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A más de cuatro décadas de un asesinato impune

Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Desde 1978, el estudio sobre el comportamiento de los actos de terror de los grupos extremistas dentro de la contrarrevolución cubana radicados en Estados Unidos, ofreció resultados que indicaban un cambio en la tendencia en su accionar, si hasta entonces la modelación vigente mostraba que se ejecutaban agresiones por medio de la colocación de bombas y amenazas relacionadas con el empleo de explosivos, ahora se percibía un cambio de modalidad.

El terrorismo predominaba por encima de los actos contra objetivos dentro del territorio nacional, por medio del canal ilegal marítimo, se registraba poca incidencia de las infiltraciones para introducir terroristas, habían disminuido los ataques a embarcaciones cubanas, también disminuía el accionar contra las representaciones cubanas en el exterior, pero se acentuaba, de manera peligrosa, el atentar contra el personal cubano y los emigrados.

Había antecedentes de este proceder, cuando los terroristas de origen cubano que actuaban junto a los fascistas chilenos, argentinos e italianos, en el marco de la Operación Cóndor, combinaron sus medios y métodos. Apareció el método del secuestro a funcionarios cubanos no intentado antes.

El fallido plagio, en julio de 1976, contra el cónsul cubano en Mérida, Yucatán, México y el éxito de los terroristas cuando se consumó el secuestro y asesinato de dos jóvenes diplomáticos cubanos en Buenos Aires, Argentina, en cuyo país se había intentado asesinar al embajador cubano Emilio Aragonés Navarro en agosto de 1975, se constató el cambio de forma de actuar.

Se conjugaron varios factores determinantes en este cambio de modalidad: Se restablecieron relaciones diplomáticas parciales entre Estados Unidos y Cuba en 1977; se realizaron varios encuentros entre representativos de la emigración cubana en Estados Unidos y autoridades cubanas al más elevado nivel; como resultado de estos intercambios tomaron fuerza entre los emigrados corrientes opuestas a la violencia y de acercamiento; comenzaron, de forma fluida, los viajes de  los emigrados a Cuba; la reunificación familiar se reanimó; salieron cientos de presos contrarrevolucionarios y sus familiares hacia distintos países, todos estos avances fueron evaluados por los terroristas como amenazas a su hegemonía y su reacción no se hizo esperar, elevaron su virulencia para entorpecer las relaciones diplomáticas parciales establecidas por el presidente demócrata James E. Carter.

En el año 1980, electoral dentro de Estados Unidos y último de Carter, se desató una espiral violenta orientada contra los diplomáticos cubanos en particular dentro de territorio estadounidense, en este contexto se fraguan planes homicidas.

El jueves 11 de septiembre de ese año, la fase ejecutiva para asesinar a diplomáticos cubanos  estaba en pleno desarrollo y la orden de actuar estaba dada, era el homenaje de la banda criminal Omega-7 a los fascistas chilenos en el séptimo aniversario del golpe castrense. La Misión cubana ante la ONU, era una prioridad.

Los terroristas  de Omega-7 salieron a cazar, hacía meses se estudiaban los movimientos de los representantes cubanos y sus familiares.

Tres de los funcionarios seleccionados y estudiados para ser ultimados, según el criminal Eduardo Arocena, jefe de ese ese grupo asesino, habían regresado a la Misión cubana y no se dieron las condiciones propicias para matarlos antes. El día avanzaba y el tiempo se agotaba. Entonces observaron, que uno de ellos, había salido de la sede, era cerca de la media tarde y sobre él se centraron todos los recursos previstos para el crimen.

Era el diplomático  Félix García Rodríguez, quien  se desempeñaba como agregado a cargo de la prensa, quien ese día, en la mañana, había conmemorado con  exiliados chilenos el aniversario del golpe de  Estado contra el presidente Salvador Allende. 

En 1977, fue designado para laborar en esa sede cubana, donde atendía también cuestiones administrativas, prensa y otras actividades afines. Los terroristas intuían que el elegido los llevaría hacia otros diplomáticos, pero no ocurrió así. El citado Arocena, quien supervisaba la operación, observó que el funcionario se dirigía a una parte poco concurrida del barrio de Queens, llegó a un lava-autos cercano a la avenida Roosevelt. Matarlo ya era una decisión, pero esta debía hacerse en un lugar céntrico de Nueva York, para lograr un impacto mediático mayor, el hacerlo en este barrio en una zona apartada, perdía el efecto que se perseguía.

Años después, durante su juicio por decenas de delitos cometidos, Arocena declaró haber perdido el control sobre el grupo ejecutor del diplomático, pero antes alegó, que trató de interrumpir el plan, para ello chocó de manera intencional el auto, en el cual se movilizaban otros tres terroristas, como señal de corte de la actividad. Pero, el auto, conducido por los conjurados, siguió su marcha tras García Rodríguez.

Entonces, el cabecilla dijo haber regresado en el auto alquilado al aeropuerto de Newark, Nueva Jersey. En el momento en que sus hombres asesinaban a Félix García Rodríguez, en la esquina de Queens Bulevard y la calle 55, él se encontraba alejado de ese lugar. Miró el reloj, eran las 06.30 de la tarde.

El verdugo ejecutor  fue Pedro Remón Rodríguez, quien de forma certera y letal alcanzó la cabeza del funcionario con dos disparos, mientras otros dos terroristas, lo apoyaban. Le disparó desde el auto, que se detuvo justo al lado del conducido por Félix, quien esperaba el cambio de luces en el semáforo para continuar. Como resultado de los impactos de bala, su cabeza se ladeó a la derecha, perdió el control del vehículo que conducía y este colisionó contra otro.

Los detectives que investigaron el caso, establecieron que, .Arocena y el grupo asesino se reunió en el parque ubicado en el Fruit Meat King, en la ciudad de Newark, Nueva Jersey, para evaluar el asesinato, estaban eufóricos, habían cumplido.

Por medio de una llamada a una agencia de prensa estadounidense, se reivindicó el crimen Omega-7 y se añadió que la próxima víctima sería Raúl Roa Kouri, el embajador de Cuba ante la  ONU. Se conoció, que la voz correspondía a Remón, se deslizó un dato, que validó la prioridad por el asesinato: “Nosotros no comenzamos ayer, nosotros comenzamos hace varios meses atrás con los explosivos plásticos”. Se refería al intento contra el embajador Roa Kouri.

Dos detectives de inteligencia de la Policía de Nueva York, informaron sobre el asesinato a los diplomáticos, les dijeron la hora, el lugar y la forma de la muerte. El embajador Raúl Roa, llamó al Minrex, resumió: “Ya compañeros de la Misión, se encuentran en el lugar de los hechos y acompañan al cadáver. Al parecer, Félix se dirigía a comer en la casa de la compañera Eva Valdés, una antigua residente en Nueva York, revolucionaria y miembro de la Casa de las Américas.

“El jefe de la oficina de Asuntos Cubanos del Departamento de Estado, Myles Frechette, conversó con el embajador Ramón Sánchez Parodi y le expresó su parecer de que el asesinato se trataba de un trabajo de expertos.

“Los compañeros de la Casa de las Américas, han solicitado y consultado realizar una demostración de protesta, estimo que pudiera coordinarse para que coincidiera con el avión que venga a retirar el cadáver.

“Para terminar, les informo que el Señor Ahmet, Jefe del Gabinete del Secretario General de la ONU, me llamó para expresarme su conmoción y la del Secretario General, así como sus condolencias y aseguró que este llamaría en la mañana tan pronto regresara de un viaje al exterior”.

El secretario general de la ONU, Kurt Waldheim, condenó el injustificado acto de terrorismo en el que fue asesinado el diplomático cubano. El viernes 12, sesionó la Asamblea General de la ONU, allí se escuchó un documento sobre la muerte del diplomático cubano. Su presidente, el excelentísimo Salim A. Salim, de la República de Tanzania, expresó estar consternado e indignado por el asesinato cobarde del funcionario, este acto solo puede ser condenado con términos fuertes. Añadió: “Este es otro acto hostil de los numerosos actos de terror contra los miembros de la comunidad diplomática alrededor del mundo, en violación de los estándares internacionales de conducta”. Envió al Gobierno cubano, al pueblo y a los familiares del victimado, las más sinceras condolencias.

Tras casi cinco años, comenzó el juicio, que dejó en libertad a algunos de los asesinos, Arocena, fue condenado por más de veinte delitos graves, incluido contratos con el crimen organizado y la mafia en Nueva York. El sicario Remón Rodríguez, siguió su violenta saga homicida, fue detenido en Panamá en el año 2000, cuando integró el grupo que se conjuró para asesinar al Presidente cubano Fidel Castro Ruz, cuatro años después fue indultado y se sumergió una vez más en el sórdido mundo del terror.

A 46 años del crimen, los terroristas protegidos en Estados Unidos todavía son una amenaza letal para los diplomáticos cubanos en ese país. Félix, es parte de los mártires de la diplomacia cubana que sigue amenazada.

*Redactado con partes del libro del propio autor La Diplomacia Amenazada, en edición.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: Archivo.

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