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Palestina. Informe documenta: Armas israelíes “evaporaron” 2842 cuerpos en Gaza

HispanTV / Resumen Latinoamericano, 10 de febrero de 2026.

Funeral de un grupo de víctimas de los ataques israelíes en Gaza

Una investigación encuentra que Israel ha utilizado armas prohibidas en Gaza que han provocado la desentigración total de los tejidos corporales de las víctimas.

La cadena catarí Al-Jazzera, reportó el lunes que, de acuerdo con evidencias de campo, testimonios de testigos y reportes oficiales en la Franja de Gaza, los cuerpos de miles de asesinados en la Franja de Gaza se evaporaron sin que quedara rastro alguno de ellos, como resultado del uso por parte del ejército israelí de armas prohibidas,

Según la investigación, citando informes de los servicios de rescate y socorro de Gaza, los cuerpos de más de 2842 personas desaparecieron por completo y que en los lugares atacados solo se encontró salpicaduras de sangre y un mínimo de restos humanos.

Al Jazeera afirma que los datos y documentos recopilados muestran que estos ataques se llevaron a cabo mediante municiones explosivas térmicas con efecto de vacío, así como armas de alto poder explosivo y amplia capacidad de destrucción humana. Armas cuyas temperaturas pueden alcanzar alrededor de 3500 grados centígrados y generar una presión inmensa que provoca la evaporación de los fluidos corporales y la conversión de los tejidos humanos en cenizas.

¿Qué es una bomba térmica de vacío?

De acuerdo con estudios científicos publicados, incluidas investigaciones en la base científica ScienceDirect, las bombas térmicas de vacío son hasta cinco veces más potentes que las bombas convencionales y actúan en tres fases letales: primero una onda térmica extraordinaria, luego ondas de presión severas y, finalmente, una bola de fuego que se expande en espacios cerrados y quema todo lo que encuentra a su paso.

La investigación también recoge dolorosos relatos humanos. Entre ellos, Rafiq Badran, un ciudadano de Gaza, declaró a Al Jazeera que, durante un intenso bombardeo que destruyó decenas de viviendas, los cuerpos de sus cuatro hijos se evaporaron por completo, y que solo encontró arena de color negro” y restos dispersos en el lugar.

Asimismo, Yasmin, madre de un mártir llamado Saad, relató que tras el bombardeo de una escuela en un barrio, al este de la ciudad de Gaza, buscó el cuerpo de su hijo en hospitales, morgues e incluso mezquitas, pero finalmente llegó a la conclusión de que su cadáver había desaparecido por completo y no quedó ningún rastro de él.

En este mismo contexto, el portavoz de los servicios de rescate y socorro de Gaza, Mahmud Basal, dijo al canal catarí que sus equipos se han enfrentado repetidamente a casos en los que los informes iniciales indicaban la presencia de un número determinado de personas en las viviendas atacadas, pero tras las operaciones de desescombro, el número de cuerpos recuperados era menor que el registrado.

Basal subrayó que esta realidad llevó a los equipos de rescate a concluir que algunos cuerpos “se evaporaron por completo”, un fenómeno que, según él, “antes de esta guerra era incluso inimaginable en el trabajo de campo”.

Yusri Abu Shadi, ex inspector principal de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), explicó en una entrevista con la cadena que las armas que combinan calor extremadamente alto y presión intensa son capaces de destruir completamente las células humanas sin dejar rastro del cuerpo.

Abu Shadi dijo también que anteriormente han ocurrido casos similares como durante la invasión estadounidense de Irak, especialmente en las batallas de Faluya en 2004 y 2005, cuando el uso de armas con alto efecto térmico provocó la quema total o la desaparición de los cuerpos de las víctimas.

En este contexto, el exfuncionario de la AIEA aseguró que la repetición del mismo patrón en Gaza refuerza la hipótesis del uso por parte de Israel de armas prohibidas por el derecho internacional, algo que, en su opinión, podría constituir una base jurídica para procesar a los responsables como autores de crímenes de guerra en toda regla.

Según el balance anunciado este martes por el Ministerio de Salud de Gaza, el número de asesinados desde el inicio de la guerra israelí ha alcanzado los 72 032 palestinos y el de los heridos, 171 661.

La guerra de Israel contra la sanidad de Gaza continúa con toda su fuerza bajo el «alto el fuego»

Mads Gilbert, La Haine / Resumen Latinoamericano, 9 de febrero de 2026.

Ceremonia de graduación celebrada en el Hospital Shifa de la ciudad de Gaza, que sufrió graves daños como consecuencia de los ataques israelíes, el 25 de diciembre de 2025

El 5 de noviembre de 2023, sólo un par de meses después del inicio de este último ataque contra Palestina, mi querido amigo y colega, el Dr. Maisara Azmi Al Rayyes, de 28 años, fue brutalmente asesinado junto con la mayor parte de su familia cercana en un ataque con misiles del ejército israelí contra su casa familiar en la ciudad de Gaza. El Dr. Maisara, un joven médico brillante y talentoso especializado en salud materno-infantil, había regresado para servir a su patria sitiada y ocupada tras completar su máster en el King’s College de Londres como becario Chevening en 2019. Hasta el día en que fue asesinado, arriesgó repetidamente su vida para proporcionar la atención sanitaria que su pueblo necesitaba desesperadamente bajo los implacables ataques israelíes.

El Dr. Maisara fue sólo uno de los más de 1.700 profesionales sanitarios palestinos asesinados en Gaza desde el 7 de octubre de 2023.

Mientras escribía esto, recibí noticias de Gaza de que el paramédico Husein Hasan Al-Samiri, de 48 años, de la Sociedad Palestina de la Media Luna Roja, había sido asesinado en un ataque aéreo israelí dirigido contra equipos de ambulancias claramente identificados en la zona de al-Mawasi, al oeste de Jan Yunis. Las bombas alcanzaron al equipo de rescate cuando intentaba llegar hasta las personas heridas en un ataque contra tiendas de campaña que albergaban a familias desplazadas, un ataque que causó la muerte de 21 personas, entre ellas cinco niños.

Al-Samiri fue el cuarto trabajador sanitario asesinado en Gaza desde que se declaró el llamado «alto el fuego» en octubre de 2025 y el segundo en menos de 24 horas. Murió en un ataque doble: un primer ataque seguido de un segundo ataque deliberado contra los equipos médicos y de rescate que acudían a atender a los heridos. Este crimen de guerra forma parte del manual de tácticas israelí desde hace muchas décadas. Yo mismo fui testigo de ataques de doble golpe contra ambulancias y equipos de rescate en Beirut durante la brutal y sangrienta invasión israelí del Líbano en 1982, y más tarde en Gaza durante innumerables ataques israelíes.

En los últimos dos años, muchos trabajadores sanitarios palestinos también fueron ejecutados por las fuerzas israelíes simplemente por hacer su trabajo.

El pasado mes de marzo, por ejemplo, soldados israelíes ejecutaron uno por uno a 15 paramédicos y rescatistas de la defensa civil palestinos en la zona de al-Hashaashin, cuando se apresuraban a ayudar a los heridos en el lugar de un ataque con misiles, antes de enterrar sus cuerpos en una fosa común poco profunda, en un aparente intento de ocultar el crimen. Las imágenes de vídeo de los asesinatos, recuperadas del teléfono de uno de los rescatistas fallecidos, circularon posteriormente ampliamente por los medios de comunicación internacionales.

La ejecución de los socorristas médicos en Al-Hashaashin fue una de las manifestaciones más extremas de los ataques de Israel contra los trabajadores sanitarios.

Las espantosas imágenes conmocionaron a muchos, pero, al igual que las pruebas irrefutables de los ataques de doble golpe, no fueron suficientes para que los gobiernos occidentales que apoyan a Israel tomaran medidas significativas. Algunos emitieron declaraciones de condolencia, otros lanzaron severas advertencias, pero ninguno actuó para detener o sancionar eficazmente a Israel.

¿Habrían guardado silencio estos gobiernos si la resistencia palestina hubiera atacado de la misma manera a los trabajadores sanitarios y al personal de ambulancias israelíes? ¿Se habrían limitado a hablar de boquilla sobre los derechos humanos o habrían condenado, sancionado y castigado rápidamente a los autores? Sabemos la respuesta. La continuación de la matanza en Gaza refleja una profunda violencia estructural racista sostenida por la indiferencia occidental. Esta indiferencia otorga impunidad al gobierno genocida de los asentamientos de colonos y supone una amenaza mortal no sólo para las vidas, la asistencia sanitaria y los derechos humanos de los palestinos, sino también para la credibilidad, para todos nosotros, de lo que se describe como el orden internacional basado en normas.

La magnitud de la destrucción a la que se enfrenta la población de Gaza es abrumadora. Según el Ministerio de Salud de Gaza, al menos 71.000 palestinos han perdido la vida desde el 7 de octubre, y decenas de miles más siguen atrapados bajo los escombros. La tasa de mortalidad entre la población civil supera el 80%, y los niños, las mujeres y las personas mayores constituyen la inmensa mayoría de las víctimas. La esperanza de vida en Gaza se ha reducido de aproximadamente 74 años a unos 35 años como consecuencia de la violencia militar, el hambre, los desplazamientos, las enfermedades y la destrucción sistemática de la infraestructura médica.

En la actualidad, los trabajadores sanitarios palestinos siguen trabajando en condiciones inimaginables. Los hospitales y las clínicas han sido bombardeados, invadidos o incendiados, pero siguen prestando sus servicios, a menudo con una capacidad mínima. La resiliencia y la valentía de los profesionales médicos de Gaza son extraordinarias, pero no pueden compensar el desmantelamiento sistemático del sistema sanitario.

El llamado «alto el fuego» que entró en vigor el 10 de octubre de 2025 y que se presentó internacionalmente como un paso hacia el fin de las hostilidades, no sirvió para sacar a los palestinos de esta miseria. Su sufrimiento continúa bajo el manto de esta falsa «paz». Desde el «alto el fuego», los ataques militares israelíes han matado al menos a 529 palestinos y herido a más de 1.400. Las autoridades de Gaza informan de más de 1.450 violaciones del alto el fuego entre octubre de 2025 y enero de 2026 mediante ataques aéreos, fuego de artillería y disparos directos israelíes.

Una de las promesas asociadas a esta farsa de alto el fuego era la creación de rutas de evacuación seguras para los enfermos y heridos. El 26 de enero, la Organización Mundial de la Salud sólo pudo facilitar la evacuación de 24 niños de Gaza a Jordania, acompañados por 36 cuidadores. El 2 de febrero sólo se permitió salir a cinco pacientes en estado crítico. Mientras tanto, casi 20.000 pacientes siguen atrapados en Gaza, entre ellos 4.500 niños que necesitan urgentemente un tratamiento que no está disponible en el territorio. Más de 1.200 pacientes han muerto mientras esperaban el permiso para salir de Gaza y recibir atención médica que les salvara la vida.

El régimen de Netanyahu no sólo ha devastado el sistema sanitario de Gaza destruyendo hospitales y matando a médicos y enfermeras, sino que también ha atrapado a los enfermos y heridos dentro de lo que se ha convertido en un apocalíptico campo de concentración al aire libre.

La catástrofe provocada por el hombre a la que se enfrenta el sistema sanitario de Gaza no es el resultado de ningún fallo de los profesionales médicos de Gaza. Es el resultado de 18 años de asedio, agravados por más de dos años de bombardeos continuos y la detención, tortura y asesinato selectivo del personal médico. La Organización Mundial de la Salud ha registrado más de 1.800 ataques contra instalaciones y personal sanitario en los territorios palestinos ocupados desde octubre de 2023, que han causado la muerte a más de 1.000 personas y heridas a casi 2.000.

Estos ataques forman parte de un patrón histórico más amplio. En las últimas dos décadas, la OMS ha documentado al menos 3.254 ataques israelíes contra la atención sanitaria en los territorios palestinos ocupados, que han causado la muerte o lesiones a más de 4.200 pacientes y personal médico. Cada ciclo de agresiones militares israelíes erosiona aún más el ya frágil sistema médico de Gaza, agravando el agotamiento de una infraestructura sanitaria ya paralizada por la escasez crónica de medicamentos, equipos, mantenimiento, combustible, capacidad de reparación y protección internacional.

Las consecuencias humanitarias son visibles en todas partes. Gaza está soportando su tercer invierno consecutivo en condiciones de desplazamiento masivo. Más del 80% de los edificios han sufrido daños o han quedado destruidos. Las familias viven en refugios superpoblados, expuestos a tormentas y temperaturas bajo cero. Ya han muerto niños por hipotermia. Los brotes de enfermedades se están propagando rápidamente, con más de 88.600 infecciones respiratorias agudas y aproximadamente 11.000 casos de diarrea acuosa aguda notificados en las últimas semanas, de los cuales alrededor del 80% afectan a los niños, según la Organización Mundial de la Salud.

La propia ayuda humanitaria está siendo objeto de ataques directos. Israel se ha negado a renovar las licencias de funcionamiento, prohibiendo a al menos 37 organizaciones humanitarias reconocidas internacionalmente trabajar en Gaza, entre ellas Médicos Sin Fronteras y el Consejo Noruego para los Refugiados. Al mismo tiempo, el Parlamento israelí ha aprobado una ley que permite cortar el suministro de electricidad y agua a las agencias de las Naciones Unidas que proporcionan ayuda vital, atención sanitaria y educación a más de 2,5 millones de refugiados palestinos. Las consecuencias son obvias y deliberadas: colapso humanitario, castigo colectivo y limpieza étnica como política.

Lo que está ocurriendo en Gaza no es sólo una guerra contra la población, sino un ataque directo a los principios del derecho internacional, incluida la obligación de proteger a los civiles y los servicios médicos durante los conflictos armados. Con el apoyo constante de Estados Unidos, Israel está sustituyendo las normas jurídicas por el poder bruto.

Europa prometió «nunca más» tras el Holocausto. Esa promesa tenía por objeto advertir a la humanidad de que tolerar la violencia racista no conduce a la estabilidad, sino a la catástrofe. Hoy en día, esa advertencia se está ignorando.

El genocidio en Gaza representa una de las pruebas éticas definitorias de nuestro tiempo. La ayuda humanitaria, aunque esencial, no puede abordar las causas fundamentales de la enfermedad y la muerte prematura en Gaza y Cisjordania. Estas causas fundamentales residen en las realidades estructurales de la ocupación y el apartheid israelíes, que configuran todos los aspectos de la vida palestina.

El nuevo año no ha traído ninguna renovación para Gaza, sólo la continuación de un lento genocidio y el colapso del liderazgo moral occidental. Sin embargo, la esperanza permanece en la resiliencia y la resistencia del pueblo palestino y en la creciente solidaridad mundial que exige responsabilidades.

«Nunca más», declaró el mundo en 1945. Para los palestinos, la urgencia de esas palabras nunca ha sido mayor.

*Mads Gilbert es un galardonado médico y autor noruego, profesor emérito, especializado en anestesiología y medicina de urgencias en la Universidad Ártica de Noruega. Ha trabajado activamente como cooperante médico con los palestinos desde su primera misión en Beirut Occidental en 1981 y 1982, y posteriormente, sobre todo en Gaza, durante los últimos 30 años.
Al Jazeera

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