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Solidaridad, medicina para el cuerpo y el alma

Unos 170 pacientes son atendidos semanalmente en el Instituto de Nefrología, adonde llegó un donativo de Open Arms

Por Laura Mercedes Giráldez.

«Yo quiero vivir, trabajar, sentirme útil», dijo, y sonó a una mezcla entre súplica y demanda. A su alrededor, todos –sanos–, se estremecieron. No hay fuerza más avasalladora que los deseos de vivir. Ni dolor más profundo que ver desvanecerse a una persona a la que se sabe cómo salvar y no tener con qué.

Idania Faura Estopiñán es licenciada en Atención Estomatológica. Tiene 57 años y muchas ganas de retomar su rutina, de volver a la consulta con sus pacientes, de dejar de ser ella quien recibe tratamiento médico, aunque en el Instituto de Nefrología (INEF) de La Habana Dr. Abelardo Buch López, se siente «bien».

La diálisis peritoneal, tratamiento sustitutivo que el personal de esa institución se empeña en ofrecerle, no ha sido posible. Ese procedimiento proporciona calidad de vida, ya que quienes lo reciben pueden trabajar, están vinculados a la sociedad, y desde el punto de vista clínico se sienten mejor, pues además se les realiza en su casa, junto a la familia. No se ven obligados a asistir al hospital tres veces por semana, como sí ocurre con la hemodiálisis.

A pesar de tales beneficios, «en estos momentos llevamos prácticamente alrededor de 6 u 8 meses con falta de insumos para realizar esa terapia de reemplazo renal», manifestó Yamilé García Villar, directora de la institución.

A VIVA VOZ

En el INEF las principales actividades asistenciales son la hemodiálisis, la cirugía endourológica, la diálisis peritoneal y el trasplante renal, las cuales se han visto afectadas debido a las limitaciones para importar materia prima, partes y piezas y material médico, pues los proveedores también son afectados por el bloqueo del gobierno de EE. UU.  

García Villar lo dice a viva voz, para que el mundo lo sepa: En lo que va de 2026 no se ha podido realizar ningún trasplante por la falta de soluciones de perfusión –recurso transversal en todo el programa de trasplante de órganos– y otros insumos. 

Semanalmente, unos 170 pacientes son atendidos en ese centro de referencia nacional en cuanto a la investigación, docencia y asimilación de tecnologías. Se trata del «Alma Mater» de la especialidad de Nefrología en Cuba, que acoge también a estudiantes de otras nacionalidades. 

Sin embargo, «se nos dificultan los tratamientos, aun cuando de ellos depende la vida de unos 3 000 pacientes en Cuba. Realmente los esfuerzos son infinitos para tratar de sostenerlos», insiste.

Existen 57 unidades de Nefrología en todo el país, para las cuales, «la industria nacional proveía gran parte de los medicamentos. Pero hoy eso se complejiza debido al bloqueo».

Aferrados a máquinas desgastadas por el tiempo de uso y la falta de mantenimiento oportuno, los pacientes –de la mano de los especialistas– sueñan con retomar, al menos, una parte de la vida que llevaban antes de padecer enfermedad renal crónica.  

En otros casos, el deterioro de salud por la prolongación de la espera conlleva a que no se le pueda practicar ningún tratamiento. ¿Qué queda, entonces? La ecuación ni siquiera se completa: si más bloqueo se multiplica por cero insumos, la operación matemática se anula, la vida termina.

De los tratamientos de Nefrología depende la vida de unos 3 000 pacientes en Cuba. Foto: Nieves Molina

BLOQUEO: EL PESO SOBRE NUESTROS HOMBROS

«El Instituto de Nefrología cuenta con un parque tecnológico de 439 equipos, de ellos 420 funcionando», dio a conocer su directora. Asimismo, agregó: «Tenemos un coeficiente de disponibilidad tecnológica del 95,6 %, que parece muy bueno, pero para nosotros no lo es tanto, que solíamos tener más de un 98 % o 99 % de coeficiente».

«En cuanto a máquinas de hemodiálisis existen 32 riñones artificiales. Un 61,7 % de esa tecnología lleva unos 5 años de explotación. Y parece bueno, ¿no? Pero sin los mantenimientos preventivos, sin la sustitución de los kits, esa tecnología no va a tener la durabilidad que debería».

La doctora refirió que, el ecógrafo con el cual se realiza la biopsia renal, lleva más de 20 años de explotación, a lo que se suma que vino de retorno de otras áreas de salud. «Aun así no nos detenemos, ni siquiera en tiempos de escasos recursos».

Por otra parte, el INEF no posee tomógrafos para los estudios básicos de los pacientes ni otros muchos implementos, sostuvo. 

«Llevamos más de 60 años bloqueados. Cinco horas de bloqueo equivalen a los dializadores anuales necesarios para todos los pacientes de Cuba. O sea, ¿qué pudiéramos hacer si no tuviéramos ese peso sobre los hombros?».

La doctora Betsy Llerena Ferrer es la jefa del Servicio de Clínica Nefrológica. Para ella es «imperdonable lo que el gobierno de Estados Unidos le está haciendo al pueblo cubano».

Bien sabe cuánto hay en riesgo cada vez que se manipula el instrumental en sus salas. «Lo que para otros países es material gastable, a nosotros nos toca esterilizarlo y reutilizarlo». 

A sabiendas de ello, y como buena cubana segura de que sonriendo se dicen las mayores verdades, les aclara a sus discípulos que, si dañan las jeringuillas y agujas para biopsia –instrumentos sumamente endebles y carentes en el INEF– les tocará la sanción más dura como estudiantes. «¡Si me las rompes, te suspendo!», es su frase de orden.

«Otro de los impactos –remarcó la doctora Yamilé García Villar – ha sido una merma en los recursos humanos. Y esto se evidencia más en el personal técnico y administrativo».

GENTE INCÓMODA QUE ROMPE CERCOS

«En el Instituto de Nefrología, el tiempo se mide de otra manera. En el golpe de un suero, en la alarma de una máquina de hemodiálisis, en las largas horas de una madrugada en vela. En los minutos que separan a un paciente del siguiente turno de tratamiento. En nuestros servicios hay cientos de historias de familias en lucha, cada una de ellas le pone nombre a la gratitud» al recibir la solidaridad que llega de otros países.

Así lo describió Julio César Candelaria Izquierdo, jefe de Servicios de Hemodiálisis del INEF, a los miembros de la ONG Open Arms, quienes la semana pasada visitaron la institución con donativos trasladados desde México, en su velero Astral.

Laura Lanuza, responsable de comunicación de Open Arms, narró que la travesía comenzó en España. Tras su salida en el mes de mayo, desde Barcelona, no solo recopilaron donaciones, sino también, «en cada lugar donde recalamos, desarrollamos eventos para decirle a la gente lo que está viviendo Cuba a causa del bloqueo».

A la organización, desde EE. UU., le bloquearon la página de donaciones. No obstante, jamás cejaron en el empeño de apoyar a la Isla. «Somos incómodos porque no respetamos los bloqueos, y ponemos en evidencia la inacción deliberada ante lo que vive Cuba. Si una organización tan pequeña como la nuestra es capaz de coger un barco y traer toneladas de ayuda, ¿qué podrían hacer otros si se lo proponen?», fue el cuestionamiento de Óscar Camps, líder del proyecto. 

Él recuerda su viaje en julio pasado. Justo con el arribo del velero Astral se salvó la primera vida. Una niña tenía que ser intervenida quirúrgicamente de emergencia, pues presentaba una fractura craneal. El país estaba viviendo una desconexión del Sistema Eléctrico Nacional y parecía imposible entrar al quirófano. Con el equipo de paneles solares que Open Arms trajo, se pudo realizar la cirugía.

«No sé qué es peor, si bombardear un hospital o dejarlo sin luz durante mucho tiempo», inquirió Óscar Camps. «Ojalá fuéramos más grandes y tuviéramos el presupuesto de las organizaciones que llevan 60 años ayudando, para poder traer muchísimo más, pero tenemos el barco que tenemos».

El cargamento que Open Arms trajo al INEF consiste en alimentos, aseo, insumos médicos, casetes de medicación y bolsas para diálisis, justo las que Idania Faura Estopiñán necesita para llevar una vida, lo más parecido posible, a la que tenía antes de su diagnóstico con enfermedad renal crónica.

Fuente: Periódico Granma / Video: Cubainformación.

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