Tras los pasos del enemigo: visitas de jefes de la CIA a Cuba
Por Raúl Antonio Capote* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.
La relación entre EE.UU. y Cuba se basa en una larga y compleja historia de agresiones, de antagonismo y diplomacia secreta. Antes del triunfo de la Revolución, durante la República Neocolonial, los contactos de los servicios especiales eran habituales, en el transcurso de las Guerras de Independencia contra España en el siglo XIX, las agencias yanquis se destacaron por su labor a favor de la Metrópoli.
Antes de 1959, las visitas de altos mandos de la inteligencia estadounidense fueron parte fundamental de la política de Guerra Fría de Washington para “combatir el comunismo” en la región.
Entre 1947 y 1959, se produjeron al menos cuatro visitas documentadas de líderes de la CIA a La Habana, todas ellas centradas en apoyar la maquinaria represiva del régimen de Fulgencio Batista.
En este contexto, la presencia en la isla, el 14 pasado, del máximo responsable de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) —la organización que simboliza la hostilidad estadounidense— constituye un acontecimiento de una rareza, digamos que histórica.
Sobre los antecedentes de la Agencia pesan la muerte de miles de cubanos víctimas del terrorismo, la más reciente hazaña de la Compañía fue su participación en el asesinato de 32 internacionalistas de la Mayor de las Antillas en Venezuela.
Es la misma agencia que planificó la invasión de Bahía de Cochinos y numerosos intentos de asesinato contra Fidel Castro. Sin dejar de olvidar la estela de horror que sembraron durante décadas en América Latina, Golpes de Estado, desaparecidos, torturados, un largo corolario de crímenes.
La visita de Allen Dulles en abril de 1955: El nacimiento del BRAC
La primera y más significativa visita de un director de la CIA en activo a Cuba ocurrió en abril de 1955. Apenas un año después de asumir la dirección de la agencia, el abogado Allen Welsh Dulles viajó a La Habana para reunirse personalmente con el dictador Fulgencio Batista.
El objetivo central de este viaje era articular la creación del Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC), un organismo que se convertiría en la principal herramienta de persecución política en la isla durante los años previos a la Revolución.
En una carta posterior enviada a Batista, fechada el 15 de julio de 1955, Dulles anotaba:
“La creación por el Gobierno cubano del ‘Buró de Represión de Actividades Comunistas’ es un gran paso adelante en la causa de la Libertad. Me siento honrado de que su gobierno haya acordado permitir a esta Agencia y la asistencia en el adiestramiento de algunos de los oficiales de esta importante organización”.
La visita de Dulles se enmarcaba en un año de intensas relaciones bilaterales: tan solo dos meses antes, el vicepresidente Richard Nixon había calificado a Batista como “principal defensor de los principios de la libertad y la democracia”.
Tras la visita fundacional de Dulles, la CIA mantuvo una presencia de alto nivel en Cuba a través de su inspector general, Lyman B. Kirkpatrick, Jr., quien realizó tres viajes consecutivos a la isla en 1956, 1957 y 1958, según él mismo describe en su libro The Real CIA.
Las visitas de Dulles y Kirkpatrick a la Cuba de Batista revelan un patrón claro de colaboración entre la naciente CIA y el régimen dictatorial cubano. Estas misiones tuvieron como eje la construcción y supervisión del BRAC, evidenciando el papel de la isla como un laboratorio temprano de las estrategias de contrainsurgencia anticomunista estadounidense en América Latina.
Una misión precursora, el emisario Vernon Walters en 1982
En marzo de 1982, el presidente Ronald Reagan envió a La Habana al general Vernon Walters para una reunión secreta con Fidel Castro sobre el papel de Cuba en Centroamérica.
Si bien Walters no era en ese momento director de la CIA —cargo que ocupó de forma interina en 1973—, para entonces ya se había desempeñado como subdirector de la agencia (1972-1976), lo que le confería un perfil de altísimo nivel como enlace de inteligencia.
Su misión en 1982 demuestra que, en momentos de alta tensión, Washington ha recurrido a figuras de la comunidad de inteligencia para abrir canales de comunicación directa con el liderazgo cubano.
Sin embargo, el antecedente más directo y significativo lo protagonizó John Brennan, director de la CIA entre 2013 y 2017. En 2015, durante la administración de Barack Obama, Brennan viajó en secreto a La Habana.
Este desplazamiento no fue anunciado oficialmente en su momento y solo se conoció con posterioridad. Se enmarcó dentro de los canales diplomáticos de inteligencia confidenciales que facilitaron el histórico anuncio del 17 de diciembre de 2014, cuando Raúl Castro y Barack Obama, comunicaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas.
Diplomacia a plena luz
Once años después, el 14 de mayo de 2026, el director de la CIA, John Ratcliffe, realizó una visita diferente en forma y fondo, aterrizó en La Habana para reunirse con altos funcionarios cubanos en un momento de crisis extrema para la isla, crisis, es necesario destacar, provocada por Washington.
Ocurre a partir de la solicitud presentada por el gobierno de EE.UU. de que se recibiera en La Habana una delegación presidida por el director de la CIA, la Dirección de la Revolución aprobó la realización de esta visita y la reunión con su contraparte del Ministerio del Interior.
La comparación de estos episodios revela una transformación en la estrategia de comunicación de Washington. Mientras la visita de Brennan en 2015 se mantuvo en secreto para facilitar un acercamiento, la de Ratcliffe en 2026 fue deliberadamente publicitada.
La inusual publicación de imágenes oficiales sugiere que la visita no solo buscaba transmitir un mensaje al gobierno cubano, sino también proyectar una imagen de fuerza ante la opinión pública doméstica e internacional.
Fuentes: Trabajadores, Granma, Global Security Org, CIA (Gov.)
(*) Escritor, profesor, investigador y periodista cubano. Es autor de “Juego de Iluminaciones”, “El caballero ilustrado”, “El adversario”, “Enemigo” y “La guerra que se nos hace”.
Foto de portada: El Nuevo Herald.

