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¡Mambises, bestias, no tiréis con drones!

Por Michel E. Torres Corona*

Cualquier cubano puede recitar de memoria varias frases o incluso fragmentos enteros de diálogos de las aventuras de Elpidio Valdés, legendario animado de la autoría de Juan Padrón. La frase que da título a este escrito deriva de un simpático episodio, en el que un joven mambí —parte de la tropa de Elpidio—, tras frustrarse por lo anticuado del rifle que le asignaran, termina descubriendo sus facilidades para disparar cualquier tipo de munición. Uno de los españoles, sorprendido por la cualidad de los proyectiles, termina gritando: ¡Mambises, bestias, no tiréis con ventanas!

El cuestionamiento a los mambises por no librar una “guerra decente” forma parte del acervo cómico de la nación cubana, pero hoy —por los giros inusitados de la historia— sirve para ilustrar la actitud de nuestros actuales adversarios. Una “filtración” de un sitio estadounidense, sobre la supuesta posesión del ejército cubano de 300 drones, ha desatado una nueva campaña que ya ni intenta disimularse como la fabricación de un pretexto para la agresión militar imperialista. A la mayor potencia nuclear jamás conocida por la humanidad le molesta, le preocupa, que una pequeña nación insular, con menos de diez millones de habitantes, posea esos modernos artilugios para la defensa nacional.

El gobierno estadounidense lleva meses amenazando, prácticamente a diario, con una toma (amistosa o no) de Cuba. Hay vuelos de reconocimiento, maniobras en altamar, discursos que parecen dicho al son de los tambores de la guerra… y, sin embargo, pretenden que la comunidad internacional se sobresalte cuando Cuba se prepare para esa agresión tan anunciada. Y, no solo eso, sino que con toda la (escasa) seriedad de la que pueden hacer acopio personajillos como Pete Hegseth, afirman que la amenaza verdadera viene de la Isla socialista y no del imperialismo norteño.

Lo primero que habría que decir es que es intrascendente si existen o no esos 300 drones. Por una parte, es larga y abrumadora la lista de falso pretextos que han esgrimido los “halcones de la guerra” yanqui para lanzarse a su negocio preferido. Basta recordar las infames e inexistentes armas de destrucción masiva que, según Colin Powell y Bush hijo, poseía el gobierno iraquí de Saddam Hussein: invadieron, asesinaron a Hussein y nunca apareció ni siquiera una diminuta ojiva nuclear. O, más cercano en el tiempo, la consuetudinaria prédica que Irán estaba “a días” de desarrollar armamento atómico: bombardearon, asesinaron al Ayatolá y…

Tenga Cuba o no esos 300 drones, Estados Unidos invadirá y/o bombardeará si así le conviene. La amenaza no es armamentística sino moral: Cuba no se rinde y eso sienta un muy mal ejemplo.

Por otra parte, cabría preguntarse —si, en definitiva, los 300 drones existen—: ¿qué ejército del mundo, hoy en día, no posee esa tecnología para fines de defensa? ¿No le asiste a Cuba todo el derecho de prepararse con todos los medios a su disposición, sin violar el ordenamiento jurídico internacional, para una potencial agresión injustificada? Si existen esos drones y si se concreta una invasión… ¿nos reprocharán que los usemos? ¿Nos tildarán de bestias por defendernos a como dé lugar?

La posición oficial del gobierno cubano es clara: lo dijo el canciller, Bruno Rodríguez, asegurando que nuestro país “no amenaza ni desea la guerra”, pero que tenemos derecho a la legítima defensa, cuyo contenido está signado por la proporcionalidad. ¿Pueden considerarse desproporcionado el arsenal de Cuba si se enfrentara a una agresión estadounidense, si se enfrentara al ejército más poderoso y mejor financiado del planeta?
Como diría el propio canciller, el gobierno estadounidense “construye, día tras día, un expediente fraudulento para justificar la guerra económica despiadada contra el pueblo cubano y la eventual agresión militar”.

Toda mentira, toda falsedad, es útil para los propósitos de Trump y compañía. Ojalá y no ocurra, pero si llegara a ocurrir, no dudamos ­—como afirmara el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel— que se provocaría “un baño de sangre de consecuencias incalculables”. Porque los cubanos no deseamos la guerra pero no le tememos. No claudicaremos por temor, como puede que añoren nuestros enemigos.

Y, aunque ya no cause tanta risa, al igual que los mambises de la tropa de Elpidio Valdés, opondremos férrea resistencia a cualquier intentona bélica, ya sea con drones o tirando con ventanas.

(*) Abogado, periodista, conductor del programa ConFilo.

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