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El siglo de Trump y el fin de la etiqueta «salvadores de la humanidad»

Por Yaimi Ravelo / Resumen Latinoamericano Cuba.

Deteneos todos. Se presenta ante nosotros el personaje célebre del siglo XXI, estamos aquí presenciando La Era de Trump. Aunque esta horrible realidad sirva para seguir alimentando su detestable ego, nadie supera a este criminal, asesino, pedófilo, arrogante e ignorante de lo que es capaz de hacer la humanidad para conservar su existencia.

El abominable presidente no es solo una amenaza para el hemisferio occidental del cual se considera dueño por derecho. Me solidarizo con el noble pueblo norteamericano que no votó por este magnate millonario, y que de su boca solo salen insultos al raciocinio y la evolución de nuestra especie.

«El Naranja» es la evidencia del gran retroceso genético por el que atraviesa el homo sapiens.     

Me solidarizo también con los ciudadanos que por derecho votaron por él, -lamentable- votaron por la destrucción de su hermosa nación, tanta sangre derramada en la tierra de Lincoln contra la esclavitud, por el derecho al voto, la democracia, los derechos humanos, contra el racismo, por la igualdad de género y un sin fin de luchas que los condujeron a ser paradigmas ante el mundo de la libertad plena y de expresión. Qué derroche intelectual y científico, para terminar gobernados por la vergüenza de un pura raza hitleriano. La imagen del «sueño americano» ya la había destruido ICE contra los migrantes. Hoy, no son aquel gran país de la propaganda consumista y cultural. Hoy representan ante el mundo la gran pena, -lo que jamás debió existir-, él y todos los que aplauden sus pataletas burgo imperiales.  

Trump representa el fin de la paz mundial, al menos reconocido por Occidente. La paz hace muchas décadas no existe a plenitud. De hecho, no podríamos definir con certeza cuándo la humanidad ha vivido en paz.

La paz no existe ni ha existido donde hay un recurso natural que el gran imperio necesite para vivir y crecer, y ojala fuese solo eso. La paz no ha existido en ningún lugar abundante en recursos que les permite colonizar otras tierras, plantar bases militares, vigilar, controlar y matar. La paz no ha existido en África, en el Medio Oriente y tampoco en América Latina.

¿De qué paz mundial hablamos? Si han proporcionado golpes de Estados en América Latina, Europa, África y Medio Oriente. Soslayadamente financian el genocidio del pueblo palestino, cientos de guerras. Palestina lleva 75 años de lucha contra el colonialismo. ¿De qué paz hablamos? Si tienen bases con sus tropas en todos los rincones del planeta. 

¿De qué paz hablamos? Si Cuba lleva 67 años de guerra, no usaré la palabra bloqueo, es guerra. Una guerra sucia, de desprecio hacia el pueblo cubano, hacia la dignidad de las mujeres y hombres de una pequeña isla en el Caribe. Es una guerra de deshonra, de cobardes. No hay honor ni gloria en esa victoria que anhelan, mediante el ataque directo a las familias cubanas, a las generaciones futuras. A la salud, a la economía. «Revélense contra el gobierno o mueran de hambre y de enfermedades». Ese era el método de «liberación» de los «salvadores de la humanidad». Todo cambió con el ataque a Venezuela.

Poco duró la careta, en la línea de tiempo de la existencia de los grandes imperios 80 años desde la Segunda Guerra Mundial no son nada. El cuento de los hermosos héroes norteamericanos que salvaron a Europa del nazismo alemán, sólo lo creyeron ellos, los sumisos europeos y los amantes a las historias de Hollywood. Todos sabemos que el ejército bolchevique salvó a la humanidad de un mal que se extendía vertiginosamente por todos los continentes. Gloria eterna a ellos.

Nos han atacado siempre, y la rapiña manera de hacer guerras de los «salvadores de la humanidad» quedó atrás en el pasado siglo XX.

El fin de la Segunda Guerra Mundial le regaló a los seres humanos la posibilidad de contar con un organismo internacional que limitara la barbarie y la supremacía de las grandes potencias militares, de la que ha sido víctima desde épocas antiguas. Las guerras mundiales fueron un trauma para los europeos, debían evitar a toda costa que la «fiebre roja» llegara a ellos. La Carta de las Naciones Unidas obligaba a todas las naciones a cumplir sus estatutos sin distinción de tamaño o poder. Todos los países miembros debían cumplir las leyes del Derecho Internacional con el fin de lograr la buena convivencia interregional, el respeto entre los Estados Soberanos y así evitar las guerras.

El fin de la etiqueta «salvadores de la humanidad»

La agresión militar de los Estados Unidos a Venezuela el pasado 3 de enero y el secuestro vulgar del presidente constitucional Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, desata en el mundo una ola de protestas exigiendo la liberación de los prisioneros de guerra y el respeto al derecho internacional.

¿Por qué crece el rechazo de Europa hacia Trump y su equipo administrativo? Porque con ese ataque a Venezuela rompieron la posibilidad del diálogo entre las naciones. Trump destruyó décadas de relaciones diplomáticas entre los países, regidas al amparo del derecho internacional. Destruyó el concepto de soberanía, -soberana hoy es la nación que tenga capacidad militar para defenderse de un dictador sociópata imperial-. 

«El Naranja» balbucea en un inglés de acento vomitable «el petróleo es mío», «Groenlandia es mía», «Hemisferio mío». ¿Quién osa dormir tranquilo ante este bochornoso momento para la humanidad? Donald Trump se ríe de todos, hasta de los más poderosos, hasta de los más audaces e inteligentes. Porque es inmortal, no se rían, puede que lo piense.  

La doctrina guerrerista del presidente Trump preocupa. No existe en su conciencia ni acción política un organismo que regule lo que cree necesario para que su imperio crezca. Adiós a las Naciones Unidas. Adiós a la Corte Internacional de Justicia. Adiós al Derecho Internacional. No hay país que no se sienta amenazado por el hambre de poder y dominación de la actual administración estadounidense.  

Cualquier nación podría ser un objetivo militar o económico. Y en el medio estamos nosotros, el daño colateral. La humanidad.

Los Estados Unidos son una amenaza real para nuestra existencia. Somos todos vulnerables ante su designio. La suerte está echada. En la «Era de Trump» nos queda defender la dignidad, la vida y la libertad.

 Si éste desperfecto humano le permite al resto dejar descendencia, en el futuro contarán los libros de historia el desprecio de los estadounidenses hacia el presidente que destruyó el «gran país», la vergüenza de propiciar las hordas de élites asesinas, secuestradores de la esperanza. Leerán en el futuro las páginas más tristes de lo que un día fue el imperio. 

Foto de portada: CBC.

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