El arte se va a la escuela
Por Arleen Rodríguez Derivet / Fotos: Jorge Ricardo.
Hija de un noble poeta y una dirigente juvenil, Isabelita López Hamze creció amamantada por la historia de una de sus abuelas, mujer natural de las serranías orientales, donde nunca se conocieron las comodidades citadinas, pero se aprende muy pronto a apreciar la profunda belleza del monte, con sus olores, sus trinos, sus arroyos, sus árboles y frutas: la mejor de las escuelas.
De esas raíces auténticamente cubanas, comprometidas y poéticas nació Isabelita, que completó en nuestras escuelas de arte a la artista que ya es, a tiempo completo.
Lo es en tanto no hay un acto de su vida que no esté asociado al arte, a la creatividad como antídoto contra la fatiga que provoca la dura cotidianidad de estos días de bloqueo energético.
En vísperas del inicio del nuevo curso escolar, en el circuito del Vedado donde vive la familia, faltó la energía eléctrica durante 38 horas, pero nunca se apagó el entusiasmo de los habitantes de su apartamento, donde falta casi todo menos talento y ganas de enamorar a sus hijos de la principal misión de sus vidas mientras crecen.
Estudiar no tiene que ser sólo un deber si el arte logra convertirlo en divertimento.
Este primero de septiembre, a punto de comenzar el curso heroico bajo bloqueo energético, mi vieja amiga Isabel, la madre de Isabelita, me mandó las fotos del hermoso proceso de preparación del primer día de sus nietos de regreso a las aulas.
Las imágenes pueden decir todo lo que no alcanzan a contar mis palabras.











Tomado de Cubadebate.
