Che: La sensibilidad tras el mito

Mucho se habla del guerrillero, internacionalista y revolucionario ferviente que fue el Che. Su imagen es de las más difundidas en múltiples soportes. Pero, ¿qué sabemos del hombre y de su proceso de crecimiento tras del mito?

Este 2022 se conmemoran 55 años del asesinato de Ernesto Guevara de la Serna, un ser humano que, al partir de este mundo, dejó inculcada en no pocos su fe en el hombre nuevo. Precisamente, ese interés por conocer el papel del hombre en la sociedad lo desarrolló desde muy temprano.

A los 15 años, el entonces adolescente elaboró un índice de obras por leer, donde la mayoría eran autores clásicos de la Filosofía. Dos años después, ya había comenzado un diccionario filosófico, que incluía conceptos esenciales sobre la sociedad y el pensamiento de teóricos que clasifican desde aquellos tiempos como pilares de su ideología: Marx y Lenin.

El despertar de la conciencia revolucionaria en el Che se fue dando de a poco. Según la Doctora en Ciencias Históricas María del Carmen Ariet, coordinadora académica del Centro de Estudios Che Guevara, en ello influyó, en primera instancia, un viaje que realizara en su temprana juventud a las provincias al norte de Argentina, donde tradicionalmente habitan las poblaciones de menos recursos. 

Más tarde, cuando emprendió el viaje por América Latina acompañado por su amigo Alberto Granados, estaba en un proceso de búsqueda de un pueblo al que nunca abandonó. Anhelaba justicia social, quizás sin ser todavía plenamente consciente de ello.

En América conoció el proceso desarrollado por el gobierno boliviano y lo catalogó como movimiento nacionalista. La revolución “verdaderamente auténtica” la encontraría en Guatemala, donde apreció las reformas del gobierno de Jacobo Árbenz.

Sentir el impulso de esos procesos políticos y palpar en carne propia la humillación a la que se sometía la población indígena y de pocos recursos del continente (estrangulada por la bota yanqui) hizo que el Che radicalizara su pensamiento y se comprometiera a hacer la revolución, según escribió en cartas de la época.

El impulso decisivo de ese compromiso vendría tras el encuentro en México con Fidel Castro y los futuros expedicionarios del Granma, con los cuales se adentró en la lucha por la liberación de Cuba. Luego obraría de guerrillero, Comandante y líder de la que llegó a ser, quizás, la revolución más inspiradora de América Latina.

El Che comunista que escribió Guerra de Guerrillas, Pasajes de la Guerra Revolucionaria y luego cayó en Bolivia no fue “un revolucionario improvisado”. Su pensamiento resultó consecuencia directa de sus vivencias.

Al respecto, la Doctora María del Carmen Ariet explica que tenía un interés permanente en demostrar en la práctica la teoría que le proporcionaban las obras filosóficas y, cuando debía formular un concepto, idea o estrategia sobre el socialismo, recurría a los textos de Carlos Marx. Había en él una necesidad de equilibrio entre ambos aspectos.

El Che y el arte
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“Todo revolucionario tiene alma de artista”, se dice en el documental A través de la luz. Y el Che fue un poco de eso.

Si el interés por leer viene desde pequeño, el de escribir también. Poemas, crónicas y diarios fueron los textos más comunes de un estilo literario que se fue enriqueciendo con el paso de los años.

Desde niño escribió cartas a sus familiares más cercanos y en sus tiempos de estudiante redactaba artículos sobre fútbol rugby en una revista llamada Tackle. 

Tras su recorrido por América Latina afianzó la costumbre de escribir diarios de viajes, donde apuntaba con especial sensibilidad lo que veía a su paso por cada recodo del continente.

“Lo que una vez fue diario de viaje se fue convirtiendo en diario de guerra después del desembarco del Granma”, comenta Ariet, quien reconoce que la costumbre de documentar sus vivencias ofrece un material muy valioso a los investigadores de estos tiempos para comprender en toda su magnitud al hombre que fue Guevara.

Además de los cuadernos de apuntes, era común verlo con una cámara fotográfica a cuestas. Y no retrataba sin conocimiento. Tenía en cuenta criterios como la composición y el encuadre. Incluso, se ganó la vida en México como fotógrafo. Allí la Agencia Latina le propuso cubrir los IV Juegos Panamericanos.

La fotografía, a la que seguría ligado después del triunfo de la Revolución cubana y para siempre, lo vinculó al periodismo, que también ejerció.

Para el excelente cronista que fue el Che, la comunicación con el pueblo era un factor de vital importancia. Por ello, fundó en la Sierra Maestra el periódico El cubano libre, continuador simbólico del diario del mismo nombre que creó Carlos Manuel de Céspedes durante las luchas anticoloniales.

Tras el triunfo de la Revolución fundó la agencia Prensa Latina y la revista Verde Olivo, siguiendo la máxima de contar la verdad del proceso revolucionario al mundo. 

Tanto en la escritura como en la fotografía plasmó realidades que solían pasar desapercibidas. 

 

Fiel a sus convicciones

La pluralidad de actividades que desarrolló el Che en su existencia, desde las plasmadas en este texto hasta la economía y la política, fueron un medio de expresión de sus convicciones, que se manifestaban también en su vida personal. 

A la justicia social y la libertad de los pueblos dedicó todos sus esfuerzos. Y renunció a cualquier tipo de beneficios para lograrlas. Esas son también las esencias tras la sensibilidad y el mito del guerrillero heroico.

 

Tomado de Cubadebate/ Foto de portada: ALAI.

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