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Honrar la vida. Thiago Ávila y la emotiva carta a su hija Teresa

Por Mariela Pozzi.

Mis hijas me preguntan por los niñxs de Palestina. Con esa lucidez que solo tiene la infancia, han entendido mucho: que allá, al otro lado del mar, hay miles de niños y niñas que no pueden reír, que no pueden jugar, que han sido privados del derecho más básico de ser simplemente niñxs. Es difícil explicarles que el mundo permite que la alegría sea robada por las bombas. Esa misma pregunta, esa misma angustia por el futuro, es la que recorre la carta que el activista brasileño Thiago Ávila escribió a su hija Teresa.

Desde la prisión de Shikma, el activista brasileño Thiago Ávila envió una conmovedora carta a su hija Teresa. En medio de denuncias por torturas y tras ser secuestrado en aguas internacionales, su mensaje pone el foco en la urgencia de detener el genocidio que hoy desangra a más de un millón de niños en la Franja de Gaza.

«Espero que algún día comprendas que, como te amo tanto, no había nada más peligroso para vos que vivir en un mundo que acepta el genocidio». Con estas palabras, dictadas a su abogado entre los muros de una cárcel israelí, el activista brasileño Thiago Ávila intentó explicarle a su pequeña hija el porqué de su ausencia. Ávila, referente de la lucha por los derechos humanos, se encuentra detenido junto al hispano-palestino Saif Abukeshek tras haber sido interceptados por fuerzas sionistas en aguas europeas mientras integraban la Flotilla Global Sumud.

Una infancia bajo fuego y hambre

La misiva de Ávila no es solo un adiós temporal a su familia si no más bien, y ante todo una denuncia política sobre la situación de la infancia en Palestina. Más de un millón de niños y niñas en Gaza enfrentan condiciones que desafían cualquier noción de humanidad, ya que debido al bloqueo criminal de insumos médicos, cientos de niños han pasado por quirófanos improvisados en condiciones de dolor indescriptible. La hambruna provocada por el Estado de Israel golpea con especial saña a los más pequeños, provocando cuadros de desnutrición severa y muerte por falta de alimentos básicos. Niños que ni siquiera conocen los conceptos de «sionismo» o «imperialismo» están creciendo bajo el estruendo de las bombas y el odio de una ocupación que busca negarles el futuro.

«Sé que me extrañas muchísimo, y todos los padres y madres de niños palestinos también los extrañan profundamente y darían cualquier cosa por vivir una vida de amor, felicidad y alegría», escribió Ávila.

Denuncias de tortura y secuestro ilegal

La situación de los activistas es crítica. Su esposa, Lara Souza, denunció al periódico Correo Braziliense que Ávila presenta lesiones en todo el cuerpo y el rostro. Los golpes en la cabeza fueron de tal magnitud que el activista sufrió una pérdida temporal de la visión.

Este secuestro en aguas internacionales y el posterior traslado a la prisión de Shikma en Askalan (en territorio palestino ocupado) representan una violación flagrante a la legalidad internacional por parte del gobierno de Benjamin Netanyahu y sus ministros de extrema derecha, como Itamar Ben-Gvir.

Para Ávila, honrar la vida significa no ser cómplice. En su carta, señala directamente a los responsables del horror —Trump, Netanyahu y Ben-Gvir— y reafirma que la seguridad de las próximas generaciones, incluida la de su hija en Brasil, depende de la capacidad de los pueblos de rebelarse contra la barbarie.

El llamado de libertad por Thiago Ávila y Saif Abukeshek se suma a la exigencia global por el cese del fuego inmediato y el fin del genocidio. La lucha por un mundo donde ningún niño sea blanco de una bomba o víctima del hambre es la tarea histórica de nuestro tiempo.

«El grito de ’¡No olvides Palestina!’ con el que Thiago Ávila se despidió de su hija desde la celda de aislamiento, es hoy una bandera de lucha que trasciende fronteras. La integridad física de estos dos activistas es responsabilidad directa del Estado de Israel y de la complicidad silenciosa de las potencias europeas.

Tomado de La Izquierda Diario.

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