Drogas que matan estadounidenses

Por Hedelberto López Blanch * / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

En Estados Unidos, la nación donde más se consumen drogas ya se ha hecho habitual que los narcotraficantes introduzcan en su amplio mercado los más disímiles estupefacientes.

Las cifras son espeluznantes. Datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) informaron que entre abril de 2020 y abril de 2021, murieron 100 306 personas por sobredosis, en comparación con las 78 056 registradas el año anterior.

Primeramente las autoridades creyeron que se relacionaba con fentinilo, un opioide sintético, pero al continuar las investigaciones médicas detectaron otra sustancia a la que calificaron de muy peligrosa.

Se trata de un derivado del fármaco analgésico isotonitazeno, conocido comúnmente como “iso”, cuya composición química, la velocidad con la que cambia y el deseo de los consumidores de conseguirlas es muy rápido, indican los especialistas.

La situación se hace más aterradora porque la naloxona, medicamento de emergencia que ayuda a reducir las muertes por sobredosis, ha sido poco o nada efectivo frente al isotonitazeno. 

Las estadísticas indican que los fallecimientos por uso de drogas en Estados Unidos han superado a las producidas por armas (que son igualmente numerosas) y accidentes automovilísticos.

Chris Rocco, alguacil de Pasco, en Florida, advirtió a la población sobre un nuevo opioide sintético «muy peligroso» que está circulando en las calles y que es «20 veces más potente que el fentanilo».

Este opioide es un polvo blanquecino que permite diluirlo con otras drogas y comercializarse en forma de pastillas. Puede ser absorbido por el cuerpo mediante el contacto con la piel, ingestión o inhalación y llevar a una sobredosis mortal en solo minutos, incluso con pequeñas cantidades. Sus síntomas son graves y aparecen rápidamente tras el contacto. Incluyen cianosis en uñas y labios, dificultad para respirar, pérdida del conocimiento, vómito y somnolencia.

Los mayores aumentos de fallecimientos por sobredosis han ocurrido en Vermont (70 %); West Virginia (62%): Kentucky (55); Nueva York (52); Miami (45 %).

Desde hace varios meses, la  Comisión para Combatir el Tráfico de Opioides Sintéticos (CCTOS) en este país, ha advertido que el consumo de esa droga (utilizada para calmar cualquier tipo de dolores y que es adictiva) está provocando cifras récord de muertes por sobredosis.

En ese lucrativo negocio también están envueltas numerosas compañías farmacéuticas en Estados Unidos las cuales no perciben la venta de medicamentos como una forma de solucionar los problemas que padecen los enfermos sino como una industria que aumenta constantemente el capital de sus dueños y de altos funcionarios. 

Esas empresas durante décadas han expandido sus tentáculos por hospitales y centros médicos del país al seducir al personal sanitario con jugosos regalos y sumas monetarias a cambio de que éstos receten sus medicamentos y se conviertan en embajadores de sus marcas.

El último informe de la CCTOS indica que «En términos de pérdida de vidas y daños a la economía, los opioides sintéticos ilícitos tienen el efecto de un arma de destrucción masiva en cámara lenta, en forma de píldora».

Como es conocido, desde hace muchas décadas, la marihuana y la cocaína han proliferado por Estados Unidos, consumida por adultos, jóvenes y hasta menores de edad; después le siguieron la heroína y los opioides, y ahora en ese profuso mercado muy difícil de controlar, se han impuesto otras más peligrosas.

Entre las razones fundamentales de los actos de violencia y asesinatos masivos con armas de fuego ocurridas en escuelas, supermercados, iglesias y lugares de recreación aparecen dos cuestiones principales: la tenencia indiscriminada de armas por parte de la población y la expansión del consumo de drogas entre jóvenes y adultos.  

Uno de los medicamentos opioides, vendido como analgésico y que ha causado una crisis nacional de adicción fue el OxyContin. Las investigaciones, según el The New York Times, arrojaron que el fármaco se estaba comercializando en el mercado negro, así como a través de 120 médicos que lo prescribían ilegalmente

La proliferación de nuevas y letales drogas por todo el territorio estadounidense no solo mata a sus habitantes sino también a su sistema cada vez más decadente.

 

(*)  Periodista cubano. Escribe para el diario Juventud Rebelde y el semanario Opciones. Es el autor de «La Emigración cubana en Estados Unidos”, «Historias Secretas de Médicos Cubanos en África» y «Miami, dinero sucio», entre otros.

Imagen de portada: Adán Iglesias Toledo para Resumen Latinoamericano.

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