Pase de factura
Por Deisy Francis Mexidorc / Corresponsal jefa/Washington
Estados Unidos celebra las elecciones de medio término en un escenario de creciente tensión política, con la economía en el centro de las preocupaciones de votantes y el Congreso en la mira de republicanos y demócratas.
Pero más que una renovación de bancadas en la totalidad de la Cámara de Representantes (435 asientos) y en 35 de las 100 butacas del Senado, los comicios constituirán una prueba para el liderazgo del presidente Donald Trump y la disposición de los electores a respaldar o cuestionar el rumbo de su administración.
La contienda presenta desafíos diferentes para ambos partidos. Los republicanos necesitan defender sus posiciones en el Congreso y demostrar que las políticas impulsadas por Trump responden a las expectativas de los votantes.
Los demócratas buscan capitalizar el descontento con la situación económica y el alto costo de la vida, y convertir su oposición a la Casa Blanca en una alternativa legislativa capaz de obtener respaldo más allá de su base tradicional.
Para votantes descontentos, la guerra con Irán es una de las principales causas de sus dificultades económicas, lo cual podría pasar factura en estos comicios.
David Swanson, fundador y director ejecutivo de la organización pacifista World BEYOND War, dijo a Prensa Latina que si se analiza en detalle la principal causa de tales dificultades es el desvío de enormes sumas de dinero —que deberían ir al gasto público útil— hacia el presupuesto militar y los bolsillos de los más ricos.
Afirmó que el 3 de noviembre es probable que personas que votaron por Trump en 2024, considerándolo un supuesto “candidato de la paz”, voten ahora en contra de cualquier miembro de su formación, vista como el “partido de la guerra”. “Otros, en cambio, considerarán que el esfuerzo es inútil y optarán por abstenerse”, opinó.
La buena noticia es que la apertura hacia un nuevo enfoque podría propiciar la elección de un número sin precedentes de representantes y senadores mejores —quizás una docena—, lo que permitiría, al menos en teoría, que un bloque de legisladores progresistas ejerciera influencia durante el próximo año, comentó. Estos se enfrentarían tanto a la cúpula de su partido como a la del Trump, agregó.
Sobre las políticas migratorias de la administración, especialmente las redadas y las deportaciones, Swanson comentó que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) goza de una impopularidad aún mayor que las guerras en el extranjero.
“Quienes proponen su abolición (del ICE) o la del Departamento de Seguridad Nacional en su totalidad saldrían beneficiados por ello. De hecho, obtendrían un beneficio aún mayor si formaran parte de un partido que, plantease, de manera creíble, la posibilidad de tomar tales medidas”, señaló.
Según Swanson, “el maltrato a los inmigrantes es la única gran promesa de campaña que Trump ha cumplido; sin embargo, para aquellos votantes que realmente creyeron que maltratar a los inmigrantes mejorar sus propias vidas, el espejismo se está disipando, ya que sus condiciones de vida no ha mejorado”.
Por otro lado, muchos electores que antes no prestaban mucha atención han sido testigos de estos abusos y, en consecuencia, han pasado a oponerse a ellos, expresó al insistir que “cualquier intento de militarizar los centros de votación resultará, probablemente, muy impopular, además de intimidatorio”.
Para analistas, la verdadera dimensión de esta elección reside precisamente ahí: no solo se decidirá quién ocupará los escaños del Congreso, sino también qué margen político tendrá la Casa Blanca y qué capacidad demostrará la oposición para transformar sus críticas en una alternativa legislativa.
Tomado de Orbe / Prensa Latina

