Clima y catástrofe mundial

Por Luis Britto García.

El hombre depende del clima; hasta ahora, el clima no había dependido del hombre. Sólo en los últimos dos siglos se considera la posibilidad de que las actividades humanas alteren los masivos fenómenos meteorológicos. Ya en 1826, el físico y químico Svante August Arrhenius afirmó que “los combustibles fósiles podrían dar lugar o acelerar el calentamiento de la Tierra entre uno o dos grados centígrados, entre dos y tres mil años” (José de Jesús Terrada Maury, (http://infoposta.com.ar/notas/12215/el-indignante-comit%C3%A9-del-instituto-karolinska/ 16 enero 2022).

Según observadores contemporáneos, el proceso parecería haberse acelerado. La Cumbre del Clima del 2021 en Glasgow fijó una meta de “cero emisiones de C02 para 2050” para evitar la catástrofe mundial. Sobre ello apunta Noam Chomsky que: “El trabajo científico actual conjetura que si no se alcanza el objetivo de cero emisiones netas de carbono para el 2050, se pondrán en marcha procesos irreversibles que probablemente conducirán a un fenómeno de ´Tierra de invernadero´, alcanzándose entonces temperaturas globales impensables de 4 a 5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales, poniendo con ello fin a cualquier forma de sociedad humana organizada” (www.marxismoycolapso.com/debates..)

Las opiniones sobre la conjetura no son unánimes. Más de mil 200 científicos y profesionales del “Grupo de Inteligencia Climática Mundial (Clintel) han suscrito una Declaración Mundial sobre el Clima (WCD), según la cual “No hay ninguna emergencia climática. Por tanto, no hay motivos para el pánico y la alarma. Nos oponemos firmemente a la política de CO2 neto, perjudicial y poco realista, propuesta para 2050”. (http://infoposta.com.ar/notas/12626/la-emergencia-clim%C3%A1tica-otro-enga%C3%B1o-con-intenciones-de-control/).

El manifiesto coincide con las ideas expuestas en 2009 por el profesor Robert M. Carter, investigador de la Universidad James Cook en Queensland y la Universidad de Adelaide, South Australia:

1) La Temperatura Promedio Global no se ha incrementado desde 1995, y más bien declinó desde 2002, pese a un incremento de CO2 de 8%.

2) El incremento de Temperatura Promedio Global de 1 a 2 grados de fines del siglo XX está dentro de las tasas de cambio climático de los últimos 10 mil años.

3) No hay evidencia de que no hubiera cambios climáticos antes del siglo XX, ni de que los cambios climáticos en éste sean inusuales, ni de que exista un calentamiento de origen humano.

4) Los computadores basados en modelos empíricos no predicen calentamiento, sino enfriamiento global.

5) Los ecosistemas se han adaptado a cambios de temperatura de 2° centígrados desde tiempos inmemoriales.

6) Los únicos efectos detectados del CO2 son los de fertilizante para las cosechas, especialmente las de cereales, y de estímulo de la transpiración y evaporación.

7) Más del 50% del incremento de 0,8° en el Promedio de Temperatura Global durante el siglo XX puede ser atribuido a cambios en la radiación solar.

8) Las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida no se están derritiendo, sino enfriando y creciendo.

9) El nivel del mar sólo se elevó entre 1 y 2 milímetros por año en los últimos 150 años, y no hay pruebas de que ello se deba a la acción humana.

10) Los meteorólogos expertos coinciden en que no ha habido un aumento de tormentas que exceda la variación natural del sistema climático (https://www.globalresearch.ca/copenhagen-and-global-warming-ten-facts-and-ten-myths-on-climate-change/16467).

De lo anterior se siguen inevitables conclusiones. Desde sus orígenes la tierra ha presentado cambios de clima, por variaciones de la órbita o del eje terráqueos, de la dirección de las corrientes marinas y eólicas, de la intensidad de la radiación solar y del bloqueo de ésta por erupciones volcánicas o choques de meteoritos generadores de nubes de polvo de alcance planetario.

Sólo el incremento de temperaturas registrado a partir del siglo pasado parecería tener una causa antropogénica, originada por la actividad humana, aunque esta relación todavía es ampliamente debatida.

De ser plenamente demostrada esta hipótesis, ella probaría que los principales causantes de la alteración climática son los llamados países desarrollados, los cuales, con su desarrollo industrial y su desenfrenado consumo de energía fósil serían los causantes de los llamados gases “de efecto invernadero”, que impedirían el escape de la radiación calórica de onda larga hacia el espacio exterior.

Dentro de los países desarrollados, los principales causantes de los llamados gases “de efecto invernadero” son las clases dominantes, con su desmedido consumo y desecho de vehículos individuales, de viajes marítimos y aéreos, de todo tipo de bienes contaminantes de rápida obsolescencia, de calefacción y aire acondicionado artificiales, de carne que a su vez requiere el consumo de inmensas cantidades de vegetales y la devastación de bosques, selvas y acuíferos.

Siendo así que las “energías renovables” suplen apenas un 20% del consumo energético mundial, no parece realista la meta de una economía global con “cero emisiones de CO2” para el año 2050. La habilitación de energías renovables tales como la hidroeléctrica, la eólica, la geotérmica o la fotovoltaica para cubrir el 100% de la demanda mundial requerirá una generalizada, intensiva y prolongada inversión de energía fósil.

Ya que la finalidad del capitalismo es el máximo beneficio en el menor tiempo a costa de cualesquiera otras variables, no parece probable que los grandes capitales renuncien sin más a una economía del consumismo, el derroche, el desecho, la obsolescencia planeada, la contaminación y la fabricación y venta de superfluidades, para organizar otra de austeridad, reciclaje, sustentabilidad, ecología y satisfacción de necesidades primordiales en las cinco décadas que durarán las reservas de energía fósil a las tasas actuales de consumo.

Sólo economías socialistas planificadas, internacionalmente coordinadas y solidarias, podrán regir el paso de una economía del lucro y el derroche a otra de la satisfacción de las necesidades esenciales de la humanidad que evite un colapso civilizatorio total hacia fines del presente siglo. Las recientes catástrofes del huracán Ian en el Caribe, el deslave de las Tejerías, nos invitan a meditar sobre el clima, investigar las causas que lo modifican, prevenir sus efectos.

Foto de portada: Darryl Dyck.

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