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Adios a Patricia Walsh, esa compañera que siempre estuvo en el lado correcto de la historia de nuestro pueblo

Por Carlos Aznárez, Resumen Latinoamericano, 5 de noviembre de 2026.

Patricia, la más pequeña pero no menos importante de esa familia de patriotas revolucionarios y revolucionarias que comandaba tu padre, el montonero, el periodista, el escritor, el imprescindible. Patricia, hermana querida de Viki, caída en combate en la batalla de la calle Corro. Patricia, la que nunca dejó de estar en aquellos gloriosos años 70 en que los compañeros y compañeras peleábamos por la Revolución y el Socialismo. Patricia, la que masculló su rabia el nefasto día en que los marinos genocidas intentaron secuestrar a Rodolfo, después de dar a conocer su Carta abierta a la Junta Militar, y éste resistió hasta entregar su vida para impedirlo. La misma que, ahuyentando todos los peligros, fuiste hasta el domicilio de tu padre y de su compañera Lilia, preocupada porque no tenías ninguna señal de su paradero, y sin entrar en el lugar pudiste ver los destrozos que habían hecho los milicos. Patricia, la que años después aguantó como pudo la irreparable pérdida de su hija María Eva, y ni siquiera en tan terribles circunstancias dejaste de reivindicar la vida y la lucha que la habita en todos los momentos y en cada circunstancia.

Patricia, militante de HIJOS, junto a los que peleaste por la memoria fértil de tantas y tantos madres, padres, hermanos, a los que el sistema, el de ayer y el de hoy, trata otra vez de hacer desaparecer. Patricia, la que impulsaste, desde tu cargo de diputada, y con toda la fuerza de tus principios revolucionarios, el proyecto de Nulidad de las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida, esos dos engendros que el sistema intentaba encajar con forceps en la democracia «controlada» y «dependiente».

Y por supuesto, que también fuiste periodista, psicóloga social, militante de izquierda, feminista, rebelde ante las injusticias, pero por sobre todo, digna reivindicadora de la trayectoria de tu viejo y de tu hermana, militantes montoneros, cuya memoria defendiste, no dejando que nadie se apropiara con oportunismo de la misma y del legado de sus hermosas vidas entregadas a la causa de los trabajadores y trabajadoras.

A partir de hoy no te tendremos más físicamente, pero nos acompañarán tu sonrisa compañera, tus enojos y rabietas cuando algo no salía como te lo habías imaginado, tu maravillosa pasión por darle para adelante a pesar de que -como siempre nos pasó- las derrotas parecían sumar más escalones que las victorias. Pero nunca consiguieron amilanarte todos aquellos que solo saben hablar con la voz de la violencia del poder, ni tampoco cooptarte con los cantos de sirena de falsos progresismos que tiempos después terminaban derrumbados por fuego cruzado.

Te despido compañera, y lo hago recordando ese enorme abrazo que nos dimos cuando en plena calle Arenales nos cruzamos de pura casualidad, o por esos encuentros que pacta el destino, aquel día del mes de octubre del 76. Ya había sucedido lo de la calle Corro, y por supuesto nos emocionamos hasta las lágrimas durante varios minutos, mientras repetíamos, recordando a Viki, y como una clave para seguir sobreviviendo: «LOMJE, LOMJE». Libres o Muertos jamás esclavos.

Hasta la Victoria Siempre, compañera Patricia Walsh.

Tomado de Resumen Latinoamericano

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