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La caja de herramientas de la dependencia: redes digitales ante el espejo

Por Raúl Antonio Capote* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Lo que se vivirá esta tarde en la sala de audiencias número 4 del tribunal federal de Los Ángeles, sienta un precedente histórico. Mark Zuckerberg tiene previsto testificar este miércoles en un juicio histórico sobre adicción a las redes sociales que se desarrolla en Los Ángeles, lo que supone la primera vez que el fundador de Meta debe responder frente a un jurado por los diseños de sus productos.

No será para explicar el metaverso ni para presentar unas gafas de realidad aumentada. Será para responder a una pregunta que durante años sobrevuela sobre el mundo como una sombra incómoda: ¿Es Zuckerberg, un arquitecto de la adicción?

La pregunta no es baladí. El caso que hoy enfrenta al fundador de Meta, junto a Google (matriz de YouTube), marcará el camino para otros miles de demandas similares que acumulan polvo en los tribunales de EE.UU.

Si el jurado determina que Instagram, tal y como está diseñado, es un producto que causa daño, la industria tecnológica tal y como la conocemos temblará sobre sus cimientos. El muro de la inmunidad, protegido durante décadas por la Sección 230 de la Communications Decency Act, podría empezar a agrietarse.

La demandante, a quien su abogado, Mark Lanier, ha bautizado como «Kaley» (no es su nombre real), tiene hoy 20 años. Pero su historia comienza en la infancia. Según la acusación, Kaley empezó a usar YouTube con solo seis años e Instagram a los nueve. Lo que empezó como entretenimiento terminó en horas interminables conectada, en una obsesión por los filtros de belleza, ansiedad, dismorfia corporal y pensamientos suicidas. Llegó a pasar más de 16 horas seguidas utilizando la aplicación.

Mientras, la estrategia de la defensa de Meta, liderada por el abogado Paul Schmidt, es la clásica: desplazar la responsabilidad. «No discutimos que Kaley tuviera problemas de salud mental, pero esos problemas se deben a su vida en un hogar turbulento, no a Instagram”.

Sin embargo, los correos electrónicos, los estudios internos y los testimonios de exempleados que han ido enriqueciendo los procedimientos previos, dibujan una realidad mucho más cruda: la adicción no es un efecto secundario del uso de las redes sociales, es su función principal.

Lo que hace único a este juicio es que, por primera vez, se analiza con lupa jurídica el llamado código fuente del deseo. ¿Cómo se «fabrica» la adicción?

Así las cosas, la acusación expondrá cómo el «desplazamiento infinito» no es una simple opción de diseño, sino una trampa psicológica. Al eliminar los puntos de parada naturales (como un «pasar página» o un «fin de lista»), la plataforma induce al usuario a un «estado de flujo» del que es muy difícil salir. Es como quitarle los descansos a un corredor de maratón: corre hasta el colapso.

Mientras que, las recompensas variables, son la técnica más letal. La demanda de la ciudad de Nueva York contra estas mismas empresas, presentada el año pasado, la definía con escalofriante precisión: «En lugar de echar monedas en las máquinas tragaperras, los niños están alimentando a las plataformas con una oferta interminable de atención, tiempo y datos».

El «Para Ti» de TikTok o el feed de Instagram dosifican dopamina en dosis impredecibles. No sabes cuándo llegará el vídeo que te hará reír, el que te enfurecerá o el que te sorprenderá.

Ahora, si Meta ha sido acusada de crear el modelo, TikTok ha perfeccionado la fórmula. Investigaciones académicas recientes, como la de la Universidad de Baylor, demuestran que la aplicación ganó la batalla no por el contenido, sino porque todo es muy fácil de hacer, no se necesita ningún esfuerzo.

La app se abre directamente en vídeo a pantalla completa. No hay que elegir, no hay que buscar, no hay ni que tocar la pantalla. El algoritmo aprende de lo que los expertos llaman «preferencias reveladas»: esos segundos extras que te quedas en un vídeo, aunque nunca le hayas dado un «me gusta» a algo similar. Es un sistema que te conoce mejor que tú mismo, y que utiliza ese conocimiento para mantenerte sedado frente a la pantalla.

Adam Mosseri, responsable de Instagram, ya fue interrogado la semana pasada sobre los filtros de belleza. La tesis del fiscal es sencilla: ¿Qué efecto tiene en la mente de una niña de 13 años pasar horas mirándose en un espejo virtual que le borra las imperfecciones, le agranda los ojos y le afina la nariz? La respuesta la dan los propios documentos internos de Meta, filtrados a lo largo de los años: genera inseguridad, y la inseguridad genera más uso.

Zuckerberg se enfrenta a un jurado, entre el público, ocupando los asientos disponibles, estarán los padres que han perdido a sus hijos por suicidio o que los han visto consumirse en una depresión alimentada por la comparación constante y la búsqueda imposible de la validación digital.

El abogado Lanier ya ha anunciado: «Los documentos internos demuestran que Meta entendió los peligros que sus plataformas suponían para los jóvenes. Sin embargo, Zuckerberg y su equipo siguieron adelante, eligiendo funciones diseñadas para mantener a los niños en línea durante más tiempo, incluso cuando esas decisiones ponían directamente en peligro a los menores”.

La respuesta del jurado de Los Ángeles no solo decidirá el futuro de Kaley. Decidirá si el veneno de la serpiente destilado en servidores y enmascarado en pantallas bonitas, tiene un precio que, al fin, alguien debe pagar.

Fuentes: SWI, CNN, France 24.

Foto de portada: BBC

(*) Escritor, profesor, investigador y periodista cubano. Es autor de “Juego de Iluminaciones”, “El caballero ilustrado”, “El adversario”, “Enemigo” y “La guerra que se nos hace”.

 

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