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Fuego contra Cuba: de la impunidad a la farsa antiterrorista de Washington

Por Raúl Antonio Capote

Para cualquier persona medianamente razonable, honesta y apegada a su patria, escuchar a alguien —con quien comparta o no la herencia de esa tierra— pedir una agresión militar contra el país donde nació, contra los suyos, contra sus parientes, amigos y vecinos, resulta aberrante. 

Un acto que estremece, sin embargo, muy cerca del archipiélago cubano, en el vecino del Norte, medran personas que han encontrado en esas calles suelo fértil para sus odios, sus frustraciones y, sobre todo, sus ambiciones.

Una de esas personas es la señora Marisa Lugo Fernández, cabecilla de la OCRE, el Movimiento 30 de Noviembre Frank País y el Partido Democrático 30 de Noviembre Frank País. Hablamos de los grupos terroristas que organizaron el fallido plan de infiltración contra Cuba, desarticulado el 25 de febrero de 2026. 

Pero Lugo no se detiene, según el seguimiento mediático de sus propios actos, continúa abogando principalmente por una intervención militar contra la Isla; es, de hecho, una de las voces que más insiste y trabaja para que semejante barbaridad se concrete. 

Al mismo tiempo, mantiene su apoyo abierto a los terroristas capturados en aquella fecha, y lo hace sin disimulo, desde territorio estadounidense.

Llama la atención —aunque por desgracia no es nada fuera de lo común— que, pese a todo esto, el FBI no ha movido un dedo contra esta mujer. Se le han entregado pruebas de sus misiones y de su papel en la trama, sin embargo, en esos lares nadie impugna su conducta, así se escribe la “lucha contra el terrorismo” cuando el terror apunta hacia Cuba.

La comunidad cubana y la estadounidense merecen saber cómo juegan su papel los servicios especiales de EE.UU., cuando el terrorismo se planifica a la luz pública, sobre todo si se tiene en cuenta que ese mismo gobierno acusa a Cuba de patrocinarlo. 

La pregunta no es retórica: ¿quién ampara a quién? La autora intelectual de la preparación y la logística de aquella infiltración con fines terroristas frente a las costas de Villa Clara se pasea hoy por las calles norteamericanas con absoluta tranquilidad, como años antes lo hizo Posada Carriles y continúa promoviendo acciones violentas contra la tierra que la vio nacer.

Marisa Lugo carga con un amplio historial contrarrevolucionario, fue detenida en varias ocasiones en Cuba por actividades provocadoras dirigidas a desestabilizar el orden constitucional cubano. 

Desde su llegada a Estados Unidos en 2002, formó parte de una organización contrarrevolucionaria de abierto corte terrorista: Plantados hasta la Libertad y la Democracia en Cuba, integrada por exreclusos sancionados por acciones terroristas en nuestro país, entre ellos Mario Chávez de Armas, Eusebio Peñalver Mazorra y Ángel de Fana Serrano. Desde esa plataforma, Lugo Fernández no ha dejado de promover el terrorismo.

Nadie puede poner en duda el derecho de nuestro país a defenderse de estos planes violentos gestados desde Estados Unidos, sobre todo cuando se conoce la permisividad de las agencias federales encargadas de aplicar la ley y prevenir actos terroristas. 

Cuba no es un Estado patrocinador del terrorismo; desde el triunfo mismo de la Revolución ha sido víctima de un terrorismo que ha tenido su epicentro en territorio estadounidense. 

Más de 3 000 víctimas de acciones violentas organizadas y promovidas desde ese país aún claman justicia, madres que perdieron a sus hijos, trabajadores que jamás volvieron a casa, familias enteras desgarradas por bombas que estallaron en el silencio cómplice de la impunidad.

El Secretario de Estado, Marco Rubio, miente a sabiendas cuando afirma que Cuba constituye una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, su único propósito es instigar una agresión militar contra la Isla, la historia, esa que él finge ignorar, desenmascara la maniobra.

No puede olvidar el pueblo cubano, cómo en 1960 el presidente Eisenhower aprobó un plan encubierto de la CIA para derrocar a la naciente Revolución, ni cómo en 1961 mercenarios entrenados por la Agencia invadieron Cuba y fueron derrotados en Playa Girón en apenas 72 horas por las milicias populares. 

¿Quién organizó, financió y entrenó a las bandas de alzados que sembraron el terror en el Escambray y otras regiones de la Isla, y cometieron crímenes atroces? ¿Quién está detrás del asesinato de nuestros diplomáticos, empresarios y funcionarios en el exterior, de las bombas en oficinas de representaciones cubanas, de los atentados contra figuras de la emigración que apostaban por el entendimiento con la Patria?

El patrón se repite década tras década. Recordamos siempre el derribo del avión de Cubana de Aviación en 1976, las bombas en hoteles de La Habana en 1997, el financiamiento permanente a medios subversivos a través de la NED, la USAID, la FUPAD y toda una red de ONG y OSC al servicio de la política de cambio de régimen contra la Isla. ¿Quién es, entonces, la amenaza? ¿Quién ha tendido las trampas en el camino?

Lo acontecido en 2026 contra la Mayor de las Antillas, el férreo cerco que se cierne sobre su pueblo, ejemplifica mejor que cualquier discurso la realidad: el bloqueo energético total es un acto de terrorismo de Estado. 

Debemos preguntarnos: ¿a quién beneficia esta narrativa? La respuesta es clara. La construcción artificial de Cuba como “amenaza” no es un error de percepción; es una coartada funcional.

Marisa Lugo recibe apoyo financiero para sus acciones violentas de Plantados hasta la Libertad y la Democracia en Cuba, favorecida por la estrecha amistad que la une al cabecilla y connotado terrorista Ángel de Fana. Mantiene vínculos con otros individuos como Mijaíl Sánchez González y Michelle Naranjo Riverón, y no es descartable que los utilice para ejecutar acciones violentas en territorio nacional.

Su expediente es extenso, en la mañana del 26 de febrero de 2026, se trasladó con urgencia desde su lugar de residencia hacia Miami para participar en la organización de un acto de apoyo y tributo a la Brigada de Mercenarios 2506, en la emblemática calle 8 del suroeste de Miami. 

Ha reconocido públicamente estar muy afectada por el fracaso de la infiltración, pues conocía a todos los participantes desde hacía meses, al coincidir con ellos en las actividades del sector más radical de la contrarrevolución miamense, allí donde se aboga sin disimulo por las acciones armadas contra Cuba.

Ella misma admitió su estrecho vínculo con el terrorista Mijaíl Sánchez González, y el trabajo realizado para recaudar fondos destinados a la compra de medios y equipos de uso militar, ha declarado que su agrupación mantendrá la misma línea belicista, que no tolerará ninguna conducta pasiva en el seno de las organizaciones que lidera, incluido el grupo que mantiene activo en WhatsApp.

Esa señora asegura no haber sido citada por ninguna agencia gubernamental estadounidense, afirma que nadie ha tocado a su puerta, que ninguna autoridad policial vinculada a las investigaciones la ha contactado. 

No hay en su actuación pública la menor señal de arrepentimiento, aunque se le nota preocupada, molesta, frustrada por el fracaso del plan, por la muerte y la captura de aquellos con quienes tejía relaciones cercanas, y por la pérdida del material bélico incautado y los cuantiosos gastos de meses de entrenamiento y logística.

Aun así, anunció un nuevo proyecto: una caravana o viaje en autobús —según el número de participantes— para manifestarse frente a la Casa Blanca y exigir la intervención militar en Cuba. 

Se mantiene activa, envuelta en su discurso de odio y desafío, aunque es evidente que no cuenta con un respaldo mediático ni humano significativo, su soledad es la del fanatismo que solo se nutre de sí mismo.

Es de conocimiento público que el 10 de abril viajó por vía aérea a Nueva Jersey, donde se reunió con otros terroristas para buscar financiamiento y recursos armamentísticos con el objetivo de organizar nuevas acciones armadas contra Cuba desde Estados Unidos. 

Días después divulgó un mensaje de agradecimiento por la “linda acogida y los detalles que se hacen inolvidables”, rematado con su habitual arenga bélica: “Fuego con la dictadura”.

Habría que creer, entonces, que los misiles y las bombas yanquis que pide esta gente disponen de una sofisticada inteligencia artificial que selecciona los blancos y sabe distinguir entre los inocentes, los terroristas contrarrevolucionarios y los patriotas que defienden la patria que los vio nacer. El absurdo lo dice todo.

Mientras en Washington acusan a Cuba de patrocinar el terrorismo, Marisa Lugo sigue libre, y con ella, la evidencia más grotesca de un doble rasero que el mundo ya no puede seguir ignorando.

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