiento de Isla.
Estrangula, además, todas las alternativas de supervivencia ante el colosal aislamiento económico, financiero, comercial y diplomático, como parte del cerco, que se extiende hasta el energético, para violar decenas de resoluciones, tratados, acuerdos internacionales y los principales principios de la Carta de la ONU y de los Derechos Humanos, los cuales son ignorados.
Como gendarme mundial, atemoriza a inversores, transportistas, proveedores, tanto extranjeros como propios, impone sanciones, aranceles y aplica acciones punitivas de todo tipo con el fin de alcanzar sus propósitos intervencionistas.
Ignora las transformaciones nacionales cubanas, los ofrecimientos de inversión estadounidense en Cuba, las facilidades para sus empresarios de cualquier origen nacional, incluidos los cubanos. A sus ciudadanos se les prohíbe viajar a Cuba desde hace más de seis décadas. No quieren un país en transformación, su propósito es someter, y dominar de la forma más humillante posible, ceder la soberanía nacional, renegar de una historia y una memoria forjada con la sangre, el sudor y el sacrificio de millones de cubanos, que han nacido, vivido y fallecido, bajo los efectos del referido bloqueo, en medio de carencias, penurias y limitaciones inhumanas.
Tras la derrota de la dictadura de Fulgencio Batista, impuesta, defendida y mantenida por administraciones estadounidenses, se concibió al terrorismo como método integrante de la política exterior, se aprobaron diversos planes agresivos, una invasión fallida, levantamientos armados fracasados, fomento de grupos de alzados en las montañas, agresiones contra las representaciones cubanas y su personal en el exterior. Entre 1959 y hasta el corte del año 2018, se registraron 500 agresiones ejecutadas en 41 países de todos los continentes, que provocaron la muerte de 217 cubanos y 570 heridos, además 148 ciudadanos de otras nacionalidades resultaron muertos y 151 heridos.
Se conocieron cientos de planes magnicidas, la creación de estructuras en su territorio para el envío de grupos armados que erosionaron la economía nacional, imposición de coercitivas sanciones para impedir el ingresos de recursos al país, congelamiento ilegal de fondos cubanos en bancos estadounidenses, aislamiento marítimo para evitar el trasiego de mercancías desde y hacia la Isla, asimismo el empleo de la agresión biológica contra la fauna, la flora y la población con la introducción de gérmenes, virus y enfermedades diversas.
Persecución implacable contra toda entidad o persona que establezca relaciones económicas con Cuba, se considera “comerciar con el enemigo”, cuando Cuba no está en guerra contra Estados Unidos, se les atemoriza con la imposición de elevadas multas a bancos, empresas, financistas, se les adicionan congelamiento de fondos, perdida de visas para entrar a Estados Unidos, al sancionado y sus familiares. Es un denso entramado, que cada día suma a más entes. Se persigue por viajar y gastar en la Isla, se considera una forma de dar “oxigeno”, al condenado en proceso de asfixia letal.
También, la agresión mediática, han inundado e infectado el éter cubano durante años, incitando al terrorismo, la desobediencia civil, al sabotaje y a conductas subversivas.
Emplea el terror también, por medio de una enorme y extensa campaña de difamación, tergiversación de la realidad nacional, que intenta culpar las situaciones límites a la gestión gubernamental, cuando en realidad es resultado del ahogamiento sistémico aplicado.
El espionaje ha ocupado un lugar estacado, para erosionar las bases del sistema político, desviarlo hacia sus pretensiones, promover la deserción de funcionarios, de talentos, todo encaminado a lograr su finalidad subversiva y desestabilizadora.
Han generado pavor en la población con la estimulación de una inflación galopante y la especulación sostenida de los alimentos de primera necesidad, que encarece los precios y aumenta el agobio de la ciudadanía, acciones encaminadas a promover y estimular protestas por los incomodos prolongaos cortes de electricidad y la consiguiente afectación para recibir la vital agua, consecuencia y efectos de las acciones impuestas por la administración republicana actual de asfixia total como ha sentenciado, de manera descarnada y cínica, el devenido secretario de Estado.
El terrorismo ejercido por el Estado, ha sido un método de agresión utilizado por las sucesivas administraciones de Estados Unidos, en particular la actual obcecada por someter por hambre y penurias a un pueblo, una cultura, una ideología decidida a defenderse a pesar de las presiones del país más poderoso del mundo, contra una insumisa nación, ejemplo de resistencia, patriotismo y soberanía para el mundo.
26 de agosto de 2026

