Cuba

La cultura cubana: raíz viva de una nación

En Bayamo, el 20 de octubre trasciende el calendario y su significado desafía al presente: ¿cómo sostener vivo el espíritu que transformó un canto en la voz de todo un pueblo? 

La respuesta, nace en aquella ciudad liberada por las fuerzas independentistas, donde la victoria de octubre de 1868 halló expresión perdurable en La Bayamesa, ese himno que unió la creación artística con la voluntad de conquistar la independencia.

Sus antecedentes remiten al ambiente conspirativo bayamés de agosto de 1867, cuando Pedro Figueredo, Perucho, dio forma a esta composición destinada a la lucha. Manuel Muñoz Cedeño participó en su instrumentación.

Antes de la jornada gloriosa, la melodía ya había tenido una audición pública, en junio de 1868, en la Iglesia Mayor de Bayamo. Sin embargo, distinguir esos momentos no disminuye la grandeza del acontecimiento; permiten comprender cuánto de preparación y compromiso hubo detrás de aquel canto.

En el imaginario popular, Perucho aparece montado a caballo, cercado por quienes le exigían los versos de la marcha victoriosa. No obstante, los estudios históricos añaden un matiz: es posible que la letra ya estuviera escrita antes de esa escena.

Lo que verdaderamente confiere grandeza al episodio es su carácter colectivo: aquí la música y la palabra se convirtieron en la expresión de un anhelo común.

Bayamo ocupa, desde entonces, un sitio excepcional en la memoria cultural de Cuba. En aquella ciudad, el arte no permaneció ajeno a los procesos que transformaban la sociedad: formó parte de ellos y les dio una voz capaz de perdurar a través de las generaciones. 

De ese vínculo nace la decisión de consagrar el 20 de octubre como Día de la Cultura Cubana, fecha instituida por un decreto refrendado el 22 de agosto de 1980. 

Aquel fundamento unió la conmemoración al himno y a la independencia, y vio en ese canto una expresión de la conciencia nacional.

Conmemorar la jornada va más allá de recordar una efeméride. Supone regresar a las razones que volvieron inseparables la cultura y la libertad. La frase «Morir por la Patria es vivir» condensa la intensidad de ese legado.

La vigencia del Día de la Cultura Cubana se inculca desde la tradición y la enseñanza. No basta con identificar al autor del himno o memorizar una fecha; hace falta explicar qué estaba en disputa y por qué una canción pudo unir voluntades. Solo entonces se comprenderá el sentido pleno de su canto, sobre todo, si es un 20 de octubre.

La celebración debería tender puentes entre esos testimonios y las nuevas generaciones, y debería llevarnos a preguntarnos cada día qué hacer para que la memoria local dialogue con la historia de la nación.

El 20 de octubre cobra sentido cuando la evocación se transforma en compromiso; cuando el orgullo por lo heredado impulsa a forjar una mejor nación.

Bayamo nos devuelve, así, una lección que excede la jornada conmemorativa: la cultura vive cuando un pueblo reconoce sus raíces y erige con ellas su porvenir.

Tomado de Periódico Granma.

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