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¿Permitirán gobiernos amigos un genocidio contra Cuba?

Por Hedelberto López Blanch 

Hacer un recuento de la enorme ayuda humanitaria sin remuneración, solo en la esfera de la salud, que Cuba ha dado a más de un centenar de naciones del mundo, sería muy difícil hacerla en pocas líneas.  

La práctica de la Revolución cubana desde 1959 ha sido que, si en cualquier lugar del universo acaece un desastre natural de envergadura, el gobierno y su pueblo han estado dispuestos a prestar urgente auxilio sin tener en cuenta el régimen social o el sistema imperante en el territorio afectado. 

Ejemplos sobran: Brigadas médicas fueron a brindar ayuda al pueblo chileno cuando sufrió los terremotos de 1960 y 1971; En Perú en 1970 a donde se envió no solo asistencia médica sino también la sangre donada por 100 000 cubanos y después brigadas de constructores cubanos edificaron 15 centros hospitalarios. 

En 1963 una brigada médica de la Isla llegó a Argelia para brindar apoyo al recién país liberado y del cual se habían marchado casi todo el personal extranjero, que antes mal atendía a su población. 

Tras el terremoto de 1972 y pese a que la dictadura nicaragüense de Anastasio Somoza, apoyada por Estados Unidos, reinaba en esa nación, Cuba envió inmediatamente sangre, personal de salud y medicamentos. 

La ayuda humanitaria cubana se ha extendido a muchas otras naciones como Vietnam; Centroamérica cuando las inundaciones en la década de 1980; en Pakistán cuando el terremoto de 1996 y en la que Cuba llegó con personal de salud, medicinas, implementos y equipos ortopedicos. También han recibido colaboraciones sanitarias la República Popular China y la mayoría de los países africanos. En Venezuela, Brasil, Nicaragua, por citar otras naciones han laborado decenas de miles de personal de la salud. 

La Escuela Latinoamericana de Medicina, ELAM, que abrió sus aulas en septiembre de 1999, ha formado y graduado a más de 12 000 médicos extranjeros procedentes de medio centenar de naciones, incluso de Estados Unidos.  

Resulta innegable el decisivo aporte del gobierno y pueblo cubanos a la liberación de varios países africanos y la consecuente eliminación del apartheid en ese continente y por la que ofrendaron sus vidas más de 2 000 de sus hijos. 

Y ante toda esa humanitaria y solidaria política que ha realizado Cuba con numerosos países del orbe sin pedir nada a cambio podríamos preguntarnos: ¿Permitirán gobiernos del orbe que se cometa un genocidio contra Cuba como lo está llevando a cabo la agresiva e inhumana política implementada por el imperio estadounidense contra la Isla?  

¿Continuará Estados Unidos con su convicto presidente Donald Trump y el mitómano secretario del Departamento de Estado, Marco Rubio,  presionando a diversos países para que no envíen petróleo a Cuba? 

¿Hasta cuando potencias y países amigos como Rusia, China, Brasil, México, Argelia, Angola y otros continuarán obedeciendo las genocidas e injustas acciones de Washington? 

¿No se podrán poner todos de acuerdo para enviar el preciado petróleo a Cuba que está sufriendo una de las guerras más despiadadas por parte de un imperio en decadencia pero sumamente agresivo? 

En un reciente discurso durante las celebraciones por la fecha del 26 de Julio, el presidente cubano Miguel Díaz Canel-Bermudez, expresó: 

«Los funcionarios del Departamento de Estado, expertos en redactar sanciones, hacer listas, inventar pretextos, son una versión moderna de los redactores de edictos y bandos militares que tanto se hicieron temer y odiar en los oscuros tiempos medievales o de las ocupaciones nazis en la Segunda Guerra Mundial.  Como si el resto del mundo fuera su colonia, ordenan cómo deben hacerse las cosas bajo amenazas de castigo o agresión. 

“Denunciamos que quienes diseñaron esa política de asfixia, quienes la implementan y la sostienen, son responsables del sufrimiento del pueblo cubano. Denunciamos también a quienes callan y toleran los desmanes de la envalentonada ultraderecha fascista estadounidense, que miente, roba, mata y pretende erigirse en Dios de todos los destinos”. 

Seguidamente enfatizó Díaz Canel: “El bloqueo de Estados Unidos solo funciona por la complicidad de quienes temen al poder de Washington más que al juicio de la historia. Esto es un nuevo llamado a la conciencia del mundo: No se conviertan en cómplices de otro genocidio”. 

Y con rotunda afirmación concluyó: “Cada vez que  una parte del mundo calla ante la agresión contra Cuba, se debilita el derecho internacional. Cada vez que un gobierno acepta las sanciones ilegítimas de Estados Unidos, se erosiona el principio de no intervención. Cada vez que una empresa es presionada para abandonar sus inversiones en Cuba y otras no se deciden a hacerlas por miedo a represalias, se fortalece la dictadura económica de una sola potencia. Antes fueron Gaza, Líbano, Irán, hoy es cuba. Mañana puede ser cualquier otra nación”. 

Y este comentarista pregunta como conclusión: ¿Decidirán algunas naciones del orbe liberarse del miedo, unirse y desafiar la genocida guerra de Estados Unidos contra Cuba?

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