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Guerra cognitiva contra Cuba: el negocio del odio y la mentira

Por Raúl Antonio Capote / Imagen: Generada por Inteligencia Artificial

La guerra cognitiva contra Cuba adquiere dimensiones inéditas, manipular para sembrar la duda, lograr que las personas desconfíen de las instituciones y los medios oficiales, se encuentra entre los objetivos fundamentales.

Un análisis cuantitativo de más de 3 000 impactos informativos en la última semana de marzo, realizado por el Observatorio de Guerra No Convencional del sitio Razones de Cuba, revela que la narrativa está centrada en un bloque compacto de medios, con sede en los centros de poder occidentales, sobre todo de EE.UU.

La lista la encabeza Bloomberg.com, con 1427 impactos, ese medio alineado con la agenda establecida por Washington, le sigue una red de portales que actúan como repetidores de la retórica contrarrevolucionaria.

No obstante, lo más relevante no es el volumen, sino la segmentación, la maquinaria de guerra cognitiva ha dividido sus ataques en cuatro vectores estratégicos.

El primero enmarcado en la guerra Económica (42%), se difunden noticias que exageran la crisis, ocultan logros y presentan cualquier medida de ajuste como prueba de colapso.

Le sigue la diplomacia de asedio (28%) que se traduce en los intentos de torpedear las relaciones estratégicas de Cuba, como el vínculo con México, y deslegitimar la actividad legislativa soberana del país.

No puede faltar en la agenda el tema de los Derechos Humanos (18%), incluidos los reportes sesgados sobre procesos judiciales que pueden servir para justificar la injerencia extranjera y sigue, en orden de prioridad, la migración (12%), el fomento de la «fuga de talentos» y manipulación de la diáspora como arma política.

La precisión de esta segmentación, responde a lo que la periodista e investigadora Rosa Miriam Elizalde ha definido como «una brutal guerra de información en medios digitales», en la que hay un clúster de más de 100 sitios que llevan el nombre de Cuba, pero se producen desde Miami o España.

Uno de los aspectos más inquietantes de esta guerra, que se ha intensificado en las últimas semanas, es el uso de algoritmos como multiplicadores de la desestabilización.

Lo que cada cubano ve en su feed de redes sociales es el producto final de una ingeniería diseñada para priorizar el conflicto. Empresas como Meta, X y Alphabet no solo registran lo que se publica, andan a la caza del comportamiento subconsciente: el tiempo en milisegundos que la mirada se detiene en un video, los patrones de clics, la ubicación aproximada, la red de contactos frecuentes.

La neurociencia aplicada ha demostrado que la indignación, el miedo, la incertidumbre y la tristeza generan respuestas dopamínicas más fuertes que la alegría. Así, en el contexto cubano, cualquier frustración legítima —provocada por el bloqueo— es detectada por la máquina e inmediatamente retroalimentada y amplificada.

De ese modo la población cubana es microsegmentada en miles de grupos psicográficos. No es propaganda tradicional, es ingeniería social de precisión. Un ejemplo reciente, es el apagón del sistema eléctrico nacional ocurrido el lunes 16 de marzo que se convirtió en un detonante perfecto para la maquinaria de desinformación.

Como ha documentado Cubadebate, a partir de una foto difusa y sin verificación, se intentó imponer la mentira de que se habían producido explosiones y sobrevolaban helicópteros militares en La Habana. En cuestión de horas, un contenido ambiguo fue amplificado por cuentas y medios, transformándose mediante la repetición, en una narrativa del alarmismo y crisis.

El mito de la caverna de Platón adquiere hoy una dimensión trágica los manipuladores pretenden que los cubanos sigan mirando las sombras que ellos proyectan en la pared: sombras de violencia, de caos, de desesperanza.

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