Jeff Bartos: el enviado de Trump que intentó convertir un libro sin sustento en ofensa política
Por Orestes Hernández Hernández.
Jeff Bartos, representante de Estados Unidos ante la ONU protagonizó un momento bufonesco el pasado 28 de octubre de 2026.
Mientras el canciller cubano, Bruno Rodríguez, denunciaba en el podium de la Asamblea General las consecuencias del bloqueo contra Cuba, Bartos fue captado («casualmente») leyendo un libro que intenta asumirse como un testimonio presuntamente «explosivo».
El libro que Bartos mostraba en el rankings de venta en Amazon ocupa el triste lugar 2 millones, o sea es uno de los mas bajos de la historia de la plataforma. La propia Amazon lo califica como «título con ventas muy bajas»
En Cuba diriamos que no lo compra ni «el médico chino» porque además carece de pruebas verificables más allá de la palabra de su autor, un renegado ex escolta de Fidel. En fin un bodrio.
Bartos no es un diplomático de carrera.
Es un empresario inmobiliario y abogado de Pensilvania que fue nominado por Donald Trump para el cargo de representante en ONU y cuyo perfil encaja con la lógica de la administración Trump de colocar a figuras del sector privado en puestos clave para aplicar una agenda de recortes y “eficiencia”.
De hecho, su cartera incluye el presupuesto, área donde ya se han impulsado fuertes reducciones.
En una audiencia, la congresista demócrata Dina Titus lo criticó abiertamente:
“No tenía experiencia gubernamental previa, ni diplomática, y realmente nada que lo recomendara para este rol, porque es un abogado inmobiliario”.
Pero hay mas. En su rol como embajador ante la ONU, Bartos ha protagonizado actitudes que explican su calaña moral y política.
Presionó (aunque no lo logró) para destituir a Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para los territorios palestinos.
Calificó la Conferencia Mundial contra el Racismo de 2001 (Durban) como un «fracaso absoluto» mostrando su esencia racista.
Entonces, la elección por Bartos de la escena hace unas horas no fue casual, lo hizo para intentar desviar la atención de los bofetones que el canciller le daba, pero lo hizo sobre todo para intentar desacreditar al líder a quien como dijo el embajador Ernesto Soberón mirándole a los ojos sus jefes «no pudieron derrotar».
Al mostrarse leyendo el libelo, Bartos no buscaba debatir ideas, sino proyectar una imagen de desdén hacia Fidel en un foro internacional, en el foro que temblaba cada vez que «El Caballo» hablaba.
En resumen, la escena combina a un funcionario designado por su afinidad con la agenda «barbárica» de Trump y un libro que, más que una investigación rigurosa, funciona como una pieza de provocación política.
Buscaré la manera (alguna habrá) de hacer llegar a Bartos una copia de «La Contraofensiva Estratégica» del propio Fidel para que aprenda que es ser protagonista y «cojonú», cualidades que él nunca alcanzará.
Porque imagino entonces que con esa cara de trajin de beca Bartos no entendió ni uno solo de los 130 bofetones que ayer su delegación recibió en la ONU.

