Fidel Castro Ruz y la agresión militar contra Cuba (I)
Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.
El derrocar a la Revolución cubana por medio de una agresión militar, la ocupación del archipiélago e instalar un gobierno afín a los intereses estadounidenses, han sido sueños de catorce administraciones y treces presidentes de Estados Unidos. La actual administración, desde su llegada al poder en enero de 2025, ha elevado la agresividad hasta peligrosos niveles de inminente confrontación militar, fomentan y estimulan el colapso humanitario para convertirlo en una amenaza de su seguridad nacional, que a lo interno y externo justifique el uso de la fuerza para darle solución a una situación extrema urdida, desarrollada y conseguida por ellos desde hace siete décadas.
A las más de 240 medidas punitivas dentro de un vasto programa de medidas coercitivas contra Cuba, están las sumadas por la administración predecesora y las concebidas desde enero del presente año, cuando la escalada se elevó a agresiones verbales fuera de toda diplomacia, retórica hostil, bravuconería barrial, ofensiva y provocadora, para colocar la tensión de la narrativa corrosiva en ruta de colisión entre ambos países. Se ha adicionado una colosal campaña de fabricados pretextos para erosionar la credibilidad cubana ante la opinión pública internacional, junto con el pretendido desmonte de las imágenes de los dirigentes de la Revolución, con el deliberado interés de presentarlos como culpables de los efectos acumulativos del genocida b loqueo.
Han estimulado el aislamiento político diplomático y países sometidos han tomado la iniciativa de romper relaciones plenas o parciales; además de la histórica inclusión infame en la lista de supuestos países patrocinadores del terrorismo, ahora cercan a la Isla para someterla con la paralización interna por falta de combustible, medida que afecta los elementales derechos humanos el cubano; el aislamiento comercial ha llegado a límites impensables hasta afectar a los propios intereses de sus nacionales al prohibirles vender al sector privado mercancías, fundamentalmente alimentos.
El primer día de mayo, se lanzó una amenaza mundial contra quienes comercien con Cuba, se convierten de hecho en enemigos de Estados Unidos; las redes sociales azuzan la confrontación, plumas pagadas y mercenarios nacionales que viven del enorme y jugoso emporio de la contrarrevolución, hacen giras financiadas por los contribuyentes estadounidenses, por diversos países promoviendo la distorsión de la realidad nacional, para mermar la solidaridad en momentos extremadamente peligrosos, avocados a una confrontación en forma de guerra, que afectará a todo el Caribe, por la respuesta que provoque agresión de tal envergadura.
El Gobierno republicano, no quiere que la Revolución tome medidas “democráticas” de su agrado, tampoco es solución el indulto de presos contrarrevolucionarios en momentos exigidos ni reanimar la economía con inversiones de Estados Unidos, en ocasiones demandada, a lo que siempre han aspirado es derrocar, someter y destruir una historia de más de sesenta años, no quieren una isla transformada, la quieren, como ha amenazado el ambarino, “tomada”, es el morbo de la conquista enfermiza, de la parafilia sádica.
Por eso las conversaciones para evitar una guerra, se dilatan, es un mecanismo para ganar tiempo mientras que el dantesco plan de desestabilización hace su labor de erosión y de desgaste y culmina con una eclosión, que justifique la invasión “humanitaria”.
El líder histórico Fidel Castro Ruz, analizó en varias ocasiones los momentos y provocaciones, que colocaron al país en una situación de defensa ante un zarpazo imperial, que fueron frecuentes.
El empleo del terror, como se hace ahora por parte de esta administración republicana y la inminencia de una guerra, de un ataque de Estados Unidos contra Cuba, ha sido analizado por el líder histórico cubano en varias ocasiones a lo largo de esta prolongada agresión sobre esta indeseada situación, en una ocasión valoró: “Porque nosotros estábamos pensando que había algo mucho más preocupante: la posibilidad de una guerra. No se había producido todavía ni siquiera el ultimátum, pero se podía percibir por la propaganda y por las discusiones que eso venia”.
Reflexionó: “La lucha lleva este camino y hay que responder. Hay un momento que te desembarcan en las costas. Tú dices: «Bueno, una provocación»; pero tú no puedes dejar de disparar. Donde una provocación que busca tales objetivos se puede contener y cómo es el punto en que no se puede contener. Ellos estaban decididos a hacer lo que fuera para provocar situaciones… Entonces llego el punto en que, a nuestro juicio, más allá de que no se hubieran podido contener”. Como ahora, que Estados Unidos, necesita un logro, después del fracaso en Irán, que le permita a los republicanos recuperar y mantener el liderazgo en las venideras elecciones de medio término.
Sobre momentos límites, abocados al enfrentamiento militar, Fiel Castro, rememoró: “Esto de la guerra no se ha producido, nadie sabe cómo se va a desenvolver, aunque uno sabe, porque ha pensado mucho cómo sería una guerra contra el país, cuantas bajas habría, cuanta destrucción tendría lugar. Dante no habría podido imaginar el costo de una agresión aquí; no se sabe cuántas veces mayor que lo de Irak…”.
Sobre la tensión, que genera una sostenida crisis, en la cual cada palabra, gesto u omisión, pueden ser manipulados, tergiversados y así agravar la tirantez, el líder valoró: “Si usted tiene una situación en que la vida del país, la vida de millones de personas peligra, se puede comprender perfectamente que ese país este preocupado por eso mucho más que por cualquier otra cosa, que priorice por encima de todo lo que le interesa”.
El estimar la capacidad defensiva de Cuba, sumada la disposición, motivación y patriotismo ante la Patria agredida, reiteró: “Permítame decir que aquí hay millones de cubanos preparados para la guerra de todo el pueblo. He dicho alguna vez que habíamos alcanzado la «invulnerabilidad militar», que ese imperio no puede pagar la cuota de vidas, no imaginada y tal vez tantas o más que en Vietnam, si trata de ocuparnos. …ya la sociedad norteamericana no está dispuesta a concederles a sus gobernantes el crédito de decenas de miles de vidas para aventuras imperiales. Pero no vaya a creer que disponen de abundantes reservas de soldados.
Como lo estamos viendo con la guerra en Irak, ya cada vez menos norteamericanos se inscriben. Han convertido el enrolamiento para el ejército en una fuente de empleo, contratan desempleados, y muchas veces tratan de contratar el mayor número de negros para sus guerras injustas. Pero han llegado noticias de que cada vez menos afronorteamericanos están en disposición de inscribirse en el ejército, a pesar del desempleo y la marginación a que son sometidos; porque tienen conciencia de que los están usando como carne de cañón… Buscan, para sus guerras, latinos, inmigrantes que, tratando de escapar del hambre, cruzaron la frontera, esa frontera donde están muriendo más de 500 inmigrantes cada año…”. “Ese es el mundo en que estamos viviendo. Un mundo en el que hay que saber defenderse. El enemigo también hace una lucha psicológica”.
Hay un momento en que el líder, despeja el camino y enseña cómo enfrentar al agresor: “Si el enemigo cree que uno lo tolera, si el enemigo cree que uno no hace nada, se le desata lo que biológicamente se pudiera llamar el instinto de persecución. Los domadores de leones a veces dan la espalda al león, usan el látigo, el fuete, que hace ruido y de vez en cuando saludan, reciben los aplausos y se mueven otra vez para allá, porque si no, reacciona el león, por instinto de persecución. Hasta un perrito faldero, de esos mansos, empieza a ladrarle, y si uno huye, sale corriendo detrás y hasta le puede morder el pantal6n. Pero si uno se vira, el perrito va para atrás. A mí me ha ocurrido en el mar con las barracudas, los tiburones, cuando uno les hace frente, entonces vienen el instinto de conservaci6n de ellos que les hace retroceder. No hay nada peor que darle la espalda al enemigo, porque desarrolla ese instinto de persecuci6n, eso es de las fieras, y un imperio es mucho más que una fiera, y la psicología de los que dirigen un imperio y manejan sus arnas es la de las fieras. Y ustedes no quieren ser presa de ninguna fiera. No. Las fieras hay que enfrentarlas”.
Las reflexiones de Fidel Castro, no perecen en el tiempo, no pierden vigencia, como estas, legadas para todos los tiempos: “Primero, el imperio tiene que saber que va a haber lucha y que el precio será alto. Segundo, debieran sospechar que todo puede terminar como han terminado estas aventuras y como estoy seguro de que terminaría una aquí; más, fíjese bien, no lo deseamos ni mucho menos; no lo podemos desear. Entonces, es nuestra pelea, fíjese, y es nuestra respuesta, y la encontraran siempre, no de la forma que se imaginan, porque otra de las cosas que tiene que hacer el que es más débil es usar la inteligencia, la psicología, la astucia”. Sobre sus enseñanzas en momentos aciagos como los actuales, hay mucho más para evocar. Continuará
(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

