Cuba: Educar por los sueños

Por Dailenis Guerra Pérez * / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

 

La familia de Roli sufrió mucho cuando los especialistas determinaron que tenía trastorno del desarrollo intelectual. Inconformes, habían visitado prestigiosos centros médicos del país en busca de alivio;  sin embargo, aquel diagnóstico la apuñalaba una y otra vez.

Era también evidente: Después de 4 años sus padres descubrieron que no jugaba como los demás niños; no montaba en su bicicleta nueva, ni corría detrás de las aves del patio. Tampoco pudo pronunciar palabra alguna y se escondía temeroso de todos.

Entonces les tocó a la puerta  la resignación. Se decía que las escuelas de Educación Especial eran muy buenas; que aprendían mucho y podía llegar a ser casi un niño como los otros. Pero para los González Zamora,  fue muy duro. Parecía que el pequeño no iba a poder hablar, tampoco a escribir.

El primer día que visitó la escuela, Roli sujetaba la temblorosa mano de su madre. Había en el centro un ambiente armonioso pero a simple vista descollaba disciplina. Estaban todos en sus asuntos: los niños en las aulas recibiendo lecciones, las tías limpiaban las áreas aledañas y se sentía el aroma que desprendía la cocina. 

Por un pasillo lateral se observaba al fondo la oficina del director. Es un veterano de la educación, canoso por «el polvo de tiza» y con un carisma envidiable. Usa siempre camisas y exagerados lentes y se llama Miguel. Es un director atento y sensible. Los niños lo quieren como a un padre; y él se deja amasar por todos a la vez. Si los resultados de la escuela son favorables se debe en gran medida a su amor y ahínco.

Para mostrarle la escuela los llevó al área de juegos, debajo de los arbustos, donde se encuentra la exposición de reconocimientos. Están al aire libre, porque los logros que atesoran ha sido gracias al empeño de todos y todas.

«A veces los niños y niñas se acercan y se reconocen en las fotos de los diarios. Aquí tratamos de no solo educarlos como el resto de las escuelas, sino intentamos  prepararlos para la vida adulta e independiente; fomentamos valores en ellos», dijo Miguel Acosta y las manos de la madre temblaron menos.

El recorrido no fue muy largo. La estructura de la escuela es de mampostería y  canalón.  Cuenta con 10 aulas con doble sesión donde se imparten clases desde Preescolar hasta noveno grado, una biblioteca, un laboratorio de computación, 9 talleres, cátedra de Educación Física y de Educación plástica y musical, local para dirección, subdirección docente y laboral, para los jefes de ciclos, administración y fuerza de trabajo, para los logopedas  y psicopedagogía.

Roli fue ubicado en el aula de preescolar. Lleva un mes en la escuela. Se ha adaptado muy bien. Hay 4 niños más: 3 varones y una niña alegre y confianzuda. Aprenden lentamente, pero la maestra tiene como primer nombre: paciencia.

Renier Mendoza Núñez, es el instructor de arte que imparte educación artística. Sabe que Roli no habla, pero tiene oído fino y es bueno con el bongó. Decidió unirlo al proyecto Ismaelillo, una iniciativa que busca elevar al máximo las potencialidades artísticas de los infantes. Para él, trabajar en esa enseñanza ha sido un reto personal y profesional.

Ha tenido que aprender mucho del trabajo con esos niños que son indudablemente especiales.

«Cuando los sumamos al proyecto, lo hacemos sobre la base de un diagnóstico para saber no solo su inclinación hacia una manifestación específica, sino el conocimiento pleno de su afectación, eso nos permite llevarlos al máximo de sus potencialidades. Para eso hemos contado con el apoyo incondicional de la escuela y la dirección municipal de educación«, dice.

«Se requiere paciencia, dedicación, amor por lo que se hace, pero cada actuación es una alegría infinita, una gran satisfacción. Cuando los vemos cantar, actuar, escribir o dibujar, sabemos que todo el trabajo ha valido la pena», apuntó el joven.

Miguel ha influido mucho en la formación integral de los estudiantes. «Realmente nosotros llevamos varios proyectos institucionales y en ese proceso es vital la colaboración de los instructores de arte. En nuestra enseñanza hay un principio, que es la unidad entre lo cognitivo y lo afectivo, por lo que este tipo de actividades despiertan en ellos una gran motivación. El proyecto Ismaelillo, que es algo más específico, más direccionado, contribuye al logro de ese objetivo».

Desea como buen guía que los niños y niñas encuentren en la sociedad un lugar de intercambio, que se sientan incluidos y no rechazados. «El fin de nuestra enseñanza es lograr su máximo desarrollo posible y su plena inserción en la sociedad. El arte también contribuye a ese proceso. Queremos niños con una amplia cultura, preparados para la vida, que puedan demostrar esas capacidades en cualquier lugar donde se encuentren.»

La familia de Roli no está sola. Una de las particularidades de esta escuela especial es el vínculo y acompañamiento familiar, labor que desempeñan  los psicopedagogos. «Conocemos cada detalle de su convivencia, de su educación familiar, de las manifestaciones conductuales, y tratamos de brindar una atención diferenciada atendiendo a las necesidades individuales de cada alumno. Estudiar su comportamiento y potencialidades individuales nos ha dado resultados en hacer más efectivo y ágil su educación integral», manifiesta la psicóloga Madaly Álvarez Fernández.

La escuela de Educación Especial «13 de Marzo» se encuentra en las afueras del municipio Jobabo, en la provincia Las Tunas. Un chofer puntual recoge diariamente a estudiantes y docentes. Es un centro de impacto dentro de la comunidad, que se mantiene en estrecho vínculo con la institución.

Hace solo unos días recibió en manos de Vladimir Sauri Bermúdez, Vicecoordinador Nacional de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), el Premio del Barrio, la más alta condecoración otorgada por la organización de la familia cubana.

Miguel Acosta Acosta, al recibir el galardón, destacó que cada logro de la escuela ha sido precisamente gracias al vínculo con la familia y la comunidad en diferentes proyectos socio educativos.

«Nuestro centro se honra con tan digno reconocimiento, con solo saber que el primero de estos premios se le otorgó a nuestro Comandante y que en este año se le entregó a los científicos cubanos que descubrieron los candidatos vacunales para contrarrestar la Covid-19 ya es suficiente para sentirnos profundamente comprometidos de seguir esta obra de infinito amor…», expresó.

La institución educativa ha obtenido resultados destacados en el logro del máximo desarrollo integral de las personas con necesidades educativas especiales. Se enfoca en prepararlos para la vida cotidiana, adulta e independiente;  para su inserción en la vida socio-laboral y en la formación de valores que les permita cumplir con el fin y objetivo de esta enseñanza.

Los trabajadores de la escuela han mantenido una activa participación en tareas vinculadas a la prevención de la Covid-19 y la producción de alimentos. Ha sido en varias oportunidades la sede de actos de inicio, fin de curso y del día del educador. Ha ganado también la emulación especial por el 26 de julio a nivel provincial y municipal y se mantiene como centro integral en su territorio.

La escuela ostenta el mérito de ser la única del municipio a la que se le ha otorgado el Escudo de la ciudad de Jobabo. Por su empeño, ha sido declarada de referencia en la Agricultura Urbana y ha merecido  reconocimientos por el papel destacado como micro-universidad.

Esta institución educativa ha obtenido logros que la ubican en posición destacada en la provincia y con indicadores de referencia a nivel de país por el accionar de directivos, docentes, estudiantes, trabajadores de apoyo a la docencia y la familia. Posee la más alta condecoración que otorga la Organización de Pioneros José Martí: ‘’Los Zapaticos de Rosa«,  el escudo que entrega el sector de la cultura y ha sido reconocida en varias ocasiones como la escuela más integral en la educación Especial de la provincia Las Tunas.

Hoy la familia de Roli está más entusiasmada. Se llena de esperanza al ver cómo otros niños  y niñas logran incorporarse a la vida social. Es lógico, quien no conoce lo que en esta escuela tan especial se hace, si no lo vive y lo ve no se imagina siquiera cómo aprenden a comunicarse, a relacionarse, a ser responsables, cómo se desenvuelven en un oficio, que ellos mismos escogen, sea cual sea su disfuncionalidad cognitiva, porque el colectivo es motivador de sueños.

La educación especial en Cuba arribó en este enero a su aniversario 60. Ha constituido uno de los proyectos más nobles y sensibles impulsados por la Revolución Cubana. 

Datos publicados por el Ministerio de Educación en su web señalan que de ocho escuelas que en el año 1959 atendían con 20 educadores a 134 niños y niñas con necesidades especiales, la nación cuenta en la actualidad con 357 escuelas, con 35.607 educandos y 15.278 docentes.

 

(*) Periodista cubana.

Fotos: Yaidel Miguel Rodríguez Castro.

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