El segundo nacimiento de Atilio Borón
Por Atilio Borón.
Allí, en esa pequeña casa típica en ese entonces de la clase media porteña fue donde comenzó todo. Una gélida madrugada del 1º de julio de 1943 mi joven mamá, de 22 años, estaba por dar a luz. En uno de los dos dormitorios se había improvisado una elemental maternidad. Una estufa de querosén trataba en vano de caldear el ambiente. En la cocina mi nonna calentaba agua para volcarla en un fuentón en donde el recién nacido, o la recién nacida, porque nadie sabía el género de la inminente visitante, sería higienizado o bañado antes de devolverlo en brazos de la madre.
No había personal médico alguno. Solo una hermana de mi padre, mi tía Elvira, y la muy experimentada partera del barrio de Caballito, Juanita, que me cuentan iba transmitiendo en tiempo real mi rápido desplazamiento por el canal vaginal. «Ya llega, ya está aquí, un esfuerzo más» decía, alentando a mi madre, «uno más y ya sale» …. finalmente , como desde pequeño fuí muy respetuoso a los mandatos de la autoridad, salí. Luego entré en modo rebelde y no respeté más a la autoridad constituida, pero en aquél momento lo era…Apenas salí y rompí en llanto Juanita me levantó en alto, como si fuera un trofeo, y gritó: ¡»es un varoncito»!
Hubo aplausos, lágrimas de emoción, persignaciones varias en agradecimiento al Supremo Autor por haberme traído a este mundo sanito mientras mi_nonna, rosario en mano, redoblaba sus rezos. Había nacido quien, con el paso de los años, se convertiría en su nieto favorito, pese a que había doce más que pugnaban por ese título. Y por eso les comparto ahora la puerta de entrada de la casita en que nací. Salió todo muy bien, aunque el frío invernal de esa madrugada me condenó, por largos años, a ser víctima fácil de cualquier brote de gripe que se produjera en la Argentina. Me anotaba en todas, hasta que con la generalización de las vacunas antigripales resolví el problema.
En fin, este es el relato de lo que podría llamar «mi segundo nacimiento.» Como lo conté en detalle en un libro, A Contramano. Una biografía dialogada mi «primer nacimiento» ocurrió mucho antes, en Octubre de 1927 en el momento en que mi padre y su madre, es decir, mi nonna , llegaron tarde a Génova a tiempo para embarcar en el transatlántico que los traería a la Argentina y tuvieron que tomar el siguiente, que salía un par de días más tarde. «Segundo nacimiento» decía, porque la nave que perdieron, el Principessa Mafalda, se hundíó en el golfo de Santa Catarina, Brasil, dejando un tendal de víctimas. Entre ellas habría estado mi padre, por entonces un adolescente de 14 años, que jamás habría abandonado a su madre a su suerte y habría perecido con ella. Por eso digo que ese fue «mi primer nacimiento.» Ese es el recuerdo que quería compartir con ustedes este día: el comienzo de una larga vida que he tratado, hasta el día de hoy, que no sea un mero transcurrir sino algo más, la realización de un proyecto colectivo. No sé si lo logré. Me tranquiliza saber que lo intenté y que no cejaré en el esfuerzo hasta el momento de mi último suspiro. Abrazos a todas y todos y recuerden, en tiempos tan oscuros como éstos, lo que decía Rosa Luxemburg, que cuanto más negra es la noche más brillan las estrellas que nos guían hacia un mundo mejor. ¡Hasta la victoria, siempre!


