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Cuba, la AGNU y Mike

¿Quién autorizó a EEUU a sancionar a Cuba, por esto o por cualquier otra cosa? o ¿desde cuándo la DFE representa el crisol y custodio de la moralidad internacional? Un poquito de por favor no les vendría mal.

Por Favio Delfín Roca.

Octubre del 2026 cierra a todo lo alto para las buenas personas, en el sentido político del enfoque. Victoria de Lula en Brasil, victoria de La Lista Estudiantil, en Serbia, derrota electoral del infanticida Netanyahu, y derrota de EEUU en la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU), a pesar de sus frenéticos intentos de impedir que se aprobara, otra vez, una resolución que le exige levantar el cerco/bloqueo/guerra económica que le impone a Cuba.

A propósito de este último capítulo, del acostumbrado revés anual que sufre el Imperio en las NU, han surgido como era de esperar, las valoraciones comunes, en tono apurado, superficial las más de las veces, donde se compara la votación a favor de la resolución, del pasado 2025 con la de ahora, donde las personas buenas, por caso Cuba, resienten haber perdido 35 votos favorables.

Y claro, a partir de estos resultados hicieron su fiestecita los mercenarios del teclado, que pululan en el ecosistema mediático contrarrevolucionario, digitado por la mafia cubana americana del sur de la Florida; algo así como un auto consuelo que, quizás, les sirva para soportar la tremenda derrota que sufrirán sus líderes políticos, trumpistas, en el convite electoral del próximo martes 3 de noviembre, en la Desrepública Federativa Estadounidense, DFE (EEUU).

Dicho esto, bien vale una reflexión más seria sobre el mencionado acontecimiento. Lo primero es lo primero, fue una rotunda e indiscutible victoria del pueblo y del gobierno cubano. Obtener 130 votos en la AGNU donde se cuestiona a un único país, es decir EEUU, ya se ha dicho, es algo extraordinario y solo la historia aclarará con el tiempo si otra nación logra eso, en lo que ya resulta una tradición en la ONU.

Tempranamente el gobierno cubano mostró con detalles, documentos, que revelan los tremendos esfuerzos desplegados por Marco Antonio Rubio García, para imponer un rechazo mayoritario a la resolución contra el bloqueo. Puede parecer hasta absurdo tal despliegue, incluso por el desgaste en materia de influencia política que ello conlleva, porque el uso desbocado del chantaje y la presión, generalmente personalizada, termina por erosionar la credibilidad de la política exterior imperial, que ya bastantes motivos tiene para que eso suceda.

Pero Rubio García necesita mostrar algo al corto plazo; incluso que le deje algún rédito, pero normalmente a nadie, con dos milímetros de dignidad, le gusta que lo amenacen y en la primera oportunidad este tipo de voto se revierte, no se diga si además cambia el signo político o ideológico del gobierno de turno.

El mencionado signo ideológico o postura en la política internacional, usualmente se tiene como el único indicativo, para entender por qué tal o más cual país votó contra Cuba, poniéndose el ejemplo de Colombia y Argentina, abanderados de la ultra derecha en la región latinoamericana.

Sin embargo, si esto fuera mecánicamente aplicado, no se entendería porque otros de ultra derecha como Chile, Honduras y Perú, por ejemplo, se abstuvieron, que coloquialmente en este caso se traduce en algo así como “yo no me meto en esa bronca con Cuba”, más allá de las supuestas coincidencias ideológicas que sus gobernantes suelen exhibir con el dúo “dinámico” Trump/Rubio García.  

En sintonía parecida, podría decirse de algunos gobiernos del Caribe, que están en una deriva de alejamiento de Cuba, sin que sus gobernantes les importe el beneficio que, miles de sus ciudadanos han recibido durante años de los médicos cubanos, por solo mencionar un aspecto elocuente, o la entrañable amistad sustentada por historias comunes, que hermana al pueblo de Cuba con los dominicanos, Máximo Gómez como estandarte.

Un paréntesis merece otro caso, como el del gobierno de El Salvador. Seguramente se recuerda el vuelo mediático que tomó una conversación telefónica de Rubio García con el mandatario “vitalicio” de ese país. Probablemente, la filtración de que hablaron sobre Cuba, fuera idea del secretario de estado estadounidense, es algo común este tipo de operaciones de poca monta.

Al respecto, es como mínimo curioso que, si Rubio García procuró poner esta conversación de ejemplo de gestión exitosa contra Cuba, pues la realidad deja mucho que desear, porque el embajador salvadoreño simplemente se ausentó, quizás tuvo unos cólicos en el momento de la votación, y bueno, los modales diplomáticos indican que ese tipo de cosas se resuelven ausentándose del majestuoso salón donde se vota y predominan fragancias aromáticas.

Despejado este asunto de lo político ideológico, al menos en el caso de América Latina también concurren otros elementos, más mundanos, pedestres si se quiere, para entender porque gobiernos como los de Paraguay, Ecuador o Costa Rica, deciden subordinarse sin chistar, a las exigencias de Rubio García.

Aparece aquí el fenómeno de lo que significa para algunos líderes, de nula ética política, la desgracia de que los estadounidenses posean abultados expedientes delincuenciales de tales dirigentes, sobre todo de los mandatarios de los países antes mencionados. En pocas palabras, Rubio García, les debe haber recordado esta contingencia y el peligro de una desobediencia, porque provocaría que tales documentos serían ventilados públicamente y perderían el apoyo de Washington, del que no pueden prescindir.

Lo anterior no es chisme político, para denigrar a quienes se unieron al Imperio en esta difícil hora, cuando este se muestra especialmente despiadado contra los cubanos, cuando más falta hace la unidad latinoamericana, cuando debería predominar el espíritu de Bolívar (la Gran Colombia), de Eloy Alfaro (Ecuador) o de José de San Martí (Argentina).

La relación directamente proporcional entre lacayismo pro DFE y vínculos con el delito, de diferente orden, ya ha sido objeto de análisis y exposición; en todo caso los une a Trump, que de cierta forma los lidera al contar con unas 34 causas judiciales.

Brevemente véase el caso del mandatario ecuatoriano, hijo destacado del plutócrata más importante de ese país, que usa los flujos de exportación de frutas ecuatorianas, el rubro distintivo de los Noboa, para comercializar toneladas métricas de droga (usualmente cocaína sintética). Coherente con lo anterior, el Noboa presidente pasará a la historia, no solo como el más corrupto, sino el más permisivo con el despliegue del crimen organizado y también de los aparatos de seguridad y represivos, supuestamente para enfrentar lo otro, con cero resultados.

El sr. Santiago Peña no tiene mucho que envidiarle a su homólogo de Quito. El extremo es que anteriores gobiernos estadounidenses, cuestionan su virtual subordinación a Horacio Cortés, ex presidente, tenido por aquellos como uno de los bandidos “más buscados” dado sus vínculos con el contrabando, el narcotráfico y otras “flores”. Sin haber sido imputado nunca, puede imaginarse porque, dada la fragilidad del sistema judicial paraguayo, pues Peña, suele aparecer como el sospechoso habitual de algunos de los casos documentados.

A los gobernantes de Argentina y Colombia no es necesario dedicarle mucho tiempo. Con Milei se puede hacer una película de horror y misterio: escándalos de corrupción, tanto los suyos, recordar la criptomoneda famosa, como los de su entorno, incluida la hermana cogobernante, también manipulación descarada del sistema judicial y mucha, mucha represión, ante el desastre que conlleva socialmente su política económica.

Tampoco el que gobierna en Colombia requiere tanta presentación, abogado de capos de la cosa nostra continental, hasta sus demostrados vínculos con el paramilitarismo, fenómeno en sí mismo particularmente siniestro y aborrecido, además, desde una perspectiva dígase que de lealtades, pues Abelardo de la Espriella, es en definitiva ciudadano estadounidense, entonces de cierta forma EEUU votó dos veces, casi que debería anularse uno de los dos, a efectos procesales.

Para el caso de Costa Rica, donde no suelen ocurrir escándalos al estilo Milei o los de la Espriella, el voto genuflexo ordenado por la presidenta tica, Laura Fernández Delgado, puede decirse que es hasta más grave, subordinación al Imperio en “estado químicamente puro”, por gusto, si se tiene en cuenta que la mandataria de este país centroamericano no tiene, por ahora, señales conocidas de inclinarse por el irrespeto a las leyes; hay que darle seguimiento, recién comenzó a gobernar y quizás la CIA/DEA o cualquiera de esas instituciones de la DFE le conocen algo, en su momento todo se sabrá.  

Si Rubio García quiere, puede vender los resultados de la votación del pasado 28 como “un gran logro”; pero por ejemplo, en el caso del “patio trasero” solo 5 países votaron con EEUU, de los 33 estados que integran América Latina y el Caribe. Ni Doctrina Donroe, ni amenazas de castigos arancelarios, o el Escudo de las Américas, sirvieron de mucho.

Todo suena que al final hubo una especie de desproporción entre el nivel de chantaje y esfuerzos desplegados, y los magros resultados  obtenidos a la postre. Por cierto, al parecer ya hay chivos expiatorios, uno de los asesores en la guerra personal de Rubio García contra Cuba y Venezuela, el señor Jeremy Lewin, se supo que abandona el Departamento de Estado, a horas de la votación en NU.

En concreto, la resolución fue aprobada por no menos del 75% de los gobiernos que estaban representados; bajo cualquier contabilidad sigue siendo la obvia mayoría de las naciones del mundo, quienes repudian el acto genocida y cruel del bloqueo.

Por último, particular mención merece el episodio ocurrido en el propio salón de la AGNU el 27 de octubre, es decir, el día antes de la votación: el enfrentamiento virilmente encabezado por el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, y el representante de la DFE en la ONU, Mike Waltz. No solo fue preámbulo de lo que sucedería al siguiente día, sino también colofón de los esfuerzos de Rubio García por impedir la resolución.

La actuación de Waltz además de patética, fue contraproducente y algunos memes encendieron las redes y hasta se preguntaron, en qué bando estaba participando. Waltz confundió el atrio solemne del Plenario de la AGNU, con una tribuna donde solía hacer campaña electoral en la Florida, que como es conocido, mientras más sandeces se digan, más posibilidades de ser electo se tiene.

Su excelencia el  embajador Waltz,  también se trasladó en el tiempo, derrochando prepotencia imperial. Creyó que aún era comandante en el cuerpo de tropas especiales de los Green Berets (boinas verdes), de cuando participó en la agresión ilegitima a Afganistán, allí donde tanto él como otros canallas, que  la acompañaron, dejaron un saldo de no menos de 46 319 civiles asesinados, los famosos daños colaterales, término inventado en la DFE para exponer siniestramente, cifras sin rostros.

Por otro lado, haciendo un ejercicio de esquizofrenia cognitiva, respecto a tomar como ciertas la montaña de fabulas que este 27 de octubre disparó el tal Waltz, cabría una legítima pregunta, ¿quién autorizó a EEUU a sancionar a Cuba, por esto o por cualquier otra cosa? o ¿desde cuándo la DFE representa el crisol y custodio de la moralidad internacional? Un poquito de por favor no les vendría mal.

El enfrentamiento directo, a la cara, a pocos metros, de la delegación cubana con el ex comandante Mike Waltz puso en “heroica” retirada al personaje, dicen que presa de un súbito pánico y murmurando que “esto es América” en son de advertencia ridícula, mientras que otros murmullos le respondía, “¿y qué?”.

La historia de la diplomacia revolucionaria cubana es heroica, en particular en escenarios como el aquí descrito, en el propio territorio imperial. Lo sucedido este 27, recuerda mucho las tantas anécdotas que dejó en su peculiar trayectoria, el Canciller de la Dignidad, Raúl Roa, por caso en ocasión de una parecida situación en la que el representante del gobierno de Pinochet, tuvo que salir soplado cuando vio al cubano dirigirse a él vivamente, por decir tonterías del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. 

Situaciones como esa se repitieron, y otro diplomático cubano ejerció “su derecho a la réplica”, amenazado con lanzarle un cenicero a otro representante de un país latinoamericano, cuando aquel balbuceaba una ofensa contra Fidel; desde entonces se le conoce como “la diplomacia del cenicero” y el mensaje se mantiene: Que digan lo que quieran pero, ¡a Fidel no se toca!

El episodio del pasado 27 de octubre, por último, sirve para mostrar que se entiende en Cuba como continuidad en la Revolución. Y si después de esta contienda alguien tiene alguna calentura, que recuerde a los que cayeron peleando en Caracas contra los invasores, no hace todavía un año. ¡Siempre, siempre es bueno evocar esto!.

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