Verdades, mentiras y raros egos
Por Raúl Capote
Los deseos de tener razón son tan importantes para algunos que ven y escuchan lo que no ocurrió. Tener para ellos razón es más importante que reflexionar.
No se mintió sobre el diálogo, cuando se dijo antes que no habían conversaciones, no las había, ahora se están estableciendo los primeros contactos, se abre la posibilidad del diálogo sobre la base del respeto a la soberanía y la independencia de Cuba, lo escuché clarito, se dan los primeros pasos, los primeros intercambios de un proceso siempre largo y complejo.
¿Es mejor confiar en lo que dice el Donald Trump y su camarilla que en lo que dice nuestro gobierno? ¿Es más creíble el señor anaranjado que el Primer Secretario de nuestro PCC?
Más allá de exquisiteces comunicacionales, de la gran deuda que tenemos en esa materia (si tantos sabios infalibles que tenemos se sumaran al trabajo de mejorar nuestra comunicación sería fenomenal, aunque tengo mis dudas, veo lo que hacen algunos de ellos en las redes y deja mucho que desear) la intervención fue necesaria, aclaratoria, es cierto que se le vio cansado, agotado al presidente (¿será que no para de trabajar, que no duerme, que vive consagrado en ganar esta dura batalla que enfrentamos?)
Sembrar la duda es al plan del enemigo, llenarnos de desconfianza, de incertidumbre, para dividirnos y vencernos con más facilidad, seguirle el juego a la Casa Blanca, a su tramposa ofensiva mediática, es muy peligroso para todos.
Quieren convertirnos en jauría de perros suicidas, enfermos de rabia, capaces de morder a todo el que se ponga al alcance de nuestros colmillos, de morder nuestra carne y nuestra alma.
Espero que los «defensores» del derecho a decir lo que se piensa respeten el mío, ese que he ejercido siempre con absoluta limpieza, incluso cuando algunos de los esclarecidos librepensadores de hoy, no se atrevían a abrir la boca ni para bostezar.

